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COLUMNA

Reacciona

Un repugnante imbécil que dice ser de Badajoz colgó en su blog hace una semana, bajo seudónimo, un vídeo atroz de 11 minutos con las salvajes torturas infligidas hasta la muerte a dos cachorrillos de perro (al parecer era un resumen de 11 horas de tormento). El blog ya ha sido cerrado, pero el verdugo amenazó con matar nueve animales más, y otros dos miserables le escribieron alardeando de haber torturado perros ellos también. La policía dice tener pruebas de que las imágenes se han subido a Internet desde fuera de España. Pero yo pienso que es un compatriota: es muy fácil camuflar el rastro cibernético, y aún más fácil enviar las imágenes a un compinche en el extranjero para disimular su procedencia.

Noticias como esta rompen el corazón, manchan el mundo. No hay ningún atractivo demoníaco, ninguna oscura épica en provocar un sufrimiento tan fácil y tan obvio; el Mal, en realidad, es justamente esto: un cretino siendo absolutamente cruel con unas criaturas absolutamente indefensas. Exijo que una atrocidad así se convierta en algo inadmisible. Que lo detengan. Que lo metan en la cárcel, que se tomen medidas para que no vuelva a suceder. No solo por principios, por civilidad, por compasión, sino también para defendernos de ese tarado: alguien capaz de hacer algo así, ¿qué no hará a los niños, a los viejos?

Este horror no sale de la nada: el maltrato animal está mínimamente penado en nuestro país, España arrastra una indecente tradición de crueldad contra los animales y actualmente el sadismo se cultiva en el mundo entero con películas morbosas de extremada violencia que los jóvenes tragan con delectación. Si crees que todo esto no te afecta y que la agonía de esos cachorritos no hace que tu vida sea más miserable y más peligrosa, te equivocas. Reacciona, protesta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de febrero de 2011