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XVI Congreso del Partido Popular

Rajoy se libera del aznarismo

El líder y Aznar se enzarzan en un choque sobre los principios - Gallardón entra en un reducido Comité de Dirección - Aguirre, gran derrotada del congreso

Mariano Rajoy ha logrado evitar una candidatura alternativa, pero ayer se encontró con algo peor: una enmienda a la totalidad de su mentor, José María Aznar. El ex presidente llenó su discurso de reproches indirectos a la línea de su heredero, pero al final le dio una tregua al concederle su "apoyo responsable" -esto es, no convencido-. Por la tarde, Aznar se ausentó durante el discurso de Rajoy.

El jefe de la oposición se defendió de los ataques -"no vamos a cambiar el rumbo; vamos a hacer las mismas cosas, pero mejor"-, y reivindicó el diálogo "con todos", nacionalistas incluidos. Sin embargo, aunque lo niegue en público, Mariano Rajoy le dio la vuelta al PP como un calcetín, machacando a los críticos. La gran perdedora es la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, y el vencedor, después de Javier Arenas, el hombre fuerte, es el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, que entrará por primera vez en el reducido Comité de Dirección (nueve miembros).

Aguirre no logró que Rajoy contara con su 'número dos', Ignacio González

Aguirre: "Es fácil ser integrador con los del botafumeiro. Con los críticos es difícil"

Estará allí con la secretaria general, los vicesecretarios y los portavoces parlamentarios. Mientras Aguirre se queda fuera del poder en el PP, el alcalde logra al fin entrar en la cúpula con capacidad de decisión y se coloca mejor para la sucesión.

Rajoy fue elegido presidente con el 84% de los votos. Cuatrocientos nueve compromisarios mostraron su rechazo al líder votando en blanco. En la historia de los congresos del PP nunca se había producido un voto en blanco tan elevado con una sola candidatura. Rajoy fue elegido en el anterior por el 98,37%. Aznar obtuvo en 2002 el 99,5% de los apoyos.

Cinco años después de de ser alumbrado como líder, Mariano Rajoy está tratando definitivamente de matar al padre que le convirtió en su heredero, José María Aznar. Pero ése es un proceso siempre doloroso. Y ese drama que se está viviendo en silencio en la cúpula del PP explotó ayer delante de todos los compromisarios del congreso popular en Valencia.

Fue en un gesto. Aznar, que acababa de dejar clara su enorme distancia política con su sucesor -llegó a decir que Rajoy tiene su "apoyo responsable", esto es, nada entusiasta ni convencido- logró poner en pie a los compromisarios con una frase que parecía una daga contra Rajoy: "Nosotros tenemos que ser el partido en el que confíe la mayoría de los españoles. No el partido que gustaría a nuestros adversarios". El aplauso seguía y seguía, mientras el líder trataba de mantener la compostura en su asiento.

Y entonces, a su alrededor, entre los miembros de la dirección, algunos, pocos, comenzaron a alzarse. La primera, Esperanza Aguirre, la gran rival de Rajoy, que enseguida se acercaría a las cámaras para celebrar el "magnífico" discurso de Aznar. Con ella, Sebastián González, mano derecha de Ángel Acebes. Y Carlos Aragonés, ex jefe de gabinete de Aznar muy crítico ahora con Rajoy. Y Ana Mato, una aznarista de pro a la que el líder ha recuperado como vicesecretaria de Organización. Los marianistas, todos, permanecieron sentados.

Era el gesto más claro de una ruptura política que está detrás de todo lo que ha pasado en estos tres meses. El PP que se dice defensor de los principios, el que reivindica la oposición dura, frente al que quiere cambiar el discurso para ganar votos.

El congreso se convierte así en el cónclave en el que un aznarista de pro como Rajoy, que se lo debe todo al ex presidente, entierra su línea política. Y Aznar, en un discurso plagado de reproches indirectos a su heredero, le dejó muy claro que el PP que él representa está vigilante y no le gustan las matizaciones del discurso clásico que está haciendo el jefe de la oposición.

