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jueves, 12 de agosto de 2010
Reportaje:libros

La rebeldía de un desayuno

Un libro descubre la cara inconformista de la mítica película de Audrey Hepburn, retrato de una época, y se convierte en un fenómeno editorial en Estados Unidos

Si todo hubiera ido como esperaba el novelista Truman Capote, la languidez que Audrey Hepburn prestó al personaje de Holly Golightly en la adaptación cinematográfica de su novela Desayuno con diamantes habría sido sustituida por las sensuales curvas de Marilyn Monroe.

Pero Capote ya había vendido los derechos para la película y además Stella Adler, representante de Monroe, había rechazado de plano el proyecto. No, la deseada rubia no interpretaría a una golfa, muchas gracias. Así que a pesar de la reticencia inicial que mostró la flaca esposa de Mel Ferrer cuando le ofrecieron el papel, fue ella quien encarnó el espíritu rebelde, libre y excéntrico de la chica de mala vida del Upper East Side, cuyo pasatiempo favorito era desayunar tras una noche de juerga frente al escaparate de Tiffany's en la Quinta Avenida. La carambola fue afortunada. Glamour, estilo e independencia se unieron felizmente, y ser soltera en Nueva York se convirtió en algo chic mucho antes de que Carrie Bradshaw paseara con sus tacones por las avenidas.

Capote quería las sensuales curvas de Marilyn Monroe para su personaje

El filme tenía dos finales escritos. Uno feliz y otro triste. Ya saben cuál prosperó

Holly Golightly rompió moldes y fue casi precursora del feminismo

La elección de la protagonista de Desayuno con diamantes es uno de los asuntos que trata el escritor Sam Wasson en Fifth Avenue 5 a.m. Audrey Hepburn, Breakfast at Tiffany's and the dawn of the modern woman (Quinta Avenida 5 a.m. Audrey Hepburn, Desayuno con diamantes y el amanecer de la mujer moderna). Publicado hace apenas un mes, este libro, que recrea la intrahistoria de la famosa película, ha recibido excelentes críticas y se ha colocado en el número 16 de la lista de más vendidos de The New York Times.

En las primeras páginas Wasson presenta al reparto de esta peculiar comedia histórica: desde Hubert Givenchy, "el diseñador que buscaba una musa", hasta Blake Edwards, "el director que quería hacer una sofisticada comedia para adultos para variar", sin olvidar a George Axelrod, "el guionista que quería que el sexo volviese a ser ingenioso" ni a Truman Capote, "el escritor que quería una madre".

Wasson, nacido en Los Ángeles, ciudad en la que aún reside, ofrece una perspectiva interna del fabuloso Hollywood de los años cincuenta y descubre a personajes que ejercían su poder entre bambalinas, como la temida diseñadora de vestuario de la Paramount Edith Head, a la que recurrían todas las estrellas del momento como Joan Crawford o Bette Davies. Ella se sintió como una de las grandes damnificadas del idilio entre Hepburn y el modista francés discípulo de Balenciaga. En Vacaciones en Roma, Head se esforzó por ocultar la marcada clavícula de la actriz y disimular su flaca cintura, relata Wasson. Pero aunque el vestuario siguiera pautas más clásicas, ese personaje fue el primero en el que Hepburn -por obra y gracia de un corte de pelo- despertó un nuevo modelo de chica, una "rebeldía educada".

Si la impetuosa novelista francesa Colette fue la primera en fijar sus ojos en la joven Hepburn y ofrecerle el papel de Gigi, Billy Wilder y su Sabrina fueron una piedra angular en su ascensión definitiva como icono de estilo. Aquella fue la primera vez que Givenchy vistió a Hepburn por insistencia del director. A pesar de todo, la estética, recuerda Wasson, solo interesa a Hollywood como negocio. "Esto es una industria y, como a cualquier otra, solo le importa el arte en tanto le reporte beneficios económicos", explica en conversación telefónica.

La timidez e inseguridad sobre su capacidad para actuar -casi patológica- es una de las sorpresas sobre Audrey Hepburn que este autor se llevó mientras trabajaba en el libro. También descubrió que había dos finales escritos para Desayuno con diamantes, uno feliz y otro triste. Ganó la primera opción, como era de esperar en una cinta en la que la amistad entre un homosexual y su alegre vecina se transformó en comedia romántica. Pero más allá del edulcorante que se añadió a la novela de Capote, la película final logró destilar un nuevo modelo de mujer, que escapaba de los estrechos márgenes de santa o descarriada que en los cincuenta marcaban el canon. Según Wasson, una respuesta chic y despolitizada al movimiento beatnik. Holly tiene la misma querencia esencial por la libertad, pero en su fórmula la educación y la rebeldía quedan compensadas. "Capote siempre pensó que Hepburn era demasiado blanda", apunta Wasson. Sea como fuere el autor de 5 am Madison Avenue no duda en subrayar la modélica revolución que el personaje de Holly encarnado por Hepburn desató en Hollywood. "Ella rompió el molde de los cincuenta y sentó las bases para la revolución feminista de los setenta. En el cine, más adelante en los setenta las mujeres adquirieron mayor complejidad en películas en las que se enfatizaba su personalidad, unicidad y visión. En los ochenta esto fue cambiando y quedaron encasilladas en papeles más predecibles", explica.

La película no ha dejado de seducir a devotos admiradores desde su estreno y en parte por ello este escritor quiso reconstruir el lado más controvertido de la historia. "La película era descarada aunque con el paso del tiempo se vea como algo dulce". Ahora, dice Wasson, también la comedia romántica vive sus horas más bajas en Hollywood. Sin censura que superar, como antaño, parece que los ingeniosos diálogos se han evaporado. "Hacen películas para adolescentes. Y en la televisión hay cosas que no están mal, como Mad men, pero no son geniales, solo nos lo parece por lo mal que está el cine". Y en esta curiosa relación entre pequeña y gran pantalla, ¿es Holly una precursora de Carrie Bradshaw? "Las dos disfrutan de la soltería y les interesa expresar su personalidad por medio del estilo, una actitud que alimenta el mito de Nueva York. Pero Carrie habla más abiertamente de sexo y además está obsesionada con el matrimonio".

Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes.

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