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martes, 21 de abril de 2009
COLUMNA

Parábola de la rana hervida

Si a una rana se la pone en una olla, sobre un fuego intenso, buscará saltar y escaparse, mientras que si la ponemos en una olla en agua a temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando se va aumentando la intensidad del fuego, la rana quedará cada vez más aturdida y finalmente no estará en condiciones de salir de la olla. Los seres humanos reaccionamos igual que una rana. Saltamos si los cambios son repentinos y nos adaptamos si el cambio es paulatino. Peter Senge relata esta denominada parábola de la rana hervida en su libro La Quinta Disciplina, un ensayo sobre la construcción de las organizaciones inteligentes, donde se especula sobre cómo serán las empresas capaces de sobreponerse a las dificultades y enfrentarse a los nuevos retos del futuro. Por ejemplo, en una situación de crisis económica como la actual.

En el libro se afirma que todo cambio es estresante por definición, ya que aunque sea bien recibido altera la estabilidad. Y plantea que todos podemos regular el grado de estrés, manejando la cantidad de cambios que estamos dispuestos a tolerar. En Andalucía, José Antonio Griñán tiene ahora la cazuela por el mango. Y esta misma semana vamos a conocer el grado de hervor que está dispuesto a ponerle al agua. Si con el nuevo gobierno andaluz quiere que los ciudadanos demos un respingo, o simplemente va a continuar con la temperatura ambiente. O dicho de otra forma, si está en disposición de cambiar poco para que nada cambie; de cambiar todo para que no cambie nada, como diría Lampedusa, o de cambiarlo todo para que muchas cosas cambien.

¿Qué cantidad de cambios está dispuesto a realizar Griñán para no alterar la estabilidad del PSOE en Andalucía? ¿Y qué cantidad de cambios estamos dispuestos a tolerar los andaluces? No tengo ni idea de hasta dónde está dispuesta la organización socialista a dejar hacer a Griñán, pero por parte de los ciudadanos sí es fácil percibir bastante tolerancia ante la posibilidad de muchos cambios, a pesar de la inercia electoral que ha llevado a esta formación a ganar siempre en esta comunidad autónoma. Es más, estoy seguro que aquí nadie va a morir de estrés por muchos cambios que haya.

¿Por qué nada suele cambiar a pesar de tantos supuestos promotores del cambio?, se preguntaba en un manifiesto un político latinoamericano. Y decía: "Un cambio tiene que ser de cultura, de prácticas cotidianas, de esquemas económicos, de discurso, de actitudes y de referentes". En definitiva, tiene que ser un fenómeno colectivo que incluya también a los ciudadanos, que deben saber que la indiferencia ante la política es un acto de equivocada tolerancia. No ocurre sólo en Andalucía. También es un problema globalizado.

El reto de Andalucía no es relevar sin estridencias al presidente de la Junta de los últimos 19 años, eso en todo caso será un problema del PSOE, sino salir cuanto antes de la actual crisis económica y de su principal efecto, el insoportable aumento del paro. La habilidad de Griñán para ver los árboles sin dejar de ver el bosque será determinante para el resto de la legislatura, ya que el verdadero desarrollo de una comunidad autónoma no se mide sólo por los indicadores de crecimiento económico, sino en índices de calidad de vida, educación, bienestar e inclusión social. Es alentador que en su primera comparecencia pública, tras su designación, el próximo presidente andaluz dijera que "la educación es la principal política económica en términos de rentabilidad".

La estructura política de la Junta, tras tres décadas de gobierno, se asemeja ahora a una olla de agua tibia donde demasiadas ranas llevan felizmente aturdidas mucho tiempo. La actual situación, sin embargo, reclama de una cazuela en ebullición, de la que se aparte lo quemado y donde los políticos que queden no paren de dar respingos.

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