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A TOPE

"Eso aquí no gusta"

Uno de los momentos antológicos de la televisión pública vasca se produjo hace unos años, en un programa del corazón de sobremesa. La presentadora comentaba un vídeo de la artista entonces conocida como Tamara (luego ha sido Ámbar y una retahíla de nombres locos). La cantante del No cambié es natural de Santurtzi y así lo decía orgullosa en sus declaraciones. En cuanto oyó esto, la presentadora soltó la frase que pasará a los anales de la idiosincrasia vasca: "Esa chica no parece de aquí". Fue oír semejante chorrada y que se me atragantara el café. Expulsé mi sorbo de café como en las telecomedias americanas cuando les dan una noticia sorprendente. Como si fuera un surtidor, como un sifón.

La idea que subyace tras el comentario de la presentadora es la vanidad del vasco, la falsa creencia de que no podemos ser freaks, ni superficiales, ni cutres. Los vascos estamos hechos de otra pasta. No nos interesa el mundillo del corazón; nosotros somos más de humor inteligente, sabemos ser modernos, pero sin traicionar nuestras raíces. ¿Cuántas veces habremos oído "Eso aquí no gusta"? Lo que en realidad sucede es que somos un país de reprimidos. Los deseos subterráneos de un vasco no tienen nada que ver con lo que aparenta o dice. ¿Por qué creen que somos un país donde se liga más bien poco y, por otro lado, batimos récords de gasto en prostitución?

Hablo de todo esto porque acabo de leer en la publicación de Internet Vertele que Euskadi es la segunda comunidad donde mayor aceptación tiene Aquí hay tomate. Que no se me interprete mal. No quiero criticar este programa. Me parece que está hecho con gran talento y eficacia y además es sumamente adictivo. En definitiva, me parece un buen producto televisivo. Lo que me molesta es que si preguntásemos a cualquier ciudadano vasco dónde cree que Aquí hay tomate es más exitoso, diría sin pensárselo dos veces Andalucía o Valencia. Y estaría equivocado. Asturias y luego Euskadi. Sin duda se extrañaría de que arrase en Euskadi. "Eso aquí no gusta..." Error. Gusta y mucho. No sólo somos país de escaladores de ochomiles, cocineros de prestigio internacional o cantantes de ópera que actúan en los mejores escenarios del mundo, sino que también somos el país que parió a Tamara y hay que aceptarlo. Debemos quitarnos los complejos, asumir nuestro horterismo y banalidad. Además, es mucho más gracioso ser un país donde hay un Arzak, un Bernardo Atxaga y una Tamara.

El programa de televisión del que hablaba al comienzo intentó en su primera temporada hacer una crónica social con personalidades vascas, rehuyendo de comentar las vidas de la Obregón o la Pantoja. El resultado era desolador, ya que la entrega de los premios Sabino Arana o un concierto de Benito Lertxundi no eran material utilizable para un programa rosa. Luego se hartaron a hablar de tonadilleras, actrices liadas con futbolistas y, por supuesto, de Tamara, que aunque no pareciera de aquí, su vida interesaba mucho a los vascos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de agosto de 2007