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Necrológica:

Ousmane Sembene, padre del cine africano

Novelista y director, combatió los abusos y la intolerancia en el continente y criticó la persistencia de la mirada colonialista

La muerte de Ousmane Sembene (Zinguinchor, Senegal, 1923) fue anunciada el pasado domingo en Dakar. Desaparece así quien justamente ha sido considerado el padre del cine africano. Fue también novelista esencial. Tenía 84 años.

Siempre fue un combatiente del arte. En 2004 rodó en Burkina Faso su última película, Muladé (Derecho de asilo), que no quería que fuese la última, y obtuvo premio en Cannes y Uagadugu, algo coherente con quien habló claro en Europa y en África. En su trayectoria constan dos galardones en Venecia. Fue cofundador en 1969 del mejor festival de África, el Fespaco de Burkina Faso.

Nacido en una familia de pescadores musulmanes de Casamance (sur de Senegal), fue alistado en los Tiradores Senegaleses del Ejército de la Francia Libre de De Gaulle en 1942. Tras la II Guerra Mundial, emigró a la metrópoli. Parecía condenado a un destino de mecánico en la Citroën en París y de estibador en Marsella. En 1947 se afilió al Partido Comunista francés, en el que organizó una huelga para evitar el embarque de armas contra los nacionalistas vietnamitas que combatían el régimen colonial de París.

Esas experiencias le sirvieron para aprender el suficiente francés como para escribir en 1956 la novela El estibador negro. Cuatro años después publicó Las astillas de Dios, sobre la huelga de los trabajadores del ferrocarril Dakar-Níger a finales de los años cuarenta: relato con múltiples personajes, que la crítica comparó a Germinal, de Zola.

Descubrió su pasión por el cine y se trasladó en 1960 a Moscú para estudiar dirección. Así pudo realizar en 1965 el primer largometraje africano, La negra de..., basada en un cuento propio, la historia de la doncella senegalesa de una pareja blanca, cuyo regreso a Francia rompe el futuro de la muchacha y la precipita en el suicidio. Duraba sólo una hora, dadas las dificultades de producción, pero ganó el Premio Jean Vigo.

Tres años después realizó la primera película en su idioma, el wolof, Mandabi, crítica de la corrupción. Tampoco cesó de publicar narrativa en los años sesenta: es autor de Harmatán, nombre del viento del desierto, sobre el referéndum de independencia en una capital africana, El mandato, y El último del Imperio, que se pinta un golpe militar.

Dirigió en total 10 películas. Emitai (1972) estuvo prohibida en Francia cinco años por su retrato del colonialismo. El éxito decisivo lo logró en 1975 con Jalá (Impotencia), una sátira sobre la obsesión de las autoridades religiosas y civiles del África occidental de asegurarse con hechizos el vigor sexual y por tanto el poder. El filme fue prohibido en Senegal. Sembene volvió a chocar dos años después con la censura islamista cuando rodó Ceddo, pero se las apañó para que internacionalmente se conocieran las escenas cortadas.

Toda la obra literaria y cinematográfica de Sembene expresa las contradicciones de las sociedades africanas entre modernidad y tradición, autoritarismo y respeto a la comunidad, corrupción y ansia de democratización. Tiene grandes similitudes, incluso en el humor, con la novelística del marfileño Ahmadou Kourouma, muerto en 2003 y autor de El sol de las independencias o Alá no está obligado.

Sembene nunca cultivó opiniones conformistas. "La ayuda humanitaria es lo peor", dijo. "Es como alimentar a alguien con pasteles o miel. Le haces perder contacto con la realidad, le haces incapaz". Tuvo claro que "nuestras películas deben entretener e inspirar y convertirse en tema principal de conversación". Siempre reivindicó un África "que intenta recuperar un pasado brillante que nos han robado, un África que no pierde la fe, un África que no representan nuestros líderes, ni esa multitud que pide limosna como se hace creer al resto del mundo. Para mí es un deber reflejar ese África".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de junio de 2007