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Reportaje:

Yemen se olvida de sus víctimas

Los familiares de los dos conductores heridos en el atentado deploran que el Gobiernoyemení no se interese por ellos mientras se vuelca con los turistas españoles

"De repente, se produjo una gran explosión y sentí como si la tierra se moviera bajo mis pies", recuerda Marwan Husein Ibn Ajlan, uno de los dos conductores que sobrevivieron al atentado contra los turistas españoles en Yemen. Otros dos murieron en el acto. Aún desorientado y con las huellas del atentado en su cuerpo, este joven maestro de 23 años tiene palabras de condolencia para los españoles. Sus familiares y amigos se quejan de que las autoridades yemeníes se han volcado con los turistas y se han olvidado de ellos. Ni siquiera han asistido a los entierros.

"Lo primero que recuerdo después es el sonido de las sirenas de las ambulancias, pero no sé cuánto tiempo pasó", admite sentado en el salón de la casa de su tío en Saná, adonde su padre lo trajo inmediatamente para que recibiera tratamiento médico. "Cuando logré salir del coche ya estaban allí los equipos de rescate. Me sentí aterrorizado. Jamás en mi vida imaginé que iba a ver algo así. Había restos humanos por todas partes...".

"Ni siquiera trajeron su cadáver en el helicóptero; tuvimos que ir a buscarlo", se duele Al Nosieli

"Nadie del Gobierno nos ha llamado o se ha interesado por nosotros", afirma el padre de Mohamed

Marwan habla despacio y se interrumpe cada poco, para tomar aliento y para recomponer en su mente unos recuerdos que una parte de él está tratando de olvidar. A veces requiere la ayuda de los numerosos parientes que le rodean, todos hombres, para completar un relato que ya les ha contado antes a retazos. "Se echó las manos a la cara y se dio cuenta de que estaba cubierto de trozos de carne de los otros", apunta alguien al otro lado del salón. "Noté que estaba entero y traté de ayudar a mis colegas y a los turistas, pero no veía por el ojo derecho porque sangraba", prosigue su exposición mientras, a duras penas, logra mascar el qat, la hierba con la que los yemeníes animan sus reuniones sociales. En el globo ocular se aprecian unos coágulos, tiene varios puntos de sutura bajo la ceja izquierda y todo su rostro está inflamado. Además, tiene quemaduras en el brazo izquierdo y una herida de metralla en el pecho.

Marwan dice que él no se percató de nada sospechoso durante la visita, ni mientras estaban en las presas ni en el templo de la Reina de Saba. "El plan era visitar el otro templo y la ciudad antigua para volver al hotel a la puesta de sol", desgrana antes de recordar repentinamente a su amigo fallecido. "Cuando los españoles se acercaban al coche, Ahmed me pidió una botella de agua fría. Fueron las últimas palabras que intercambié con él".

Sin embargo, el otro conductor herido, Ahmed Taher -al que todos llaman Abu Asil- ha contado a Mohamed al Nosieli, copropietario junto a su hermano Nabil de BTA (la agencia que había organizado el viaje y contratado a los conductores), que vieron un Suzuki Vitara observándoles, y sospecha que podría haber pasado información al suicida. Esta posibilidad fue mencionada el jueves por el diario del Ejército, Veintiséis de Septiembre. Pero el jefe de la seguridad de Mareb negó a los periodistas españoles la pista del Vitara, y Abu Asil está demasiado débil para dar una entrevista.

"Ha perdido un ojo, un trozo de metralla le quedó a tres centímetros del corazón y tiene muy dañado el pecho", señala Al Nosieli. Los propietarios de BTA están muy afectados por lo ocurrido. "Los muertos no eran sólo chóferes, eran nuestros amigos", subraya Mohamed. "La televisión se refiere a ellos como mártires, pero ayer ningún representante del Gobierno o del Ministerio de Turismo vino al entierro de Mohamed", añade. Mohamed es Mohamed al Maslamani, uno de los fallecidos. "Ni siquiera trajeron su cuerpo en helicóptero con los españoles; tuvimos que ir a buscarlo", se duele Al Nosieli, que estuvo esperando en vano junto a su familia en el aeródromo. El otro fallecido, Ahmed Ali al Buraihma, era originario de Mareb y fue enterrado allí.

"Nadie del Gobierno nos ha llamado o se ha interesado por nosotros", confirma Husein Ibn Ajlan, el padre de Mohamed. Husein fue uno de los primeros yemeníes en trabajar como conductor para turistas, hace ya dos décadas. El lunes era él quien debía haber recogido al grupo de españoles en la capital, Saná, pero en el último momento le pidió a su hijo que le sustituyera. "En ese caso, él hubiera conducido el primer vehículo por ser el de más experiencia", interviene Al Nosieli. Husein levanta la mirada al cielo y con las manos abiertas da gracias a Dios. A Marwan le salvó ir en el último coche.

Aunque Husein se dé por contento con que su hijo haya sobrevivido, con su vehículo se ha esfumado la fuente de ingresos con la que mantenía a su mujer, sus 12 hijos y la joven esposa de Marwan. "Era su medio de vida. Ahora cuatro familias han quedado desamparadas", explica Al Nosieli. "Aquí no tenemos seguros ni nada por el estilo". Al Musalmani vendió su pequeño minibús para comprar el coche con el que trabajaba con los turistas "con la esperanza de mejorar su nivel de vida". Deja mujer y siete hijos. El mayor, de 15 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007