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Crítica:POESÍA

El murmullo de la existencia

Portavoz de la conciencia turbada de una época, Los señores del límite reúne parte de los mejores poemas y ensayos poéticos de Auden, autor de una técnica virtuosa.

Entre las opiniones que la obra del británico Wystan Hugh Auden (York, 1907-Viena, 1973) ha suscitado a lo largo de los años, la de Mario Praz destaca por su ecuánime rigor, lejos de cualquier tono pedante y moralizador a pesar de sus "desacuerdos" con ciertos dictados poéticos de la época, y fijando muy bien en ella el fondo de reserva del pensamiento de uno de los poetas mayores del siglo XX: "La brillante imaginación de Auden, su humor satírico y apasionado, trascendían su identificación con una determinada posición política. Se convirtió en el portavoz de la conciencia turbada, ansiosa y desdeñosa de toda una época. Sus flechas apuntan contra la hipocresía de las emociones, la sentimentalidad y la seudofilantropía burguesas". Quizás por ello sea el poeta que ha ejercido una mayor y destacada influencia en las sucesivas generaciones literarias, con las que en algún momento compartió un trayecto vital marcado por dos guerras mundiales, las revoluciones Rusa y China, la ascensión y caída del fascismo, y tres décadas de guerra fría, capitalismo y cultura de masas: "De infamar el paisaje de lo Notable y ver / Cómo la sangre de lo Personal sufre un paro sistólico, / Los Altos se deshacen en polvo reducido".

LOS SEÑORES DEL LÍMITE. Selección de poemas y ensayos (1927-1973)

W. H. Auden

Traducción, selección y prólogo de Jordi Doce. Edición bilingüe

Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2007

493 páginas. 21,90 euros

Como bien dice Jordi Doce en su preciso e iluminador prólogo, que es un brillante examen de la inteligencia y del genio natural del escritor, de su posición y medida en la literatura de su tiempo, "Auden es uno de los poetas más copiosos y prolíficos del siglo XX, pero el valor de su obra no depende tanto de un corpus invariable de textos como de las relaciones dialécticas -dialogantes, conflictivas o compensatorias- que establecen entre sí", pues su "poesía está en un estado constante de flujo". Nada más cierto, pues tanto su dominio riguroso de la lengua y de la arquitectura verbal, como su variedad y renovación temática, hacen que el poema alcance un valor instrumental hasta esos momentos desconocido. La modernidad más absoluta entra de forma clara no sólo en la poesía inglesa, sino también, y de su mano, en toda la escritura poética que le sigue: "Como el resto de fugitivos, como / Las flores incontables que no saben contar / Y las diversas bestias que no tienen recuerdos, / Hoy es el día en que hemos de vivir".

Los señores del límite reúne la mayor parte (a excepción de los más extensos y refractarios a la fragmentación) de sus mejores poemas y ensayos sobre poética (incluido el poema España, que el poeta eliminó de sus poemas completos), y a pesar de las dificultades para establecer visiones globales y justas en una obra tan grande y amplia, ofrece sin duda una muy satisfactoria panorámica de la escritura de Auden como un todo fluyente y evolutivo, mostrando equilibradamente las marcas más significativas de una personalidad poética única. La verdad, así, sin adjetivos ni restricciones, fue su obsesión más certera y apasionadamente comprometida: "La poesía no es magia. En la medida en que la poesía, como cualquier otro arte, puede tener un objetivo ulterior, ese objetivo es decir la verdad, y así desencantar y desintoxicar". De ahí su continuo juego intelectual, su meticulosidad e ironía, la variedad inconforme de unos textos en permanente diálogo, la voz de un yo nada tradicional, sino indiscriminadamente personal y verdadero. La emoción surge precisamente de la discursividad, de la capacidad intransitiva del lenguaje, de la mezcla sutil de voces y tiempos, de tonos, temas y formas, sin altisonancias, pues como dejo dicho, "nada es peor que un mal poema que pretendía ser grande".

Traducir y dar cuenta de una técnica virtuosa, poner de manifiesto el cuestionamiento de las certezas más definidas de su tiempo, que es lo que lleva a cabo la escritura de Auden, es empeño difícil. Jordi Doce cumple el reto brillantemente y, más allá de la trasposición literal, es capaz de establecer intensas y hermosas versiones, en relación directa con el espíritu del original, certeramente poéticas en castellano. Los versos finales del que quizás sea uno de sus mejores poemas, Elogio de la caliza, muestran la intensidad dramática y la fortaleza de una obra entera: "mas cuando intento imaginar un amor sin defectos / O la existencia por venir, lo que oigo es el murmullo / De aguas subterráneas, lo que veo es un paisaje calcáreo". Firmeza y honestidad. Arte y vida.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de agosto de 2007

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