Los marianistas, después de escuchar a Aznar, estaban muy molestos sobre todo por esa idea del "apoyo responsable". "No tenía por qué adjetivarlo, lo ha hecho para dejar claro que le apoya sólo porque es el único candidato, no porque le guste", sentenciaba uno de ellos. Mucho más lejos fue Jesús Posada, un veterano diputado que fue ministro de Agricultura: "Ha sido un discurso impropio de un presidente de honor".

La versión oficial hacía esfuerzos por bajar la tensión y asegurar que no hay ningún problema entre Aznar y Rajoy, pero el ex presidente volvía a decirlo todo con un gesto. Mientras Rajoy tuvo que tragar quina escuchando todos los reproches y especialmente el homenaje de Aznar a María San Gil y José Antonio Ortega Lara, el ex presidente le dio plantón por la tarde. Cuando Rajoy lanzó su discurso de candidato, en el que evitó cuidadosamente citar a San Gil, Aznar ya se había marchado. Los gestos no pueden ser más evidentes. El día anterior llegó una hora y media tarde, dejó claro que sólo estaba allí para escuchar a Ángel Acebes, y saludó con frialdad al líder. Y ayer se fue para no tener que escucharle.

Rajoy, fiel a su estilo muy poco mitinero, no logró levantar al público como lo había hecho Aznar por la mañana. Fue muy aplaudido, pero no tanto como su antecesor. El líder dedicó la mayor parte de su larguísima intervención a defenderse de los ataques que le había lanzado por la mañana Aznar, una especie de compendio con suavidad en las formas -menos agresivo que de costumbre- y contundencia política en el fondo de todas las críticas que ha recibido Rajoy en los últimos meses.

El presidente del PP, que se presentaba como el único candidato a la reelección, insistió una y otra vez en que él no ha cambiado sus principios, y para ello hizo una defensa encendida de la nación española y del eje del discurso popular en los últimos cuatro años. "Teníamos razón", insistió, pero "no basta con tener razón, es preciso que nos la den". Por eso, para tener más votos, hay que cambiar algunas cosas, explicó. Sobre todo la imagen del partido. Dejar de ser "monotemáticos" con el terrorismo y la unidad de España y "dialogar con todos", incluidos los nacionalistas, para "erradicar los prejuicios" que se han instalado en buena parte de la sociedad, especialmente en Cataluña y el País Vasco, contra el PP. "Primero ganamos las elecciones, y después dialogamos, por ese orden", le había dicho Aznar.

Pero al margen de sus palabras, Rajoy habló ayer a través de sus decisiones. Y con ellas le ha dado la vuelta por completo al PP, que abandona la etapa dominada por Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, en menor medida Esperanza Aguirre y, sobre todos, los medios conservadores que les apoyaban.

En las últimas semanas, Rajoy prometió que iba a hacer una candidatura de integración. Pero no fue así. El líder aniquiló políticamente a todos los que le han lanzado algún reproche en las últimas semanas. Rajoy ha sido implacable con su oposición, a la que ha ido destruyendo poco a poco hasta el mazazo final de ayer.

La conformación de la dirección deja como gran derrotada a Esperanza Aguirre y todos los que se han atrevido a criticar al líder. Una anécdota da la idea de la enorme distancia entre estos dos grandes rivales políticos, ahora ya y tal vez para siempre representantes de dos PP aparentemente irreconciliables. Rajoy le pidió el jueves a la presidenta de la Comunidad de Madrid que le diera dos nombres para el Comité Ejecutivo. Le insinuó, sin decirlo claramente, que no debía estar entre ellos Ignacio González, el vicepresidente, que había criticado con dureza la gestión de Rajoy en los últimos meses, y lo ha pagado caro. Ella se lo pensó, y el viernes por la noche le mandó un mensaje de móvil -es una gran aficionada- con sus dos nombres: Ignacio González -que ya entró en 2004- y Francisco Granados, números dos y tres de su equipo. Rajoy anunció ayer que va a meter a dos consejeros en el Comité Ejecutivo y uno en la Junta Directiva: Alfredo Prada, Juan José Güemes y Manuel Lamela. Ninguno había sido propuesto por ella, una forma evidente del líder para mostrar su distancia y para tratar de dividir el equipo de Gobierno de Madrid, hasta hace poco una piña en torno a su presidenta. Ella dejó ver en público su enfado: "Ser integrador con los del botafumeiro es fácil. Lo difícil es serlo con los críticos".

