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domingo, 9 de julio de 2006
DIETARIO VOLUBLE

Viaje a Pescara

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1. Al dejar por tres días Barcelona después de algunas semanas de recogimiento exagerado, me encuentro en el aeropuerto con un conocido que me comenta que si en los años ochenta se hablaba de "miedo a salir de noche", ahora en Cataluña, con tanto asalto a fincas, pisos y chalets, se habla de "miedo a dormir en casa". Hablamos un buen rato y luego sigo mi camino, que va a Roma. Me quedo pensando que ese miedo a dormir en casa yo siempre lo he tenido. Lo veo como un pánico de origen ancestral. Desde siempre tuve pánico de despertar y que algunas personas, de pie junto a mi cama, estuvieran mirándome fijamente. Es un miedo relacionado con el acto mismo de despertarse. Si se piensa bien, produce pánico habernos dormido y habernos separado de nosotros mismos y despertar descubriendo que, aun cuando sospechamos que tal vez ya nada está más en su lugar, todo a nuestro alrededor sigue tan absurdo e inescrutable como siempre.

Despertar nos lleva cada día a recordar que somos algo esencialmente misterioso. En realidad, morimos cada día y nacemos cada día. Estamos hechos de muchas vidas breves. La persona que uno era y que se separó de uno mismo al dormirse, se une a nosotros al despertar, pero no puede ser que sea exactamente la misma que la del día anterior.

2.

El miedo a una vida breve, que es también un miedo ancestral, hace tiempo que desgraciadamente ya lo perdí. Aunque, como estamos hechos de muchas vidas breves, siempre pueden quedar algunas por explorar. En el último número de la revista Quimera han rescatado una interesante entrevista de Conversaciones con mujeres de escritores, del argentino José Tcherkaski. Allí, Dorotea Muhr, viuda de Juan Carlos Onetti, habla de su marido y, cuando le preguntan si lo añora tras haber compartido 40 años con él, dice: "Sí. Estoy viviendo otra vida breve. Como decía Juan, hay muchas vidas breves". La vida breve de Dorotea Muhr. Parece el título de una película de vanguardia alemana de los años ochenta. Y añade Dorotea: "Y he vuelto a la música, a componer, a estudiar composición; esto es mi vida de ahora, esta vida breve, y pienso que me acerca a Juan porque es una vida creativa".

3. Volando hacia Roma, pienso en Ennio Flaiano, genial autor del libro Diario de los errores, entre otros, y guionista de Fellini en películas que marcaron mi vida, como I vitelloni. Ennio Flaiano nació junto al Adriático, en Pescara, la ciudad a la que me dirigiré por carretera cuando llegue a Roma. Me acuerdo de cuando, en un viaje en avión a Los Ángeles, Flaiano anotó: "Volando se realiza la máxima aspiración ancestral, la de la Ascensión. ¿Ascensión en primera clase o turística?".

4.

En Roma, a pesar de encontrarnos tan sólo en primero de julio, la temperatura es de puro ferragosto; no se ve a nadie en las calles, y las lujosas villas se encuentran cerradísimas en el barrio donde está la famosa Vía Veneto de La dolce vita, al que soy conducido por el taxi que me esperaba en el aeropuerto. Me digo que Ennio Flaiano fue precisamente el guionista de esa película de Fellini y que no deja de ser una discreta casualidad que haya ido a parar a ese barrio. Cuando el chófer me informa de que la casa donde me esperan para llevarme al Adriático había pertenecido al fascista conde Ciano, el yerno de Mussolini, no puedo evitar pensar que en Pescara no sólo nació Ennio Flaiano (guionista también, por cierto, de La notte, de Michelangelo Antonioni, otro de los filmes que marcaron mi vida), sino que también es la ciudad natal del esteta y superlativo admirador de Venecia, vate agotador y descomunal fascista Gabriele D'Annunzio, uno de cuyos primeros libros fue Le novelle della Pescara, relatos que sacaron del olvido a su perdida ciudad de la región de los Abruzzos, ciudad y región de las que huyó bien pronto.

Ya en Pescara, que es lo más opuesto que he visto nunca a Venecia, me entero de que la ciudad tiene fama de ser la más fea de Italia, algo fácilmente comprobable cuando se llega a la plaza Rinascita, chapucero espacio del que el alcalde de la ciudad (Luciano D'Alfonso, nombre d'annunziano) debe de estar muy orgulloso, pues en la gran lona que envuelve la estatua central firma unos augustos ripios.

Allí mismo, para no seguir embruteciéndome demasiado, recurro rápidamente, a la vida breve de un aforismo de Ennio Flaiano que siempre me ha gustado, pues parece el arranque de un buen guión para una película (con guión de Flaiano naturalmente): "A través del teléfono establece una conversación con una persona que resulta muerta".

5.

El amor se nutre de pequeños puntos de contacto.

6.

De vuelta a Roma, me pregunto qué he ido a hacer a Pescara. ¿Ha sido en realidad todo el viaje un breve homenaje a Ennio Flaiano? El aeropuerto romano es un caos porque alborotan los del Taxinazo. Hay huelga de los taxistas que se enfrentan al Gobierno de Romano Prodi por la liberalización de las licencias. Y me acuerdo de cuando Flaiano decía que vivir en Roma era un modo de perder la vida. Quedan lejos ya Pescara y Gaetano Rapagnetta, que es el auténtico nombre de D'Annunzio, de quien dicen que se volvió tan extremadamente esteticista debido a la repugnancia y vergüenza que le producía ese nombre. Es domingo día 2 de julio. En Italia no se habla más que de doblegar en fútbol a la orgullosa Alemania. Leo en titulares en la prensa española que "el plato fuerte hasta la llegada a Valencia del Papa es un congreso internacional teológico sobre la familia". Al día siguiente, con el accidente del metro, se desvelará cual es el verdadero plato fuerte. Imposible no abrir una reflexión sobre la vida breve de cualquier noticia, y también de cualquier reflexión, claro.

7.

Hay muchas formas de llegar, la mejor es no partir. Espero haber escrito algo digno de Ennio Flaiano.

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