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domingo, 3 de mayo de 2009

Lo peor de la crisis está por venir

Los expertos creen que la caída del PIB toca fondo, pero auguran más desempleo

"Es probable que lo peor haya pasado ya. Eso no significa que estemos cerca de una situación positiva. Estamos lejos de una situación favorable". El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, encajó así el miércoles el último susto estadístico. El Banco de España acababa de publicar que la recesión fue a más en el primer trimestre. El periodo entre enero y marzo de este año fue uno de los más destructivos en la historia reciente de la economía española. Pero los expertos apuntan que, en el mercado laboral y en las cuentas de empresas y Administración, lo peor está por venir.

Zapatero lleva semanas en la estela de lo que sostienen otros dirigentes mundiales, con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el máximo responsable de la Reserva Federal, Ben Bernanke, al frente de la procesión. "Hemos empezado a levantarnos", reiteró Obama en la celebración de sus 100 primeros días en la Casa Blanca. Y el banco central estadounidense proclamó que la gran recesión empieza a amainar, el mismo día en que los datos del primer trimestre confirmaban la peor contracción económica en EE UU desde 1958.

Se da por hecho que la tasa de paro subirá del 17% actual al 20% en 2010

Las cuentas públicas sufrirán y las administraciones pagarán peor

Zapatero y Obama apuntan que el temporal comienza a amainar

Seguirá la desaceleración económica, pero menos pronunciada

Como Bernanke y Obama, el presidente español busca en la evolución del PIB, en números rojos desde otoño, la palanca para hacer saltar el pesimismo sobre el futuro próximo. Porque en el pasado más reciente se volvieron a batir todos los registros negativos de esta crisis: el paro supera los cuatro millones de personas, tras aumentar en 800.000 desempleados en el primer trimestre; la caída de la actividad económica (un 1,8% menos que en el tramo final de 2008) fue, por tercer trimestre consecutivo, más profunda.

"La intensidad de la crisis nos ha vuelto a sorprender", admite el economista jefe de Caixa Catalunya Xavier Segura. Los datos han sido tan malos que los expertos apuestan de forma unánime porque el segundo trimestre no rebasará al primero en destrucción de empleo ni en retroceso del PIB. La caída, con ser pronunciada, lo será menos que entre enero y marzo. En esa comparación, lo peor parece haber pasado. "Yo suscribiría esa opinión", afirma Segura. "Hemos tocado fondo, se producirá el primer rebote, otra cosa es que la actividad no vuelva a bajar luego", comenta Ángel Laborda, director del gabinete de coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas). "La caída del segundo trimestre será menor", corrobora Carlos Maravall, de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

El Gobierno se equivocó al defender que la economía española no entraría en recesión. Erró de nuevo al vaticinar que no se llegaría a cuatro millones de parados. Y la crudeza de la crisis ha dejado viejas al poco de nacer sus previsiones económicas para 2009. Con estos antecedentes, la cautela ha prendido en las declaraciones de Zapatero. Pero esta vez el vaticinio oficial va bien encaminado: en variación trimestral, es posible que el PIB no vuelva a caer tanto en esta crisis. ¿Es suficiente eso para decir que lo peor ha pasado?

La respuesta que da el mercado laboral es clara: no. Y el Gobierno, pese a sus proclamas, muestra con hechos que tampoco lo cree. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, anunció que habrá un Consejo de Ministros extraordinario sobre empleo el próximo miércoles. Y Zapatero detallará nuevas medidas para incentivar la creación de puestos de trabajo en el debate sobre el estado de la nación.

Pese a los fiascos precedentes, la nueva vicepresidenta económica, Elena Salgado, nada más estrenarse en el cargo, se aventuró a anticipar que no se superarán los cinco millones de parados. Tras la nefasta primera entrega de la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada hace una semana, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, eludió mojarse.

Todas las estimaciones de los expertos dan por hecho que la tasa de paro, ahora en el 17%, superará el 20% en 2010, ya muy cerca de los cinco millones de desempleados.

Con esas previsiones, lo que queda por delante es claramente peor: aumentarán el número de hogares con todos sus miembros en paro (más de un millón hasta marzo), el número de personas que llevan más de un año buscando trabajo (casi 200.000 ahora) y habrá más desempleados con el derecho a la prestación o el subsidio agotado (son ya más de 900.000 personas).

Las cuentas públicas sufrirán el impacto: el gasto por prestaciones de desempleo crecerá al mismo ritmo acelerado que baja la recaudación por impuestos. En la Seguridad Social, la merma de cotizaciones sólo acaba de empezar y cuestiona la rotundidad con la que el Gobierno mantiene que no habrá déficit en el sistema de pensiones. A los ayuntamientos y las comunidades autónomas cada vez les costará más pagar a sus proveedores. Y, en paralelo a la destrucción de empleo, la caída del consumo teñirá de rojo las cuentas de las empresas. Además, el reciente desplome del comercio internacional minimiza el aporte del sector exterior.

