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martes, 27 de octubre de 2009
Una vida dedicada a la Corona

Inalterable, reservada, discreta tranquilidad

ALBERTO OLIART 27 OCT 2009

En mi recuerdo destaca la personalidad de Sabino Fernández Campo, su inalterable, reservada y discreta tranquilidad en cualquier circunstancia de tiempo y lugar. Fue durante mi etapa de ministro de Defensa del Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (entre el 27 de febrero de 1981, recién fracasado el golpe de Estado del 23-F, y el 3 de diciembre de 1982) cuando el trato con él fue permanente y, en muchas ocasiones más que cotidiano, bien porque yo le llamara, bien porque él me llamara a mí.

Sabino Fernández Campo, entonces secretario general de la Casa del Rey, tenía el don de tranquilizar cualquier asunto por urgente o grave que fuera, y también el de saber escuchar. Por su experiencia, inteligencia, hondo conocimiento de las personas que en la política o en las Fuerzas Armadas eran alguien o tenían mando en aquellos difíciles momentos, su opinión o su consejo, si se los pedías, era siempre esclarecedor en primer lugar, y siempre a tener en cuenta en última instancia.

Sabino fue un personaje esencial en la transición desde el franquismo a la democracia

Creo que nunca, en situaciones complicadas o difíciles, dejé de escuchar la opinión de Sabino Fernández Campo, o contrastar con él lo que yo creía que se debía hacer o no hacer.

Salvo el Rey, en primerísimo lugar, mi presidente y amigo Leopoldo Calvo Sotelo, después, y el entonces director del CESID, Emilio Alonso Manglano, en tercer lugar, nadie me ayudó tanto como Sabino, en nuestros frecuentes encuentros, a parar y encauzar las turbulencias que el fallido golpe del 23 de febrero dejó en las Fuerzas Armadas.

Siendo como era, como tenía que ser por el puesto que ocupaba, un modelo de reserva y discreción, Sabino Fernández Campo sabía expresarse con una total franqueza al dar su opinión, que tan a menudo yo le solicitaba, sobre cualquier asunto por complejo o secreto que fuera. Se podía estar de acuerdo con él o no, pero siempre había que escucharle.

Recuerdo, en momentos graves, la voz de Sabino, con el mismo tono tranquilo y pausado, siempre sin alterarse, utilizando las palabras precisas, claras, ajustadas al tema que se le planteaba, y no excederse nunca en lo que decía ni quedarse corto.

En su misión al frente de la Secretaría General de Zarzuela, era admirable la habilidad con que filtraba los asuntos que debían llegar al Rey y cómo le evitaba tantas pretensiones inoportunas. No cabe duda que si para mí fue una ayuda inestimable, también lo fue para todos los que a él acudían. Sí, Sabino Fernández Campo fue un personaje esencial en la transición política. A todos los que le conocimos y tratamos y estimamos nos toca ahora unirnos a los suyos en su duelo y honrar su memoria.

Alberto Oliart fue ministro de Defensa del Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo.

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