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miércoles, 9 de septiembre de 2009
Entrevista:COMIDA CON... TAKNA TIGME ZANGPO

"Los carceleros nos trataban como si fuéramos animales"

La actividad en la cervecería Timón es frenética. Se antoja complicado hacerse un hueco en la barra o encontrar una mesa libre. Son las dos de la tarde. Hora punta. Entre el gentío, sentado en una esquina, destaca un hombre enclenque que da buena cuenta de un plato de patatas. Su indumentaria le delata. Takna Tigme Zangpo lleva sombrero de paja, luce una barba canosa que avanza hasta el pecho y una camisa de rayas blanquirrojas se asoma por una chuba (abrigo de lana tibetano).

A sus 80 años es un referente en la lucha por la independencia del Tíbet, territorio ocupado por el Gobierno chino. Pero su combatividad le pasó factura. En 2002 cumplió la condena más larga impuesta a un tibetano: 32 años encarcelado. ¿Su delito? Gritar "larga vida al Dalai Lama". Asegura que aún le acompañan múltiples cicatrices fruto de las torturas a las que fue sometido en prisión. "No nos trataban como a seres humanos, sino como a animales".

Su lucha por la independencia del Tíbet le salió cara: 32 años de prisión

Tigme Zangpo declaró recientemente en la Audiencia Nacional, a unos 50 metros del bar. El juez Ismael Moreno investiga desde 2006 el supuesto genocidio perpetrado por el Ejecutivo chino en el Tíbet durante las décadas de los ochenta y noventa. Y este ex profesor de Primaria tiene mucho que contar.

Echa un tímido trago al vaso de agua, le hinca el diente a una empanadilla de atún y relata cómo sufrió las torturas que se practican en Drapchi, la cárcel tibetana de alta seguridad más conocida por su crueldad. "Vi morir a decenas de compatriotas. El patio se cubría, a veces, de sangre", cuenta. Le encadenaban y le apaleaban con porras eléctricas, al igual que al resto de prisioneros de Drapchi.

La investigación sobre este drama podría quedar en papel mojado. El PSOE y el PP pactaron el 21 de mayo limitar la jurisdicción universal de la Audiencia Nacional a los casos que afecten a los intereses españoles. "Así se dejaría campar a sus anchas a los violadores de los derechos humanos. España mandaría un mensaje equivocado al considerar que estos derechos no son importantes".

Su odisea se agudizó al perder la vista durante 14 años. "No me quedé ciego, pero sólo veía una cortina blanca". El exiliado tibetano eleva la voz y gesticula por primera vez en la comida. "Nadie me ayudaba. Tenía miedo. Es imposible expresar lo mucho que padecí", recuerda con vehemencia.

Tigme Zangpo se acerca de forma sigilosa al plato de boquerones. La suavidad de sus gestos converge con la pausa que imprime a sus intervenciones. Recuerda que le impresionó ver cómo había progresado Lasha, capital del Tíbet, al salir de la cárcel. Habían pasado tres décadas. "Me llamó la atención que las calles estuvieran pavimentadas y me preguntaba ¿dónde estoy?". Su delicado estado de salud le obligó a viajar a Washington. Le detectaron una tuberculosis que le hizo coquetear con la muerte. Ya la ha superado.

Tigme Zangpo, que ha recuperado la vista, lleva siete años exiliado en un monasterio budista en Zúrich. Su estómago le pide una tregua. Tigme Zangpo cambia el rictus y esboza una sonrisa pícara. "¡Cómo extraño a las tibetanas con ojos negros vestidas con sus trajes autóctonos!". Ha sido nombrar a las mujeres y aparecer en la conversación la que fue su pareja antes ser encarcelado. "Nos íbamos a casar, pero no volví a saber nada de ella".

El Timón. Madrid

- Calamares: 10 euros.

- Boquerones: 9 euros.

- Chopitos: 10 euros.

- Empanadillas: 11,50 euros.

- Agua: 1,60 euros.

Total: 42,10 euros.

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"Vi morir a decenas de compatriotas", dice Takna Tigme Zangpo. / ULY MARTÍN

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