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domingo, 1 de octubre de 2006
Reportaje:

El gran salto americano de De Agostini

Marco Drago, socio de Planeta en Antena 3, ha convertido a la empresa familiar en un gran grupo internacional

El grupo De Agostini acaba de protagonizar la mayor inversión italiana en Estados Unidos, la compra de Gtech Holdings, el primer fabricante de equipos de lotería del mundo, realizada a través de su filial Lottomatica. Gtech es una compañía que se ha visto envuelta con frecuencia en el escándalo y de la que Richard Branson dijo que sería "la última empresa del mundo que compraría". Pero Marco Drago, el patrón de De Agostini, aspira a repetir el éxito de anteriores operaciones que han permitido a su familia ganar miles de millones de euros en los últimos años, entre ellas la compra de una importante participación en Antena 3 junto a su socio español, Planeta.

De Agostini y sus socios usaron un cómic en el que La Masa y los Cuatro Fantásticos exponían sus argumentos para vender Panini a Marvel

"Los ejecutivos con talento no fichan por una empresa familiar si ven que el dueño va a tomar todas las decisiones", asegura Drago

De Agostini vendió sus empresas de Internet antes del estallido de la burbuja. Con los fondos que logró se compró la lotería italiana

Allá por los años cincuenta, cuando era un niño, Marco Drago creía que tenía pocas posibilidades de imponerse a sus primos para dirigir la empresa editora propiedad de la familia de su madre, De Agostini SpA. "Algunos de mis primos vivían al lado del trabajo e iban a visitar a su padre al taller", recuerda Drago al rememorar su infancia en Novara, al sur de los Alpes italianos. "Nuestra casa estaba lejos de allí y mi padre no trabajaba en la empresa".

Hoy, no hay duda de quién manda. Drago, de 60 años, ha transformado a la compañía editora de mapas y enciclopedias gracias a su entrada a lo largo de la última década en negocios como los seguros, la lotería o la televisión, sector en el que controla junto a Planeta la cadena española Antena 3. Drago ha hecho una serie de compras y ventas que han permitido ganar a su familia más de 3.000 millones de euros en metálico y multiplicar los ingresos de la empresa hasta 4.930 millones en 2005, casi cinco veces el tamaño que tenía cuando asumió la presidencia en 1997.

Ahora, el editor convertido en mago de las finanzas ha culminado su más ambiciosa (y arriesgada) compra hasta la fecha. Está apostando un buen pedazo de la fortuna familiar en la adquisición por unos 3.600 millones de Gtech Holdings, el mayor proveedor de equipos de lotería. La compra es la mayor adquisición jamás realizada por una empresa italiana en Estados Unidos.

Una firma familiar

En un país dominado por grandes empresas familiares y famoso por flamantes empresarios como los Agnelli, los Benetton o Silvio Berlusconi, Drago sobresale por su discreción y su preferencia por usar gestores externos, dice Gianfilippo Cuneo, que dirige una firma de banca de inversión en Milán. "Te trata como un socio, no como un empleado", señala Cuneo, que ha presentado a Drago varias propuestas de adquisición.

"Los ejecutivos con talento no fichan por una empresa familiar si ven que el dueño va a tomar todas las decisiones", explica Drago. "Necesitan estar seguros de que tendrán libertad para tomar sus propias decisiones. No nos interesa el 'sí, señor".

Los miembros de la familia que quieren trabajar en la empresa han de cumplir estrictas exigencias, entre ellas la de tener cinco años de experiencia en otra firma.

Con la compra de Gtech, la filial de De Agostini Lottomatica, que gestiona la lotería italiana se convertirá en la empresa líder de un mercado mundial de 200.000 millones de dólares anuales, según la estimación de Deutsche Bank Securities. "Los contratos son tan lucrativos y estables que gestionar una lotería es como cobrar una pensión", dice un analista del sector. "Comprar Gtech es una decisión acertada", añade.

Drago ha mostrado un talento especial para comprar empresas en el momento justo y venderlas después con grandes plusvalías. Compró un 50% de Panini, el fabricante de cromos, por ocho millones en 1992 y lo vendió dos años después con una ganancia de 52 millones. Entre 1997 y 1999, invirtió unos 340 millones de euros en SEAT Pagine Gialle, el editor italiano de páginas amarillas, y vendió luego esa participación en 2000 con un beneficio de unos 1.800 millones de euros.

"La suerte siempre es importante, pero tienes que ir a buscarla", dice Drago, que tiene en su oficina una vieja reproducción del sistema solar, con los planetas girando en torno al sol. "Es difícil que la suerte te venga a buscar a ti".

El presidente de De Agostini ha recibido la ayuda en su caza de gangas de asesores como Cuneo, de 64 años, que dice que Drago está más abierto a las nuevas ideas que otros barones de la industria italiana.

"El estilo es similar al de Warren Buffet", dice Guido Corbetta, profesor especializado en estrategia de la empresa familiar en la Universidad milanesa de Bocconi, donde Drago se licenció en 1969 y fue nombrado alumno del año en 2001.

