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domingo, 20 de julio de 2008
Crónica:

La abuelita sexy del Summercase

Debbie Harry, con 63 años, hace bailar a 20.000 veinteañeros

Boadilla del Monte 20 JUL 2008

Ah, las piernas de Deborah Harry. Historia libidinosa de la música pop. Se hacían apuestas en las primeras filas minutos antes de su concierto en el festival Summercase. "Seguro que se las cubre con unos pantalones", decía uno. "A ver si van a ser postizas", le respondía el amigo chistoso. Ni lo uno ni lo otro. Debbie, de 63 años, se deslizó (porque eso es lo que hace esta señora) por el escenario con unos mini pantalones rojos que permitieron que los 20.000 espectadores, la mayoría veinteañeros, disfrutaran de las todavía esbeltas piernas de la diva pop y de su enérgica música. Debbie dejó su mascota, un muñeco de peluche, al pie de la batería y se empeñó en recordar las buenas canciones que se hacían en la nueva ola. Dos chavales, Noel Ventas, de 27 años, y Raúl Moreno, de 25, agitaban un mega póster con la imagen pintada por ellos de la rubia más famosa de la música pop (¿o es que no sabías que Madonna era teñida?). "Sí, somos muy jóvenes, pero es que las canciones de Blondie tiene una energía increíble. Hemos venido al festival sólo a verla a ella. Y está estupenda. Desde luego, nuestra abuela no está así", decían mientras bailaban.

El momento del festival: un tema de Blondie que bailó toda la chavalería

Si Jim Morrison viviese mataría por sonar como Grinderman

El grupo, en el que también permanece el otro fundador, el guitarrista Chris Stein, celebró el 30 aniversario de su disco más popular, Parallel lines. Demostró que se puede pasar de los sesenta e ignorar en un concierto de más de una hora ese ritmo que se llama balada. Nerviosa electricidad. En la retina, el momento del festival: un discotequero Heart of glass que bailó toda la chavalería. Una setentera bola de espejos miraba al personal desde lo alto del escenario y parecía hasta que sus lucecitas centelleaban con más fuerza ante el sorprendente panorama.

Más momentos estelares de este Summercase. Si un tipo tan rudo como Nick Cave, vestido con un traje y una camisa malva con los cuatro primeros botones de arriba desabrochados, te señala y te dice con esta voz de hombre que le sale de su cavernosa garganta "I love you", lo normal es que se te hiele la sangre y mires para atrás. "¿Es a mí?". "Sí, a tí, a la chica de las gafas". Glups. Cave salió al frente de Grinderman, una banda de rock sucio que ha formado con unos barbudos y bigotudos tipejos que debería fichar ya Tarantino para su próxima película. Es un grupo que se mueve con agrado entre la maleza y, encima, allí es capaz de encontrar flores. Son cuatro tipos baqueteados en mil bares, de vida difícil, con rostro de mármol, sin escrúpulos, pero con un código de honor inexpugnable. Escupieron su rock de hombres y triunfaron. Si Jim Morrison contase ahora 50 años, los que tiene Cave, mataría por sonar como Grinderman. Y atención al naufrago que tocó a la derecha de Cave. Una especie de aborigen australiano que parecía haber pasado toda la vida en la selva y, de repente, le hubieran soltado en un escenario. El tipo se mostraba como desorientado, pero tocó las maracas, el violín, una mini guitarra de play-movil y lo que le echasen con una salvaje enjundia. Un fiera. Blondie y Grinderman fueron los dos triunfadores de la segunda y última jornada de Summercase, que se ha convertido en una especie de M-80 del indie: viejas glorias (Blondie, Sex Pistols, The Verve, Stranglers, Primal Scream...) más que nuevos valores.

Los festivales son un buen escaparate para encontrar las invenciones más ingeniosas del ser humano. Siempre hay un artilugio que te sorprende. El de Summercase 2008 fue el vaso-llavero. ¿Perdón? Sí, plenos de conciencia ecologista, los organizadores se han sacado de la manga un recipiente azulito de plástico duro que, una vez utilizado, se cuelga en la trabilla del pantalón para una posterior utilidad. Así, ves a todos los summers paseando con su vasito bamboleándose en la cintura. Una lástima que en el recipiente sólo quepa el contenido de una caña pequeña y a tres euros. Qué la cosa económica no está para grandes dispendios. Por cierto, un público bastante joven éste de Summercase, de estética más o menos indie y de movimientos civilizados. Y guapetón. "He venido sólo por Grinderman y por las tías, que están buenísimas. He estado en el Electric de Getafe, en el Kobetasonic de Bilbao y en otros, y no había chicas guapas. Aquí, miras a cualquier lado, y te encuentras con tías buenas". El relato es de Jon Aguirre, donostiarra de 24 años que tiene a muchos kilómetros de distancia a su novia durante los próximos dos meses. Suerte, chaval. A ultima hora, un summer cantaba a Nirvana en un videojuego Singstar, una de las atracciones del festival. De regalo, un chapuzón en una pequeña piscina. Una vez más, la prueba de que el parque de atracciones musical se impone. Habrá que acostumbrarse.

La cantante de Blondie, Debbie Harry, durante su actuación anoche en el festival de Boadilla. / ÁLVARO GARCÍA

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