Los aguirristas confiaban al menos en un premio de consolación: que Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid y enemigo eterno, se quedara sin nada. Que Arenas se convierta en el hombre fuerte del PP no es plato de buen gusto para los aguirristas, pero ver a Gallardón en la cúpula es más duro.

Pues también. Rajoy leyó en público una serie de nombres con tareas ejecutivas que conformarán el comité de dirección. Y al ver que entre ellos no estaba el alcalde respiraron tranquilos. Pero el golpe más duro vendría un poco más tarde. Ya en 2004, Aguirre vio cómo Rajoy, que siempre ha tenido mucha más confianza política en Gallardón, lo colocaba en maitines mientras ella se quedaba fuera. Pero ahora el líder ha decidido suprimir ese órgano no estatutario y sustituirlo con un reducido Comité de Dirección en el que se tomarán todas las decisiones importantes. Maitines era una asesoría, no decidía. En el Comité de Dirección estarán Rajoy, la secretaria general, Dolores de Cospedal, los tres vicesecretarios, Javier Arenas, Ana Mato y Esteban González Pons, los portavoces parlamentarios y Gallardón. El alcalde logra así, al fin, colocarse en la estructura de poder real del partido, por encima incluso de un barón regional tan poderoso como Francisco Camps, que ha quedado un tanto relegado.

Aguirre se queda así totalmente descolgada. Sin embargo, su poder como presidenta de Madrid sigue siendo enorme y ella no ha mostrado ninguna voluntad de rendirse. La batalla entre los grandes líderes del PP -él, derrotado dos veces, controla el aparato, ella, vencedora por mayoría absoluta, no tiene poder en el partido- va a continuar y será casi tan dolorosa como el asesinato del padre, llamado Aznar, que ayer perpetró definitivamente Rajoy.

Las propuestas de Rajoy

- Respaldo a la lucha contra ETA. "Yo ansío que ETA sea derrotada. Si el Gobierno rectifica sus errores del pasado y se decide a procurar esa derrota, yo estaré detrás; todo el Partido Popular estará detrás"- Acuerdos con el Gobierno. "Me gustaría que España contara con pactos de Estado para la lucha contra el terrorismo, para la organización territorial, para la reforma de la Justicia y para la política exterior. Un 'no' cobra mucho más valor cuando también se sabe decir sí"- Diálogo con los nacionalistas. "Hay muchas materias de las que hablar y hay más de un terreno en el que será posible llegar a acuerdos razonables. ¿Acaso vamos a renunciar a acuerdos con ellos para, por ejemplo, combatir los efectos de la crisis económica?- Cambios en la forma de hacer oposición. "No vamos a modificar ninguno de nuestros principios, pero debemos mejorar algunos procedimientos. Debemos sembrar mejor. No quiero que se manipule nuestra imagen. No quiero que nadie vote al Partido Socialista para que no gane el Partido Popular. Que se diga que somos ajenos al sentir de algunas partes de España. (...) Ni somos monotemáticos ni podemos permitirnos parecerlo. (...) Y debemos estar dispuestos a dialogar con todos"- Confianza en la victoria en las generales. "No niego la derrota ni la disimulo. Digo que era verosímil que ganáramos. Digo que lo teníamos al alcance de la mano y afirmo que la próxima vez vamos a ganar. Me siento capaz, con fuerzas, con ilusión de ganar las próximas elecciones generales"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de junio de 2008

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