"La caída del PIB español en esta crisis es inferior a la de otros países avanzados, pero donde nos salimos de la foto es en el mercado laboral", señala Maravall, que opina que los problemas de oferta de crédito empiezan a despejarse, lo que abre la puerta a un segundo trimestre algo menos dañino. "La destrucción de empleo en la industria y la construcción ya no tiene mucho más recorrido y el plan de inversión municipal del Gobierno debería empezar a notarse", añade Segura.

Las dudas del economista jefe de Caixa Catalunya se centran en si la recesión volverá a morder en el sector servicios con la fuerza con la que lo hizo en el primer trimestre. Sobre la evolución del mercado laboral, es pesimista: "Si la fase expansiva se basó en mucha creación de empleo de baja productividad, sobre todo en la construcción, ahora la destrucción es igual de rápida". Y menciona dos aceleradores: la alta tasa de temporalidad, que deja sin protección ante el despido a un tercio de los trabajadores, y que "cuando el mercado laboral español se enfrenta a una crisis, el ajuste sigue haciéndose en cantidad [despidos] y no en precios [salarios]".

Los datos del primer trimestre han vuelto a trastocar los pronósticos. Pero la curva que delimita el perfil de la recesión es similar en todos los modelos: en la evolución trimestral del PIB, el periodo entre enero y marzo es el peor. En la comparación con el mismo periodo del año anterior, el retroceso seguirá intensificándose hasta otoño. Y la mayoría retrasa la recuperación (las primeras tasas positivas) hasta finales de 2010.

Si las previsiones han fallado en anticipar lo que ocurriría unos trimestres después, pedir un vaticinio a dos años vista, cuando las probabilidades de errar se multiplican, suena a ciencia-ficción. La estadística deja entonces paso a la opinión. Pero en lo tocante al futuro próximo de la economía española, las coincidencias entre los expertos son muchas. "La recuperación será lenta, poco dinámica. En España, ni podremos ni es razonable crecer casi al 4%, como antes de la crisis. Lo malo es que para volver a acercarnos al 3%, o sea, a una tasa que genere empleo, se requieren reformas apenas abordadas en la época de bonanza", sintetiza Vicente Pallardó, del Observatorio de Coyuntura Económica Internacional.

La mayor recesión de la democracia

La tasa de paro llegó a superar el 24%, una estadística que habla de la dureza con la que la crisis de 1993, la última que sufrió la economía española, impactó en el empleo. La actual recesión no rebasa aquella nefasta marca ni en el más pesimista de los augurios. Pero en muchos aspectos, el golpe puede llegar a ser mayor: entonces había 16 millones de personas en el mercado laboral; hoy son más de 23 millones. Nunca se superaron los cuatro millones de parados, cosa que sí ocurrió el trimestre pasado. Y, aunque la protección pública ha aumentado, muchos trabajadores enlazaron estos años empleos temporales con periodos de paro, lo que reduce el tiempo de cobro de la prestación. La falta de red familiar de muchos inmigrantes es otro dato preocupante.

En casi todo lo demás, la recesión imperante es ya peor que la de 1993. Sobre todo, después de los últimos datos del PIB (véase gráfico). Ya sea respecto al trimestre anterior (-1,8%) o respecto al mismo periodo del año pasado (-2,9%), esta crisis ya ha ido más lejos que la de 1993 en contracción de la actividad económica. El deterioro de las cuentas públicas, uno de los aspectos críticos de la recesión de los noventa, será también mayor, si se atiende la estimación del Banco de España, que prevé un déficit superior al 8% del PIB.

Es ya la crisis más destructiva de la democracia, que padeció otro breve periodo recesivo en los años ochenta del siglo pasado. Y, si las previsiones se cumplen, será de largo, la más extensa. El PIB dará marcha atrás, al menos, durante dos años (ocho trimestres). Para hallar un periodo de contracción de la actividad económica similar hay que retrotraerse a la Guerra Civil.

Más dudoso es considerar esta crisis la más profunda desde la contienda militar. Las series del Instituto Nacional de Estadística se paran en 1970, pero varios historiadores han reconstruido series más extensas. El trabajo del catedrático Leandro Prados de la Escosura (véase gráfico superior) refleja una caída en la actividad mucho más acentuada a mediados de los cuarenta, cuando las sequías golpearon una economía de posguerra muy debilitada.

El uso de tasas logarítmicas para corregir asimetrías entre las variaciones al alza y a la baja, y la utilización de los datos de 1958 (referencia para la primera contabilidad nacional) como año base hasta 1964, suavizan en la serie de Prados de la Escosura el impacto de la recesión que siguió al plan de estabilización de 1959. Pero el estudio del catedrático Albert Carreras, a partir de datos del Banco de España y referenciado a 1970 (gráfico de la izquierda) sitúan esta crisis, que antecedió al desarrollismo franquista, un escalón más abajo.

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