Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:ATLETISMO | Mundiales de Daegu

Un nulo de leyenda

El joven jamaicano Yohan Blake gana los 100 metros con 9,92s tras la descalificación de su amigo Usain Bolt por una salida falsa

¿No querías leyenda? Toma leyenda.

Usain Bolt no deja resquicio. Lo quiere todo. También, incluso, el premio a la estupidez. Nadie será nunca como él. De eso se trataba, ¿no?

En su carrera para convertirse en el mejor atleta de la historia, en legendario, en único, que de eso no hace más que hablar, al hombre más rápido de la historia, al atleta que ha revolucionado la velocidad, solo le faltaba esto, añadir a sus extraordinarios logros -recuerden: doble campeón olímpico y mundial de 100 y 200 metros con récord mundial acompañando cada uno de los cuatro títulos- otro quizás también inigualable, el de convertirse en el primer megafavorito descalificado de una final de un Mundial por una salida nula. Fue como si a Messi le hubieran sacado la tarjeta roja por hacer el gamba en el primer minuto de la final de la Champions. La afición se quedó muda; los fotógrafos, desesperados. Habían dispuesto decenas de cámaras alrededor de la llegada para accionarlas a distancia creyendo que toda la acción estaría en la llegada, en los gestos de Bolt al cruzar destacado la raya final, ignorantes de que anoche, noche fresca y húmeda, viento en contra, la historia estaba en la salida.

Bolt no deja resquicio. Lo quiere todo. También, el premio a la estupidez

Se lanzó antes de que el reloj empezara a medir el tiempo de reacción

Nada más anticiparse exageradamente -se considera salida nula un tiempo de reacción inferior a 100 milésimas de segundo: se lanzó antes incluso de que el reloj empezara a medir, antes incluso del sonido del disparo-, Bolt se dio cuenta de la burrada que había hecho y por primera vez en su carrera estelar se observó que era uno que no sabía dónde meterse. Se arrancó la camiseta como si le quemara, se insultó interiormente, se convirtió en un niño al que han pillado en una travesura. Tierra, trágame. Por primera vez huyó de las cámaras.

Sus rivales, paralizados, ¿qué hacemos ahora?, tardaron en reaccionar. Después de haber perdido a los mejores secundarios -la lesión interminable cuando se acercan las grandes citas de Asafa Powell, la lesión de masoquismo de Tyson Gay, los positivos de Mullings y Rodgers-, la prueba estelar de los Mundiales, la que crea las estrellas, la que justifica todo el montaje, se quedaba también sin su protagonista principal, sin la estrella que sostenía sobre sus altas espaldas toda la producción.

El espectáculo se hundió irremisiblemente víctima paradójica de una regla, la mítica 162.7, introducida en enero de 2010, que, en aras de favorecer el espectáculo precisamente, de agilizar las carreras, castiga la primera salida nula con tarjeta roja directa, eliminando la amonestación previa.

"La gente había venido a ver al campeón olímpico y mundial, al recordman, y se ha ido decepcionada", dijo Kim Collins, el veterano velocista de Saint Kitts y Nevis, campeón del mundo en París 2003, que se benefició de la descalificación de Bolt para alcanzar la medalla de bronce con 35 años. Pese a eso, añadió: "Espero que la federación recapacite y estudie de nuevo esa regla".

La afición había llenado el estadio para ver ganar a Bolt y vio ganar a Yohan Blake, que no es lo mismo ni tampoco es igual, aunque resulte que es el mejor amigo de Bolt, con el que incluso comparte entrenador, Glen Mills; club, bromas, chistes y gustos musicales, Vybz Kartel, el dance-hall, las fiestas en Gaza, el gueto de Kingston, aunque no las rastas.

Bolt dice de él que es "una bestia" y Blake, de 21 años, cuatro más joven que su amigo, lo demostró en la final. Salió muy rápido, dejó claro el asunto desde el principio ante el norteamericano Walter Dix, el principal rival, un lento en los tacos, y, aunque Collins no se dejó adelantar hasta los segundos 50 metros, en ningún momento se dudó de la ejecución de Blake.

"Vivo una situación agridulce", dijo el nuevo campeón del mundo, que es un atleta de futuro, aunque nunca ha pisado los terrenos de los 9,7s como Powell o los de los 9,6s como Gay ni mucho menos los de los 9,5s, donde solo habita Bolt. Su mejor marca es 9,89s, del año pasado, pero en estos Mundiales, en el que las pruebas se han corrido siempre con viento en contra (1,4 m/s en la final) y sin excesivo calor, ha sido el único que ha bajado de los 10s, lo que habla de su calidad. Y dos veces. Lo hizo en la semifinal (9,95s) y en la final (9,92s).

"Por un lado estoy triste por mi amigo Bolt, pero por otro estoy feliz. He rezado tanto para que llegara este momento, para ser campeón del mundo... Cuando descalificaron a Usain, tuve muy claro que tenía que concentrarme a tope para lograr que el título se quedara en Jamaica. No podía fallar".

Para explicar el nulo de Bolt dijo Dix que al jamaicano se le habían cruzado los cables transitoriamente y que a partir del viernes, en los 200 metros, se vería que no pasaba nada. De su salida nula Bolt no dijo nada. "Necesito tiempo antes de hablar", dijo el legendario por los cuatro costados después de decir a los fotógrafos que no esperaran que se echara a llorar para una foto.

Del blanco Lemaitre, que terminó cuarto, como el británico Allan Wells en Helsinki 1983, los franceses dijeron que no se había sabido aprovechar del nulo de Bolt.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de agosto de 2011