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Reportaje:

Lo primero, las personas

La juez Manuela Carmena dicta una sentencia salomónica en su último día de trabajo - La magistrada de la Audiencia se retira tras 30 años de profesión

Como un día más y siempre con una sonrisa. La magistrada Manuela Carmena (Madrid, 1944) afrontó ayer su última jornada laboral en la judicatura. Después de 30 años como juez y otros 15 como abogada, esta cofundadora de la asociación Jueces por la Democracia ha decidido pasarse a una labor más divulgativa del Derecho, con la creación de un blog con fines didácticos. Pero su última jornada no fue de mero trámite, sino que dictó una sentencia por conciliación en la que víctima y agresor quedaron satisfechos.

La mesa de la magistrada estaba ayer llena de papeles. Como siempre. Eran tres carpetas y varios expedientes que requerían su firma. La firma de la presidenta de la Sección 17ª de la Audiencia Provincial de Madrid. El último escalón al que subió Carmena, que ha pasado por destinos muy diversos: juez de instrucción, de vigilancia penitenciaria, decana de Madrid, vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)...

"Muchas gracias, bonita", le dijo ayer una víctima al final de la vista oral

La magistrada se enfrentaba ayer a un caso interesante. Un toxicómano apuñaló hace años a otro durante una discusión. El supuesto agresor se enfrentaba a una pena de siete años por un delito de homicidio en grado de tentativa. Pero desde aquel altercado ya habían transcurrido varios años y las circunstancias personales de los dos afectados habían cambiado mucho.

El acusado se encuentra en fase de rehabilitación de su toxicomanía, está tratado de un trastorno bipolar que sufre y reconoció su culpa. Además, como prueba de su intención de acabar con aquel trágico episodio, había depositado en el juzgado parte de la eventual responsabilidad civil. La víctima tampoco tenía ganas de ensañarse con el imputado. Tan solo quería alguna compensación económica y cerrar un caso que sucedió a principios de la década anterior.

Y se llegó a una solución salomónica por parte de Carmena y sus compañeros de sección. El acusado fue condenado a una pena de dos años y seis meses. "Le hemos aplicado varias atenuantes para que no tenga que ingresar en prisión, ya que se vendría abajo todo lo que ha conseguido en estos años", comentó la juez tras fijar la sentencia. El condenado no ingresará de momento en prisión, si no reincide o abandona la rehabilitación.

La víctima también se mostró satisfecha, ya que cobrará 5.000 euros por las lesiones que sufrió. De hecho, ayer mismo se llevó los 3.000 que entregó a cuenta el acusado. Y mostró de una forma muy gráfica su satisfacción a la magistrada Carmena: "Muchas gracias, bonita".

La juez aseguró que para ella no significó nada su último día. "Es uno más y tengo ganas de encarar mi blog, en el que puedo seguir trabajando por el Derecho y la justicia, pero desde otro ámbito. El dictar sentencias ya no me llena. He hecho muchas y creo que hay gente que puede hacerlas mejor que yo", reconocía en su despacho de la décima planta de la Audiencia Provincial.

La juez había pedido al CGPJ su paso al Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Algo así como un grado más en su dilatada carrera. Pero la política se mezcló en su trayectoria. Ella, de claro talante progresista, no cuadraba para ese puesto. Tenía que ser algún magistrado vinculado al PP. Y desde luego no era su caso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 2010