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jueves, 4 de junio de 2009
EMPRESAS

Ahtisaari: "No somos una red social, vamos a contracorriente"

Dopplr, la herramienta social para compartir viajes, arrasa entre los directivos - Con 150.000 registros, será rentable en 2010, dice su fundador

Es difícil sacar a Marko Ahtisaari de sus casillas. Este finlandés de 40 años, licenciado en música y filosofía, y ex compositor profesional, habla con calculada pasividad nórdica. Hasta que se le pregunta por la moda de revelar al mundo lo que hacemos a cada segundo. Salta como un resorte.

"¿Qué es eso de 'perdona, no puedo hablar contigo ahora, tengo que twittear'? ¡Saquemos la tecnología de en medio!", dice nervioso, a la vez que suelta el primer taco y se revuelve en la silla.

Nadie diría que Ahtisaari es cofundador de una de las aplicaciones que más interés despiertan en la Red: Dopplr, un híbrido de comunidad virtual y guía online de viajes que permite revelar a un reducido grupo de personas y con antelación nuestras próximas escapadas. "Queríamos sustituir las noches solitarias de hotel con cenas entre antiguos compañeros de trabajo o amigos. Así nació todo".

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Apenas año y medio después del lanzamiento, Dopplr se ha hecho un selecto hueco entre la élite de directivos que viven de avión en avión. Arrasa entre empleados de Nokia, IBM o Sun Microsystems, y cuenta con 150.000 miembros. El 80% viaja por trabajo unas 15 veces al año y casi un tercio gana más de 70.000 euros al año. Pesos pesados como Reid Hoffman, consejero delegado de LinkedIn, y Thomas Glocer, máximo responsable de Thomson Reuters, han invertido en la idea.

"Diseñamos el servicio para ser privado y educado", explica Ahtisaari. Y tal vez ahí radique el acierto. Frente al delirio de las grandes redes, al exhibicionismo de fotos y constante flujo de actualizaciones, Dopplr apuesta por todo lo contrario: intimidad y privacidad a fuego lento. "Es una herramienta elegante y cuidada. Piensa en el millón y medio de personas que leen The Economist y aprecian la calidad. Ése es nuestro objetivo".

En las cifras, Dopplr no es tan diferente. No da beneficios, aunque esperan cubrir gastos el año que viene. Para ello confían en dos aspectos diferenciales. Por una parte, un crecimiento mensual del 34% en el número de visitantes. Por otra, más interesante, su modelo de negocio. Nada de publicidad. "Con nuestra audiencia no sería lo adecuado. Y para Facebook y compañía, los números hablan por sí solos". Y los números, efectivamente, hablan de ínfimas ratios de clic en banners del 0,04%.

Ahtisaari cree que el camino pasa por la generación de transacciones. Sus miembros recomiendan los hoteles más originales, los eventos con auténtico sabor local, los restaurantes escondidos... Si alguien acaba reservándolos por Internet, Dopplr se lleva un ingreso por haber generado la compra. Planean, además, crear guías de papel, online y de móvil.

"Disponemos de los consejos de viajeros experimentados. Son datos por los que muchos pagarían". Para hacer ruido, se han abierto a los buscadores, indexando esas recomendaciones de tesoros por descubrir. La idea es convertirse en una fuente única de información sobre viajes, accesible a cualquiera a la vez que selecta para los miembros registrados. Un complicado balance. "Si no hay conflicto, no hay interés", recuerda Ahtisaari.

Calcula que la crisis reducirá el 10% el número de viajes, pero no le preocupa el futuro ni el hecho de que a sus colegas americanos les cueste comprender el concepto que intenta implantar.

"Dopplr no es una red social, vamos a contracorriente. No hablamos de amigos, sino de compartir tus datos de viajes. Es pura información. A esto algunos norteamericanos lo llaman 'falsa amistad'. ¿Pero qué diablos es eso!". Su flema finlandesa se vuelve a esfumar al pronunciar el término anglosajón, aunque se controla. "En definitiva somos una aplicación muy europea, privada y discreta". A contracorriente.

Negocio de masas o de selectos

El empacho de redes sociales es sólo equiparable a anteriores empachos de Internet: el de los portales puntocom. Al final se llega a un punto en el que la mayoría desaparece y otros se especializan. Ocurrió con los portales y ya está ocurriendo con la Web 2.0. Tener amigos por alcanzar un récord deja de ser útil en el mismo momento en que se alcanza el récord y la efímera fama. De las cenizas, renacen la tecnología que la hace posible (interactividad, mezcla de herramientas) y un servicio pensado para un sector concreto y no tanto de masas. Las nuevas redes son para profesiones o inquietudes concretas. Tampoco queda claro el rendimiento de la publicidad entre audiencias masificadas.

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