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La lluvia artificial causó inundaciones en Canarias y granizo en China

En el verano de 2005, una imponente granizada causó daños muy importantes en Pekín. Éstos fueron atribuidos al yoduro de plata diseminado en las nubes para provocar lluvia, que debía limpiar la atmósfera tomada por una tormenta de arena.

Jugar a conseguir lluvia artifical también puede tener consecuencias sorprendentes, como la nieve caída en Gran Canaria. El experimento de provocar lluvia artificial se efectuó en Las Palmas durante 1984 y 1985 y continuó de forma intermitente hasta 1992. El experimento dependía de un radar que localizaba las nubes candidatas. Detectada la mejor, un avión bimotor Islander BN-2A EC-CKL pulverizaba las nubes cuando éstas se encontrara en la zona donde convenía que lloviera. En los carnavales de 1985, la intensidad de la lluvia provocada fue de tal magnitud, que el aeropuerto de Gando estuvo bajo mínimos. Aunque se llenaron las presas de la isla, el proyecto se descartó, por el peligro de provocar inundaciones incontroladas, como ocurrió en Las Palmas.

La ciencia logró hace más de 30 años hacer caer agua del cielo artificialmente. Lo que no ha conseguido aún es medir la cantidad que va a caer -lo que implica riesgo de inundaciones- y el lugar exacto -lo que puede causar lluvias en zonas donde ésta no puede ser aprovechada o incluso suponga algún peligro-. Estos fueron los motivos que hicieron abandonar los experimentos en España y en otros países, salvo Israel y China.

La Organización Meteorológica Mundial sostiene que los conocimientos científicos en la materia siguen siendo incompletos y recomienda no recurrir a esta práctica en regiones fronterizas por los efectos no previstos y los conflictos que puedan originar. En el caso de Madrid, un territorio de extensión reducida, la lluvia artificial también puede despertar el recelo de las comunidades vecinas, porque el agua que se hará caer en Madrid no llegará a las zonas adonde se dirigían las nubes, en este caso las comunidades de Castilla-La Mancha y Castilla y León. Además, la iniciativa podría originar un conflicto de competencias con el Gobierno central, ya que la modificación del régimen de lluvias es una competencia estatal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de junio de 2006