El modelo finlandés
Javier Melgarejo, reconocido psicólogo escolar, desmenuzaba las razones por las que los finlandeses representan un modelo en materia de educación. Entre ellas, los padres se responsabilizan plenamente de la educación de sus hijos por encima, incluso, de la propia escuela; los niños no acuden a la guardería hasta los cuatro o cinco años y antes de los siete no empiezan el colegio; el 92% termina sus estudios obligatorios; desde preescolar hasta la universidad la educación es gratuita incluyendo clases, comedor, libros y material escolar; las familias cuentan con ayudas oficiales para poder compaginar trabajo y tiempo libre para sus hijos; se requiere un mínimo de 9 sobre 10 en los promedios de bachillerato y selectividad para acceder a una plaza de maestro y esta profesión, aparte de un orgullo, es la más valorada en Finlandia. Muchos en España se muestran partidarios de copiar modelos. En este caso, queda claro que es imposible hacerlo. Porque no se trata de copiar, sino de ser. Y, tristemente, en este país, no somos. Ni siquiera nos parecemos. Sencillamente, no reunimos ni una mínima parte de los mimbres necesarios. Resignémonos, de momento, y sospecho que por mucho tiempo, con el trampantojo que somos y la gris condición del estrambote.— Emilio Castelló Barreneche.


























































