EDITORIAL

Rumanía retrocede

El primer ministro está dando pasos antidemocráticos contra las instituciones

Tras el retroceso de la democracia en Hungría, es Rumanía la que está dando unos inaceptables pasos atrás. La pugna entre el presidente, el conservador Traian Basescu, y el nuevo primer ministro desde mayo, el socialdemócrata Victor Ponta, puede arrastrar al sistema político rumano hacia un abismo desconocido desde la caída de la dictadura comunista de Ceaucescu en 1989. Las alarmas han comenzado a sonar en Bruselas, París, Berlín e incluso Washington. La UE debe hacer algo para evitar un dislate.

Ponta, al frente de una coalición de socialistas y liberales a la que se unieron tránsfugas de la derecha, es el tercer jefe del Gobierno este año en un país que ha realizado uno de los mayores ajustes económicos en la UE. La lucha de poder de Ponta contra el jefe del Estado y el Tribunal Constitucional no parece tener cuartel. El primer ministro ha intentado cambiar las reglas de juego, forzando el nombramiento de nuevos presidentes del Congreso y del Senado y otro Defensor del Pueblo, e intentando manipular la elección de los jueces del Constitucional. Ponta se propone poner en marcha hoy en el Parlamento el proceso de destitución del presidente previsto en la Constitución, con la convocatoria de un referéndum en menos de 30 días. Le bastaría, según otro cambio impuesto por él y sus aliados, una mayoría simple de los votantes, y no del censo como hasta ahora.

El primer ministro tiene además un perfil turbio. La acusación, en un artículo de la revista Nature, de que Ponta había plagiado partes extensas de su tesis doctoral fue ratificada por la Comisión de Ética del Ministerio de Educación (cuyo titular tuvo que dimitir a los pocos días de asumir su cargo también por "cortar y pegar" varios de sus artículos científicos). ¿Qué hizo Ponta, que en una entrevista con EL PAÍS se había comprometido a dimitir si la citada comisión ratificaba la acusación? Disolverla y convocar otra más afín.

En un país de durísimo pasado y dominado por la corrupción y las luchas de poder, los rumanos no parecen mostrarse demasiado concernidos, pero lo más democrático, en esta situación, sería adelantar las elecciones parlamentarias previstas para el otoño. Rumanía debe responder con más democracia, y no con regresiones, a las críticas que afirman que no estaba preparada para ingresar en la UE. Y Bruselas no debería tolerar ni un paso atrás.

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