Socio de Planeta en Antena 3

El grupo De Agostini es propiedad de 30 familiares, incluido Marco Drago, que posee en torno al 5,7% el capital. El año pasado logró la mitad de sus ingresos de la aseguradora Toro, que compró a Fiat en 2003 y que vendió en junio a Generali por unos 3.900 millones de euros tras un ejercicio en el que el beneficio se duplicó hasta 334 millones. En contraste con ello, el beneficio bruto de explotación del negocio editorial, que vende libros y revistas en 30 países además de las tradicionales enciclopedias y mapas, se redujo un 42% hasta 32 millones en 2005.

De Agostini también posee inversiones en medios de comunicación como Antena 3 (que ha triplicado ampliamente el precio por acción pagado a Telefónica junto con Planeta), y empresas de distribución de cine y DVD, en las que el beneficio de De Agostini se triplicó con creces en 2005 hasta 29 millones. Además, el grupo tiene una filial en Luxemburgo que canaliza dinero hacia firmas de inversión.

Durante la mayor parte del siglo pasado, De Agostini fue famoso entre los escolares como editor de libros de texto y de mapas. La empresa fue fundada en Roma por Giovanni De Agostini, un geógrafo, que publicó un aclamado atlas de bolsillo en 1904 y un exitoso mapa de Italia en 1906. Se trasladó a Novara, en el corazón del industrializado norte en 1908. En 1919, Marco Adolfo Boroli, abuelo materno de Marco Drago, compró la empresa junto con un socio. Boroli, que tuvo seis hijos incluyendo a Giuliana, la madre de Drago, tomó el control pleno en 1946.

Dos de los hijos de Boroli, Achile y Adolfo, dirigieron la expansión de De Agostini tras la Segunda Guerra Mundial. En 1959 lanzaron una enciclopedia en 312 entregas, cada una al precio de un paquete de cigarrillos.

Giuliana Boroli se casó con Enrico Drago, proveedor de tinta de De Agostini. Cuando Enrico murió, Marco Drago tenía sólo 15 años y su tío Adolfo Boroli le convenció de que abandonase la idea de hacerse ingeniero para estudiar Economía en Milán. Luego le convenció de que se incorporase a la empresa cuando se licenció en 1969. "Tú ven aquí cada lunes por la mañana y te ganarás 150.000 liras (unos 80 euros)", le dijo. En 2005, el sueldo de Drago fue de 11,2 millones de euros.

Drago ayudó a dar el salto exterior a De Agostini. Se unió con Rand McNally para el lanzamiento de un atlas y en España se alió con Planeta. En 1991 ya estaba al frente de toda el área de publicaciones de De Agostini.

Un cómic para negociar

Drago empezó a aventurarse fuera del negocio tradicional de publicaciones y mapas en 1992 con la compra del 50% de Panini al magnate Robert Maxwell por ocho millones de euros. Dos años después, Marvel Entertainment les ofreció 100 millones a él y sus socios por el 100%. Drago y sus socios creían que valía más. Expusieron sus argumentos en un cómic con personajes de la propia Marvel. "El crecimiento internacional es la gran oportunidad", le decían los Cuatro Fantásticos a La Masa en una escena. Marvel subió su oferta a 120 millones, con lo que Drago logró siete veces lo invertido. "Lo pasamos bien con aquello", recuerda.

Uno de los primos de Marco Drago, Silvano Boroli, hizo carrera política con Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, por el que fue elegido senador, cargo que desempeñó entre 1994 y 1996. En 1997 disputó a Marco Drago el control de la empresa. En la junta de accionistas de ese año, Boroli y otra prima disidente, Marcella Boroli, exigieron tener presencia en el consejo, pero recibieron el voto en contra de la junta y acabaron por vender sus acciones a otros familiares ese mismo año. Silvano, que tenía la mayor participación de todos los primos (un 17%) por ser hijo único, dice que no le gustaba la cultura del pelotazo de Drago.

La nueva empresa de Boroli, B Holding, posee participaciones en viñedos y los periódicos Finanza & Mercati y Borsa & Finanza. Sufrió pérdidas de tres millones de euros el último año mientras el beneficio de De Agostini crecía un 16% hasta 448 millones.

Boroli asegura que no se arrepiente de haber vendido sus acciones, pese a que podrían haberle reportado millones, porque asegura que no le gusta invertir en juego. "Estoy contento de haberme ido. Nunca hubiera aceptado comprar Lottomatica por razones éticas".

Justo en la época en que Boroli negociaba su salida de De Agostini, los asesores de Drago le ofrecieron la oportunidad de invertir en Seat, las Páginas Amarillas italianas, uno de los activos que el Gobierno estaba privatizando para reducir deuda y entrar en el euro.

Cuneo formó un consorcio, Otto, que compró el 61% de Seat por 850 millones. De Agostini invirtió de entrada 29 millones de euros en el 14% de Otto, y elevó su paquete al 25% tras pagar 310 millones más en 1999.

