Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

“Nadie es culpable, El Perro murió haciendo lo que más amaba”

Uno de los emblemas de la lucha mexicana ha contestado a las preguntas de los lectores

El Hijo del Santo en la redacción de EL PAÍS en México. SAÚL RUIZ

El Hijo de El Santo ha llegado este miércoles a la redacción de El País en México a bordo de un descapotable blanco. El fin de semana pasado había muerto sobre el ring un luchador del que fue padrino de comunión, el Hijo del Perro Aguayo, por un mal golpe sobre la lona. Los lectores que querían saber qué opinaba sobre este desgraciado suceso le hicieron llegar una catarata de preguntas a través del chat digital. “Nadie es culpable, el Perro se fue haciendo lo que más amaba hacer, que era lucha. La vida a veces es inexplicable”, se explayó.

Antes de comenzar la charla, el heredero del mítico luchador El Santo, una leyenda de la lucha libre mexicana de los años sesenta, estuvo revisando los vídeos en los que se observan los tres golpes que recibió el muchacho de 35 años antes de caer desplomado contra las cuerdas, inmerso en una conmoción de la que ya no se recuperaría: tenía el cuello roto. “Mira ahí, ese primer golpe que recibe lo encaja mal. Ya se ve que está tocado. Cuando lo lanzan fuera del ring, ya no debería haber vuelto. Pero el instinto le hace regresar. Esta patada que recibe de Rey Mysterio es la definitiva pero es un cúmulo de circustancias”, narró mientras pasaban las imágenes.

El Hijo señaló que el golpe más duro que había recibido en el cuadrilátero tuvo lugar en Ciudad Juárez. Aún le duele solo de recordarlo. Una dolencia de espalda lo mantiene parcialmente retirado y, aunque le cueste reconocerlo, el final está cerca: “Tengo que escuchar y cuidar mi cuerpo antes de tomar una decisión”. Una lectora que insinuaba que la lucha era simulada le provocó una mueca de desagrado: “Si la lucha fuera simulada y los golpes fingidos, jamás hubiera sucedido este accidente. Esto demuestra, lamentablemente, que lo que hacemos en el ring es real”. En ocasiones comparó el arrojo que se necesita para luchar en la arena con el del torero que se planta frente a morlaco de 500 kilos.

La hora en compañía de El Santo ha dado para todo tipo de anécdotas. Desde el día que le suplantaron en una pelea en Guatemala porque no quisieron pagarle a él, el original, lo que reclamaba hasta el cambio de parecer de los porteros de una discoteca de Acapulco, que lo despreciaban cuando iba sin máscara y, en cambio, le abrían las puertas y le pedían autógrafos cuando iba con ella. Que es del Real Madrid y del América, y no se avergüenza de ello.

¿El legado de El Santo acabará cuando él se retire? En principio no. Uno de sus hijos, un joven de 18 años que todavía está estudiando la secundaria, está llamado a perpetuar el brillo de la máscara plateada en los rings mexicanos. “Su preparación va excelente. Quiero que madure más para debutarlo y también le he dicho que primero está la escuela”, dijo. Acabado el tiempo, dejó escrito un mensaje de despedida: “Reitero mi tristeza por el muerte del Perro, sobre todo porque tenía una vida por delante pero en el cielo se requieren ángeles jóvenes. Él era uno de ellos”