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martes, 5 de febrero de 2008
Reportaje:talentos

Stephen el memorioso

Un artista británico registra en su cabeza ciudades que reproduce fielmente

Stephen Wiltshire (Londres, 1974) es un artista inglés de aspecto juvenil que aprendió a hablar a los nueve años. Pero desde los cuatro ya se comunicaba con el mundo a través de la plumilla y el pincel. Curiosamente la primera palabra que pronunció fue "papel".

Diagnosticado de autismo, el niño Wiltshire, cuyos padres emigraron a Inglaterra procedentes de las Antillas, se dedicó a reproducir todo lo que sus ojos capturaban y su mente grababa fielmente. "Me fascinaba ver los edificios desde el autobús y después pintarlos", afirma ahora en Madrid, a pocas horas de empezar una de sus ya populares hazañas.

Diagnosticado de autismo, se dedicó de niño a dibujar todo lo que veía

Lo que la mente de Wiltshire graba, luego no lo olvida jamás

El sábado pasado, Wiltshire sobrevoló la ciudad en helicóptero durante unos 30 minutos, acompañado de su inseparable hermana Anette y de personal de BT Global Service, la empresa que le ha invitado. Con las imágenes que memorizó, empezará hoy a dibujar la ciudad, en un enorme lienzo, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Tanto el desarrollo como el enorme cuadro final podrá ser observado por quienes se acerquen allí a partir de hoy y hasta el miércoles.

Los edificios y las calles son la materia prima de sus obras. Grandes urbes como Tokio, Nueva York, San Francisco, Londres, París y Roma ya han sido capturadas y plasmadas con detalle sobre papel y con plumilla por este artista sui géneris.

Un impresionante vídeo en el que se superpone su Catedral de San Pedro con una panorámica real de Roma se puede ver en su página web www.stephenwiltshire.co.uk, donde también exhibe las obras que vende en su propia galería londinense.

La revelación de su talento vino después de que sus profesores en el colegio observaran una reproducción del Big Ben hecha de memoria y en pocos minutos por el niño que más tarde, con tan sólo 12 años, su talento fue destacado por el mismísimo director de la Academia Británica.

Con el tiempo y gracias al interés de varios neurólogos, el diagnóstico sobre la genialidad de Wiltshire ha cambiado. Su caso se conoce como síndrome de savant (síndrome del sabio), el mismo que padecía Rain man, aquel ser maravilloso que le hizo ganar su segundo Oscar a Dustin Hoffman. La cinta es, además, una de las películas favoritas de Wiltshire.

Habla pausadamente y a parte de una sonrisa tímida, el interlocutor no logra percibir sus emociones. No mira a los ojos y sus respuestas son cortas y simples. "Me gusta escuchar música pop de los ochenta y me gusta ver televisión" dice este joven de estatura baja, mientras se acomoda una gorra de los Yankees de Nueva York. A simple vista, Stephen Wiltshire pasaría por un rapero o un grafitero. Y su estética no dista mucho de esa cultura urbana. Sencillamente le fascina la vida en la ciudad, "los edificios, el humo y los taxis amarillos de Nueva York". Distintos de los que hoy dibujará: los blancos y típicamente madrileños que transitan entre las grandes torres y las viejas joyas arquitectónicas que conforman el paisaje de la ciudad.

Antes de volver a su casa en el oeste de Londres, donde vive con su madre, a este genio le quedan tres escalas: Dubai, Jerusalén y Sidney. Ciudades que no ha visitado jamás, pero que logrará retratar para siempre, tras unos minutos de contemplación. Porque lo que su mente graba, no lo olvida jamás.

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El artista Stephen Wiltshire, ante la panóramica de Madrid que reproducirá de memoria. Abajo, un boceto improvisado. / LUIS SEVILLANO

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