COLUMNA

Deuda injusta

En las dictaduras militares te callan la boca y te aplican la picana. En las económicas te dejan hablar, pero te despluman como nos están desplumando a usted y a mí

Ahora mismo nos hacen los presupuestos en Alemania y la ropa en China. La ropa nos cae bien, pero los presupuestos nos sientan como un tiro porque están pensados para el bienestar de los alemanes, no para el nuestro. Viene a ser como si Zara llenara sus tiendas españolas de chilabas, que aquí no se llevan. Nos daría igual que los presupuestos nos los hiciera Merkel si ella pusiera también la pasta. Pero la pasta la ponemos nosotros, que estamos hasta aquí de impuestos directos e indirectos. Es como si el vecino nos dijera en qué debemos gastar o en qué no debemos gastar. Y no nos vengan con el rollo de que el vecino ordena nuestras vidas porque se le debe un dinero. Sabía cuando lo prestó, a quien se lo prestara, que no se le podría devolver. Eso, en Derecho, recibe el nombre de deuda injusta; lejos de saldarla, debe llevar al acreedor a la cárcel. Pero todavía estamos esperando que los hijos de perra que nos condujeron a la ruina con sus prácticas financieras fraudulentas sean juzgados, cosa improbable si pensamos que del mismo modo que nos hacen la ropa en China y los presupuestos en Alemania, Ruiz Gallardón pretende que la justicia nos la hagan en Corea, donde las sentencias se redactan a precio de risa y sin el estorbo de los abogados de oficio, que no existen.

Nos pasamos el día preguntándonos si Cataluña es España, cuando a la Constitución española le están cortando las mangas en Bélgica y las normas antitabaco, por no hablar de la legislación laboral, nos las dicta un tal Adelson, que viene de Las Vegas y es un presunto gánster de cuidado. La pregunta debería ser si España es España. En las dictaduras militares te callan la boca y te aplican la picana. En las económicas te dejan hablar (a menos que se te ocurra hacerlo cerca del Congreso), pero te despluman como nos están desplumando a usted y a mí.

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