EDITORIAL

Una oportunidad perdida

La entrevista de Rajoy no consiguió fortalecer la confianza ni clarificar el plan de gestión de la crisis

Si el objetivo del presidente del Gobierno era fortalecer la confianza en el Ejecutivo y aclarar dónde estamos, sus explicaciones del lunes por la noche en TVE resultaron claramente insuficientes. Mariano Rajoy falló en lo más elemental: conectar su discurso sobre la reducción del déficit público con la imperiosa necesidad de crear empleo. Todo está abierto y nada decidido. Decir que los pensionistas serán tratados lo mejor posible resulta ambiguo en quien ha tomado tantas decisiones que le disgustan.

La reducción del déficit es la madre de todos los objetivos y lo demás le parece a Rajoy “algarabía” o “líos”.  Ante más de tres millones de espectadores habló de Europa como si España fuera un invitado, en vez de uno de los principales socios. Es poco tranquilizador que Rajoy no se vea como un dirigente europeo o, al menos, no pretenda demostrarlo. Nada que ver con el discurso de Mario Monti, cuando afirma que “el Gobierno de Italia ya se hace en gran parte en Bruselas, con una activa participación italiana”. Rajoy se empeña en mostrarse como un líder a la espera de decisiones ajenas, como si Europa fuera cosa distinta —y por tanto la responsabilidad fuera de otros—, de la que solo cabe saber qué nos ofrece y ya se les contestará, como explicó respecto al eventual rescate de la economía española.

La apuesta se limita a capear el temporal. Por lo demás, el sentimentalismo mostrado hacia su tierra gallega y la confianza en que los votantes respaldarán al PP aportan un elemento preelectoral a la intervención. La primera entrevista del jefe del Ejecutivo en TVE deja una clara sensación de oportunidad perdida, porque se puede gobernar con ideas muy sencillas, pero el salto en el vacío del jefe del Gobierno es demasiado grande. Una nueva frustración, en suma, de la que nadie puede alegrarse en un país que ya no puede soportar muchas más.

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