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Necrológica:

Ángel Moliní, fotógrafo

Fundador de la Oficina del Defensor del Soldado, colaboró con EL PAÍS, 'El Mundo', 'Interviú' y 'Cambio 16'

Ángel Moliní Fernández, fotógrafo madrileño de 41 años, fue el fundador de la Oficina del Defensor del Soldado. Publicó sus fotos en diversos medios de prensa. Falleció en Madrid el pasado 17 de octubre.

A los 41 años ha muerto Ángel Moliní Fernández, quien deja sobre todo el recuerdo de una gran entereza ante la grave enfermedad que padecía y que fue minando cruelmente sus fuerzas. Y deja también una gran obra fotográfica, además de una entrega sin límites a causas altruistas.

Ángel Moliní comenzó su trabajo como fotógrafo publicando sus primeras fotos en diarios como EL PAÍS o El Mundo, y en revistas como Interviú y Cambio 16. Realizó también exposiciones en diversas salas de ciudades españolas y sus fotos fueron reproducidas tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Moliní se centró en la denuncia de la dramática situación que sufrían muchos jóvenes españoles cuando cumplían el servicio militar. Y consiguió con sus fotos que se despertase una repulsa social a esa situación hasta que llegó la profesionalización de las Fuerzas Armadas. Porque fundó la Oficina del Defensor del Soldado y luchó sin descanso por conseguir que el Estado de derecho llegase al interior de los cuarteles.

Ángel Moliní consiguió transmitir ese mensaje ante el Consejo de Europa, gran número de países y hasta la Rusia de Borís Yeltsin. Miembro muy activo de la Asociación Pro-Derechos Humanos de España, animó sus publicaciones y trabajó para asegurar la defensa de la dignidad de la persona en muy diferentes foros sociales.

Viajó bastante a Cuba y allí se relacionó intensamente con la sociedad cubana. En La Habana buscó y consiguió una gran solidaridad entre cubanos y españoles, además de materializar bastantes proyectos sociales que necesitaban un impulso.

Moliní dedicó también sus esfuerzos solidarios en el servicio de urgencias del hospital de la Princesa, de Madrid. Y aunque sus fuerzas estaban cada vez más mermadas, se presentaba ante los familiares y amigos de los pacientes recién ingresados para reconfortarlos. En ese sentido, unas veces les hablaba con palabras esperanzadoras, otras veces no podía más que compartir un café o un pitillo con ellos, y en algunas especiales, como por ejemplo después de los atentados del 11-M, les acompañaba en la esperanza de que las noticias no fueran demasiado malas.

También participó en programas de radio y se centró en lograr que la gente utilizase la red de Internet como un nuevo método de impulso social y participativo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de octubre de 2006