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Reportaje:Un vaticano en Las Vistillas

Un paisaje en peligro

El Arzobispado quiere construir una 'ciudad de la Iglesia' en la cornisa occidental de Madrid

Francisco de Goya pintó  La pradera de San Isidro  desde la zona contigua a la ermita del patrón de Madrid.
Francisco de Goya pintó La pradera de San Isidro desde la zona contigua a la ermita del patrón de Madrid. MUSEO DEL PRADO

El mejor paisaje de Madrid peligra. La línea de cornisa que dibuja en cuatro escalones geológicos la hasta ahora arbolada fachada occidental de la ciudad, la misma que perfilaran en sus grabados y dibujos Teixeira, Winthuysen y Francisco de Goya desde la Pradera de San Isidro, va a recibir en las próximas semanas, si nadie lo remedia, hasta 28.604 metros cuadrados de construcciones de nueva fábrica. El promotor de la obra, con la oposición vecinal y municipal desde que se pergeñara el proyecto hace una década, es el Arzobispado de Madrid, que ha elegido este talud histórico, enclavado entre Las Vistillas y el ábside de la basílica de San Francisco el Grande, para edificar su compacta Ciudad de la Iglesia, con un edificio de fachada de hasta 140 metros.

La Comisión de Urbanismo, que precede al próximo Pleno municipal de fin de febrero, se apresta hoy a desechar las alegaciones vecinales en contra y a dar su luz verde a un proyecto denominado de Plan Parcial de Reforma Interior de la Cornisa del río Manzanares, del Arzobispado de Madrid.

El proyecto consiste en levantar sobre este espacio -tan unido a la imagen de la ciudad y de su paisaje- una Casa de la Iglesia, uno de cuyos edificios cuenta con 140 metros de fachada y 14.000 metros cuadrados de superficie, con su correspondiente estacionamiento para 200 plazas y cuatro plantas; además, una residencia de sacerdotes, con 3.147 metros cuadrados de superficie y tres plantas, más un centro integrado para mayores, de 5.557 metros cuadrados de superficie sobre la actual zona que ocupan la ermita de Santa María de la Cabeza y un hogar para indigentes en la esquina de la calle de Segovia y la ronda de igual nombre; más una biblioteca diocesana de San Dámaso, de 6.000 metros cuadrados, una calle abierta al tráfico en zona verde y otra, de igual apertura, con 1.600 metros cuadrados, que dividirá el llamado parque de la Cornisa, como la vía anterior, para uso particular del Arzobispado, según denuncia la Asociación Vecinal del Parque de la Cornisa.

Durante los últimos años, el Arzobispado de Madrid planeó ubicar su biblioteca diocesana de San Dámaso en el interior de la capilla del Obispo, en la plaza de la Paja, cerrada por obras desde hace una década. Es, con los Jerónimos, el único vestigio del estilo gótico tardío de la ciudad y una de las escasísimas joyas arquitectónicas medievales.

De prosperar este proyecto arzobispal, la ciudad de Madrid perderá también 15.000 metros cuadrados de zonas verdes, donde crecen hoy al menos quinientos chopos, abetos y otros árboles sobre frondosas praderas que tapizan el talud. El proyecto, ideado por el Arzobispado desde hace años y modificado en numerosas ocasiones desde 1997, ha sido objeto de una dura impugnación vecinal así como transacciones políticas entre el Gobierno regional y el Ayuntamiento, que dice recibir a cambio una escuela infantil de 1.001 metros cuadrados, con dos plantas, y una instalación de uso deportivo público de 5.213 metros cuadrados de superficie distribuidos en dos alturas.

Según la denuncia vecinal, la ejecución de este plan implicará la pérdida de la traza de la Cerca histórica de Felipe IV, tapial presente en toda la planimetría de Madrid desde el siglo XVII, así como la de los jardines tardorrománticos, herederos de los renacentistas que circundaban el palacio de los príncipes de Mélito desde 1570, legados a los Duques de Osuna y referencia de los jardines de El Capricho, en la Alameda de Osuna. De ellos quedan aún vestigios en el jardín del Seminario diocesano, un imponente edificio decimonónico de ladrillo que domina esta zona occidental de Madrid y que hoy se encuentra semivacío por falta de vocaciones sacerdotales. El seminario se erigió sobre el antiguo palacio ducal.

Una mera prospección arqueológica permitiría hallar los vestigios de este enclave renacentista, del que quedan todavía dentro del jardín del seminario una antigua fuente junto a una columna de orden toscano, además de numerosas escaleras de piedra para cubrir los desniveles de esta zona ataludada.

Para la paisajista Ángela Souto, "esta cornisa es el rasgo de identidad paisajística más singular de la ciudad". Souto, profesora de Paisaje en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, remarca que "la cornisa se asienta sobre un escarpe o promontorio geológico que da su personalidad a la ciudad; se trata de un paisaje de una enorme fragilidad visual que hoy, ante este proyecto, se ve seriamente amenazado". Souto subraya además la presencia sobre la cornisa madrileña de "hitos, siluetas y torres, además de una base vegetal arbórea en los jardines del seminario". Y sentencia: "Todo este paisaje, si se construye sobre él, va a quedar destruido".

El arquitecto Vicente Patón resalta lo que define como "el macizamiento al que va a quedar sometida esta zona impar de Madrid". Y explica que "en su perímetro intean Francisco el Grande alberga hasta seis monumentos, entornos o elementos arquitectónicos catalogados como Bienes de Interés Cultural, es decir, que deberían gozar de la máxima protección urbanística reconocida por ley". Sin embargo, agrega el arquitecto, "tras sucesivos cambios en el Plan General de Ordenación Urbana, se van a imponer a toda la zona unos volúmenes de edificabilidad desmesurados e irreversibles, que implicarán además patios perimetrales para ventilarlos y elementos de cubierta con una presencia visual muy impactante". Y añade: "Todas las alegaciones que desde el Colegio de Arquitectos y desde la Comisión de Patrimonio se formularon en su día contra esta desmesura rebotaron en el Ayuntamiento", destaca Patón, "menos una que criticaba el primer proyecto arzobispal que consistroyecto arzobispal que consistía en colocar ahí un enorme adefesio de cristales".

"El área de la cornisa ha sufrido del olvido por verse encerrada en una bolsa incomunicada con la ciudad", se lamenta desde Viena Álvaro Bonet, que realiza en la capital austríaca una estadía de Arquitectura y Paisajismo. "Sin embargo, su valor patrimonial histórico y medioambiental es enorme", añade. "Ya el proyecto del arquitecto Juan Navarro Baldeweg de 1982 se proponía integrar el área en la ciudad y hacía un cosido que convertía la zona del seminario en un jardín público". Por cierto, Las Vistillas y el Seminario, pese a hallarse incomunicadas, se conectan con un vínculo visual potente.

Para Milagros Hernández, concejal de Izquierda Unida, "el equipo de Gobierno municipal cede aquí suelo público urbano a una institución privada como la Iglesia católica, que quiere levantar sobre un espacio de todos su Vaticano particular". Francisco de Santiago, asesor del Arzobispado consultado ayer al respecto, remitió al ingeniero Ramón Colsa para ampliar la información del proyecto. Sin respuesta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de febrero de 2009