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Crítica:CLÁSICA

El otro Albéniz

Eiji Oue ha vuelto a saborear las mieles el éxito en la primera actuación de su última temporada como titular de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC). Fiel a sí mismo, el maestro japonés dirigió un programa hilvanado sin demasiadas sutilezas, con dos obras de gran repertorio -Concierto para violín nº 1, de Max Bruch, con Sarah Chang como solista, y La mer, de Debussy- flanqueadas por dos rarezas, Diferencias, de Joaquín Nin-Culmell, y una sorpresa melómana al hilo del centenario de la muerte de Isaac Albéniz: las Escenas sinfónicas catalanas, estrenadas en 1899 y rescatadas del olvido tras casi 120 años de silencio.

Eiji Oue, que pasó casi de puntillas por la breve, equilibrada y refinada pieza de Nin-Culmell, perfiló con más acierto el vuelo melódico y el vigor popular que animan las Escenas sinfónicas catalanas, pieza ideal para descubrir el otro Albéniz, el sinfónico, eternamente arrinconado por la indiscutible genialidad de su obra para piano.

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya

Sarah Chang, violín. Director: Eiji Oue. Obras de Nin-Culmell, Bruch, Albéniz y Debussy. Auditori. Barcelona, 9 de octubre.

No es una obra de referencia, pero tiene su encanto, con un uso algo recurrente del material melódico y delicadas atmósferas de sabor popular. Su oportuno rescate permite derribar el tópico de que Albéniz apenas prestó atención a la música popular catalana. La partitura, recuperada a partir de los materiales que conserva el Museu de la Música de Barcelona, describe una fiesta campesina a través de cuatro fragmentos concebidos a manera de suite de voluptuoso espíritu nacionalista y romántico.

En su regreso a las temporadas de la OBC, la violinista Sarah Chang deslumbró a todos con una interpretación del primer concierto de Bruch, de exaltado lirismo y cálida fuerza expresiva. Aunque el público aplaudió a rabiar tras su exhibición de virtuosismo y belleza sonora, Chang no concedió ni una propina.

El listón de calidad en la ejecución orquestal subió muchos enteros en la última obra del programa, La mer, esos exquisitos esbozos sinfónicos en los que Debussy se inventa un mundo sonoro de luces y colores suntuosos. Oue puso toda la carne en el asador en busca de un sonido rotundo y pleno, y consiguió una respuesta brillante en los detalles instrumentales, pero el acabado final, sin embargo, perdió redondez por su irreprimible tendencia al exceso de decibelios; en esta ocasión se le fue la mano en un clímax final casi ensordecedor.

Por lo demás, un buen concierto inaugural de temporada y un nuevo éxito personal de Oue, que fue largamente ovacionado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de octubre de 2009