EDITORIAL

Internet a dos velocidades

Estados Unidos ha dado el primer paso para que haya en la red servicios de distinta calidad

Todas las empresas son iguales ante internet. Todos los servicios pueden acceder a internet, y en las mismas condiciones. La no discriminación, la igualdad ante la red es un principio consagrado desde su nacimiento en la vía de comunicación que ha cambiado radicalmente el mundo en el último cuarto de siglo.

El organismo regulador de las comunicaciones de Estados Unidos (FCC) abrió la puerta el jueves pasado al cambio de esa regla universal, no escrita, para que las telefónicas puedan ofrecer un tratamiento diferente según el precio. Es el Internet de dos velocidades.

Solo el anuncio del cambio —aún se tiene que publicar y luego se abrirá un periodo de consultas— ha levantado un ardiente debate en Estados Unidos (y convendría que se levantara también en Europa) entre partidarios y detractores.

Al margen de lo que opinen las asociaciones de consumidores, observadores de una realidad que les acabará afectando en mayor o menor medida, este es un contencioso entre intereses económicos igual de gigantescos. Hasta ahora había ganado el lobby del software de internet (simbolizado en Facebook, Google, Twitter, Yahoo...) que necesita masa crítica para extender más sus productos gratuitos (e insertar más publicidad); pero el paso dado repentinamente por el regulador de las comunicaciones de Estados Unidos (FCC), empujado por una sentencia judicial, favorece a las operadoras de telecomunicaciones, pues les abre la puerta a que puedan ofrecer servicios extras en internet. En ningún caso eso significará, legalmente, el bloqueo de servicios ni su ralentización, aunque hay que ser muy ingenuos para no sospechar que tarde o temprano habrá abusos. ¿Cómo no culpar de una mala conexión del gratuito Skype (ya de por sí deficiente en muchas ocasiones) a que nuestra operadora le ralentiza el servicio?

Para las pequeñas empresas de servicios a través de Internet es una mala noticia, pues las diferentes velocidades dañan sin duda a las que tengan menos poder económico frente a las ya consolidadas, que siempre podrán garantizarse una conexión sin altibajos.

El consumidor ya sufre desde hace tiempo un Internet no a dos, sino a muchas velocidades. La llegada de las conexiones 4G en los móviles, el ADSL y la fibra óptica en las casas la han obligado a elegir entre diferentes tarifas.

La creciente complejidad de las comunicaciones por Internet, tanto en calidad (la mayor parte del tráfico es vídeo) como en cantidad (más de 8.000 millones de internautas en 2025) obligan a una continua inversión en infraestructuras que las operadoras no construirán si no contemplan garantías de un retorno económico.

La FCC ha abierto la puerta a que se cobre por esas conexiones premium, pero con ello también se abre la posibilidad de que la llamada autopista de la información se convierta en autopista (de peaje) de la información.

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