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domingo, 5 de febrero de 2012
Tribuna:

Hacer dinero de la nada

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En que se parece el pueblo oscense de Grañén y el californiano Menlo Park? En que a los dos les ha tocado el gordo. Al español, por suerte; al otro, por ingenio.

La salida a Bolsa de Facebook va a suponer una lluvia de dinero en su pueblo y en todo Silicon Valley. A diferencia de Grañén, es una fortuna anunciada. De entrada se calcula que brotarán 1.000 millonarios más en el pueblo, la mayoría ingenieros de la red social que cobran pluses en forma de acciones. A partir de ahí, los beneficios se ramifican hacia el fisco local y estatal (California), que recaudará unos 500 millones de dólares (la salida a Bolsa de Google reportó 150 millones, y esta es cinco veces mayor). Pero, sobre todo, los ingresos irán al sector inmobiliario de la zona, que solo por el acontecimiento ha modificado al alza las previsiones de venta de casas para este año y el próximo.

El negocio de Facebook, como el de Google o Twitter, no está en vender algo, sino en regalarlo

Facebook es otro éxito de la economía de Internet, donde el dinero no llega por el servicio que se da, sino por una vía indirecta, aparentemente extraña. El negocio no consiste en vender, por ejemplo, un disco, sino en regalarlo, y a cuanta más gente, mejor. Aquí es donde entra el ingenio. ¿Cómo sacar beneficios de algo que se regala o que se piratea? Quizá con publicidad o, cada vez más, con servicios complementarios de pago. El negocio no es por cobrar la llamada o el mensaje o escuchar música, sino por servicios paralelos mejorados, como Skype o WhatsApp.

La semana pasada, un tal Mikael Ek daba una lección magistral a la industria discográfica reunida en Cannes. Ek, director general de Angry birds, un juego gratuito y simple, conminó a los reunidos a sacar fruto de la piratería. "A tu consumidor no le puedes perseguir, hay que tratarlo como un fan, pues cuantos más fans, más negocio habrá al final". Operadoras, fabricantes de televisores y hasta Hollywood pagan por incluir los Angry birds en sus móviles, sus televisores o sus películas (y, probablemente, no hay muñecos más pirateados que esos pájaros cabezones).

Para los acostumbrados a la economía de la compraventa, choca que los ingresos lleguen a través de un servicio gratuito o a través de algo que se había despreciado (el buscador). Fue el caso, hace ocho años, del buscador Google, y ahora se repetirá con la red social Facebook, mañana con los micromensajes de Twitter y pasado con Pinterest. Bien es cierto que abundan los intentos ruinosos. Basta recordar la crecida y caída de MySpace, la red social más poderosa hasta que puso sus manos encima Rupert Murdoch, que la convirtió en una red plagada de vallas y obstáculos mientras a su lado crecía libre Facebook. Al magnate ex australiano le entraron las prisas por recuperar su dinero mientras que Mark Zuckerberg resistía jugosas ofertas de compra y prefería crecer y crecer sin buscar el beneficio inmediato.

Ni Google ni Facebook fueron los primeros en su campo, rompiendo la teoría de que llegar antes es fundamental en Internet. Quizá solo en el caso de que se haga bien. Antes de Google, la búsqueda de páginas en Internet no interesaba a la industria. Yahoo, que era el líder, clasificaba las páginas manualmente, pero no sabía cómo obtener ingresos de ello. Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, anduvieron meses y meses buscando dinero. Ofrecieron su fórmula de búsquedas automáticas a Yahoo, que la despreció. Doce años después, Google ingresa 38.000 millones de dólares, y sin cobrar un centavo a ninguno de sus clientes. Todo gracias a un sistema publicitario que lanza ofertas de hoteles si se buscan vuelos a Mallorca o de naranjas si se pregunta por tiendas de fruta.

Facebook es otra maravilla, se mire como se mire. Socialmente, permite que se conecten 845 millones de personas, que se intercambian saludos, fotos, vídeos, estén donde estén y cuando quieran. Para tener un negocio floreciente o para ser presidente de Estados Unidos hay que pasar por Facebook, Twitter y Youtube (Google). Ya, por todos a la vez.

Facebook aún es, económicamente, mejor negocio que cuando Google saltó a Bolsa. Si el buscador depende al 95% de la publicidad, la red social no tanto (85% y bajando). Los 400 millones de personas que entran diariamente en Facebook forman una masa de consumidores cautivos inestimable para cualquier comercial. El primero que lo entendió fue Zynga con sus juegos inocentes y facilones, como Farmville, donde compras con dinero de verdad semillas de zanahoria virtuales para tu huerto imaginario. Al año se lanzan miles y miles de nuevos juegos, pero solo a Zynga se le ocurrió ofrecerlos en Facebook y, cómo no, gratuitamente. Una vez más, no se cobra por jugar, sino por servicios añadidos. El 90% de sus ingresos le llegan desde Facebook.

Creada en 2007, Zynga salió a Bolsa en diciembre pasado. El mercado valoró la empresa en 1.000 millones de dólares, más que el gigante del sector Electronic Arts, que hasta hace poco se dedicaba exclusivamente a vender juegos en cajas y le empieza a ver las orejas al lobo. De rebote, con la salida a Bolsa de la red social se ha disparado la cotización de Zynga.

Similar táctica ha seguido Spotify para extender globalmente su servicio musical, también gratuito. Todos ellos, cierto es, a medida que van reclutando más usuarios, reducen o hacen más incómodos sus servicios gratuitos. Abierto el camino, esa fuente de ingresos para Facebook no ha hecho más que comenzar. ¿Qué pasará si, como se dejó caer hace unas semanas, Facebook entra en el negocio del juego online, cuando se levante la prohibición? Pues ya hay apuestas: en lugar de ingresar 4.000 millones ingresaría 100.000. Todavía, hoy por hoy, Facebook es un monstruo dormido.

Nos podemos reír todo lo que queramos de que Beast, el perro de Mark Zuckerberg, tenga su propia página; más aún, de que la sigan 133.000 personas o animales; de que este joven de 27 años solo se coma lo que mata, de que vaya por el mundo con un vetusto coche japonés o que done a los necesitados la mitad de toda su fortuna de por vida; pero gente como él, como Jack Darsey (Twitter), Page y Brin (Google), Jerry Yang y David Filo (Yahoo!) Niklas Zennström y Janus Friis (Kazaa y Skype) o Pierre Omydiar (eBay) han cambiado las reglas de la economía. Todos ellos son supermillonarios, y sus pueblos también, por haber ingeniado servicios gratuitos.

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