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MODA

La nueva esperanza blanca de Anna Wintour

El gusto por la sencillez vale a Sophie Theillet el premio CFDA, 'oscar' de la moda estadounidense

Aborrece el drama y se deleita en los pequeños detalles. En el salón de su apartamento de Brooklyn tiene montado el taller de costura. Quizá sea esto lo que ha llevado a la todopoderosa editora de la edición americana de Vogue, Anna Wintour, a definirla como una "rara criatura del universo de la moda". Cálida y risueña, Sophie Theillet suelta una carcajada. El prestigioso galardón del Consejo Americano de Diseñadores de Moda (CFDA) y Vogue, dotado con 200.000 dólares (140.000 euros), ha acabado por consagrar su marca, creada hace apenas tres años.

Desde entonces, ella cose y diseña ayudada por su inseparable oficiala Emma y su esposo, Steve Francouer. Su trabajo demuestra que lo casero, local y sencillo pueden ser sinónimos de glamour. Las últimas fábricas del Midtown de Manhattan replican sus prototipos y una empresa española se encargará de producir su nueva colección en punto. Nacida en el suroeste de Francia, adora España. Vestida con vaqueros, botas y un blusón negro, recuerda un viaje a Madrid hace más de una década en el que su buena amiga Rossy de Palma le presentó a la troupe de Almodóvar.

"Ni hago tendencias ni busco crear un objeto intelectual", dice la diseñadora

Sus vestidos se los disputan desde Michelle Obama a Sarah J. Parker

De un perchero cuelgan los cuatro vestidos que tiene listos para la nueva colección que presentará en febrero. "Serán 40, así que nos queda mucho trabajo", explica. En apenas 30 metros cuadrados se concentra el mundo creativo de esta diseñadora cuyos vestidos se disputan desde Michelle Obama hasta Sarah Jessica Parker. En la pared cuelgan una serie de iconos pintados por su hermano, las fotos que colecciona de su buena amiga la fotógrafa Martine Barret y una imagen de su tatarabuelo y bisabuelo. Y en un corcho, fotos de Rusia y un retrato de la poeta Anna Akhmátova.

Tras una década trabajando en París, con Jean Paul Gaultier y Azzedine Alaïa, lo dejó todo y se fue a Nueva York "por amor". Vivió varios años en el mítico hotel Chelsea con su entonces novio Steve. "Al principio no entendía muy bien las cosas, así que no trabajaba. La moda es un negocio y aquí tienes que pensar para quién diseñas y qué mujer se pondrá tu ropa. No trabajo tendencias, no busco crear un objeto intelectual, sino vestidos mágicos que sean ponibles".

Simplicidad y entusiasmo son las señas de identidad de esta firme defensora del oficio. Sophie es personal sin esfuerzo. Una colección dedicada a los indios nativos estadounidenses y otra en cuyo desfile sólo participaron modelos negras llamó la atención de la prensa. "Mi trabajo hablaba de color y pensé que era el momento de mostrar esa belleza", explica esta admiradora de Yves Saint Laurent. Y así cuando llegó el momento de presentar en 15 minutos su trabajo ante el jurado del CFDA / Vogue, arrancó con un vídeo a ritmo de rap. "Era un día en mi vida boxeando en el gimnasio del barrio, trabajando en el salón y pintando un tatuaje de Batman a mi hijo. No era muy glamouroso, pero era real". Ganó. ¿Otro sueño? "Abrir una tienda-casa-taller. Para hacer este trabajo necesitas pasión y plena dedicación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de diciembre de 2009