Dueño de la Terra italiana

De Agostini y Seat compraron además el 66% de Virgilio, el equivalente al Olé o la Terra italiana, por sólo 8,5 millones de euros. Cuando llegó la burbuja tecnológica, Seat estaba considerado un valor de internet. En marzo de 2000, en pleno apogeo de la burbuja, Telecom Italia llegó a un acuerdo para fusionar su negocio de internet con Seat. De Agostini ganó 1.800 millones de euros por la venta de sus acciones de Seat y pactó vender por otros 700 millones su participación en Virgilio, justo antes del estallido de la burbuja.

En junio de 2001, en una gran fiesta privada de tres días para celebrar el centenario de De Agostini celebrada en un palacio renacentista a orillas del lago Como, la familia decidió invertir en nuevos negocios la gran liquidez lograda. "Pedí a la familia que me dieran su confianza y lo hicieron, y todos hemos salido ganando", dice Drago, que ha revolucionado la forma de gestionar la compañía. Convenció a la familia de que endeudarse para invertir no es malo. "Hasta 1990 yo vivía en un mundo en que la deuda era una deshonra".

En noviembre de 2001, cinco meses después de la reunión familiar, Drago dio otra campanada con su oferta hostil por Lottomatica, el gestor de la lotería italiana, por 1.170 millones de euros.

Satélites con queso

Su liquidez y capacidad de endeudamiento era tal que sus compras abarcaban de todo, desde una participación en Eutelsat que le reportó una ganancia de 64 millones en dos años hasta Galbani, el mayor fabricante de quesos italiano, cuya adquisición contribuyó a financiar. Una de sus mayores compras fue la aseguradora Toro, por la que pagó 2.400 millones a Fiat cuando ésta necesitaba vender activos para salir de la crisis. Generali pagó unos años después 3.900 millones por la compañía.

En 2005, Drago empezó a fijarse en Gtech, una compañía con 5.300 empleados en 50 países, desde Estados Unidos a China, cuya compra debía ser aprobada por las autoridades de Tejas.

El Estado de Tejas pidió a sus funcionarios del Departamento de Inteligencia Criminal para la Seguridad Pública un informe sobre la compañía. En dicho informe se señalaba que Gtech había hecho pagos dudosos para ganar contratos en Brasil, Polonia, Trinidad y Tobago y la República Checa, donde financió con 20 millones un estadio deportivo. Los directivos señalaron que eran gastos necesarios, según el informe.

Pese a todo, Tejas aprobó la compra de Gtech por De Agostini y luego lo hicieron las comisiones de lotería de otros estados. La compra se ha cerrado con éxito.

Tras tantos aciertos, los familiares de Drago acordaron el año pasado premiarle con parte de sus acciones y le entregaron entre todos un 2% de la compañía.

Marco Drago sigue atento a cualquier oportunidad. El mundo editorial es el único en el que no parece haber operaciones de compra o venta previstas. "Nunca será el que dé mayor rentabilidad, pero le aseguro que es el más valioso de nuestros negocios. No pienso venderlo, pero quién sabe lo que harán las generaciones futuras; quién sabe", sentencia Drago.

Richard Branson: "Es la última empresa del mundo que compraría"

De Agostini está tratando de comprar Gtech, una compañía que se ha visto envuelta en el escándalo. El 19 de julio, la Comisión de Loterías de Tejas debatió un informe basado en las averiguaciones de una amplia investigación que dio detalles de pagos dudosos hechos por Gtech para ganar contratos en Brasil, Polonia y otros países, según una transcripción de la reunión publicada por la comisión en Internet.

Al día siguiente, las acciones de Gtech se desplomaron, pero la empresa comunicó que la comisión había decidido no emprender acciones contra ella y los títulos se recuperaron.

"Creo que Gtech es la última empresa del mundo que compraría", señaló a Bloomberg el año pasado Richard Branson, el multimillonario británico dueño de Virgin. El abogado de Branson declaró en 1998 ante un alto tribunal del Reino Unido que el fundador y anterior presidente de Gtech, Guy Snowden, ofreció a Branson un soborno para disuadirle de pujar por la concesión de la lotería británica adjudicada en 1994.

Snowden, que demandó a Branson por difamación sin éxito en 1998, dimitió de la presidencia de Gtech tras perder el caso. "Nos movemos en el vértice del juego y la política", dice un portavoz de Gtech, que asegura que la compañía cuenta ahora con un código ético sobre el cual se da formación anualmente a los empleados de la empresa en todo el mundo.

Drago dice que la historia de Gtech no le asusta. Quiere hacer de las loterías la principal fuente de beneficios de De Agostini cuando culmine la compra de la empresa con sede en Rhode Island.

Drago piensa mantener en su cargo al actual primer ejecutivo, Bruce Turner, de quien dice que ha limpiado la compañía desde 2000. "Nunca habríamos comprado Gtech si creyésemos que había que cambiarla de arriba abajo", dice Drago en una entrevista en su oficina de ladrillo rojo en las afueras de Milán, donde arranca la autopista hacia Novara, la localidad del sur de los Alpes italianos donde el empresario italiano pasó su infancia.

De Agostini compró Lottomatica, la lotería italiana, gracias a las plusvalías que logró en la burbuja tecnológica. / BLOOMBERG

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