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Reportaje:

La otra pasión de Jaime Urrutia

El cantante participa en una tertulia taurina del Club Cocherito de Bilbao

El cantante Jaime Urrutia (Madrid, 1958) extiende su mano a modo de saludo. En ella brilla un anillo de su abuelo materno, Javier Valenzuela, empresario de la plaza de toros de Málaga, que su madre le entregó cuando Urrutia era un niño. Desde entonces, no se lo ha quitado. No en vano, con él estrechó la mano del torero Juan Belmonte, uno de sus ídolos. Y es que Urrutia tiene otra pasión además de la música: los toros.

Esta afición, que ha trasladado en más de una ocasión a sus canciones, le llevó el pasado jueves a participar en una de las tertulias taurinas organizada por el Club Cocherito de Bilbao. Pero la vena taurina de Urrutia proviene principalmente de su padre, Julio Urrutia Echániz, nacido en Bilbao y que fue crítico taurino del diario Madrid. Siendo un adolescente, Urrutia redactaba sus crónicas a máquina mientras su padre se las dictaba. "En mi casa se vivía el ambiente taurino y se trataba con toreros", indica el cantante.

Julio Urrutia, padre del cantante, fue crítico taurino del diario 'Madrid'

El autor ha trasladado a varias de sus canciones la afición por la lidia

La pasión fue creciendo toro tras toro y el cantante y su grupo Gabinete Caligari, uno de los iconos de la movida madrileña, la reflejaron en varias de sus canciones. Uno de sus éxitos más conocidos, La culpa fue del cha cha cha, narra el cortejo de un hombre a una mujer en términos taurinos. Sangre taurina está dedicado a Belmonte. No sin razón, la música del grupo se granjeó la denominación de rock taurino.

Gabinete Caligari se dirigió al joven público de los ochenta, pero trató de hallar un nicho más allá de las repetidas canciones de amor. Lo encontró en los toros, pese a que la lidia no era precisamente el asunto que mejor se pudiese asociar a la juventud de la movida. "A los jóvenes les parecía un mundo de mayores, pero yo seguía siendo aficionado y me pareció muy oportuno hablar de ellos", recalca. Y triunfaron.

Urrutia aún recuerda uno de los momentos más especiales que ha vivido como cantante. En el año 1981 colgaron el cartel de "No hay billetes" en la plaza de Las Ventas de Madrid. Esa actuación fue una de las últimas que su padre vio a su hijo. El lugar era mágico: la plaza en la que Julio Urrutia presenció tantas corridas.

El cantante y compositor, que idolatra al torero Morante de la Puebla, indicó a sus compañeros de banda en 1999 que comenzaban "a arrastrarse por el escenario". Por ello, empezó su carrera en solitario, a la que trasladó su pasión.

En la portada de Patente de Corso (2002), su primer disco en solitario, Urrutia sale retratado en los baños de Las Ventas. Para el tema Lo que no está escrito, que da nombre a su último disco (2010), se inspiró en los sanfermines, a los que asiste siempre que puede. Cuando lo hace, se aloja en la casa de su amigo Maiorga Ramírez, líder de EA en Navarra y cabeza de lista de Bildu. "Los toros tienen un lenguaje muy rico, muy especial", asevera Urrutia.

El cantante acude a menudo a las corridas de Bilbao y de otras ciudades de España. "Es también una forma de viajar", abunda. Sin embargo, Las Ventas es su santuario. En pocos días comenzará la feria de San Isidro y ahí estará Urrutia, que considera, no obstante, que la plaza de Madrid "se ha encrespado" un poco. De hecho, de los casi 30.000 abonados de antaño se ha pasado a los 14.000 de la actualidad.

La pasión de Urrutia continúa y su reflejo en la música también. En la última de sus actuaciones, en la madrileña sala Joy, un pasodoble antecedió a su salida.

El artista vive con preocupación la polémica por las descargas a través de Internet. "Soy autor de mis canciones. Está claro que Internet ha supuesto un problema para la venta de discos. Pero, paradójicamente, sirve para promocionarse", explica. Los tiempos cambian, pero el marchamo taurino de Urrutia sigue invariable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2011