Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Necrológica:NECROLÓGICAS

Nani D'aolio, pionera en la atención a mujeres inmigrantes

En el silencio del letargo agosteño, ha muerto Nani D'aolio. Italiana de nacimiento, argentina de acogida, española de adopción y de elección, ciudadana del mundo, comprometida con la causa de los menos favorecidos, en los últimos años ha ayudado a miles de mujeres a encontrar una vida un poco mejor.

Desde Argentina llegó a España empujada por la dictadura militar. Abogada, tuvo la intuición de lo que se avecinaba y, en 1991, cuando la inmigración era aquí un fenómeno todavía incipiente, empezó a diseñar programas de atención y a prestar ayuda a las mujeres inmigrantes.

Acertó a diagnosticar la situación antes del asesinato de la dominicana Lucrecia Pérez, drama que vivió muy de cerca. Colaboró estrechamente con el Voluntariado de Madres Dominicanas, pero ha sido desde la Federación de Mujeres Progresistas donde ha llevado a cabo su tarea en estos años.

Era divertida, generosa, culta, brillante y creía en tareas imposibles. Su inteligencia y lucidez, la perspicacia de sus análisis, el conocimiento de las causas que originan los flujos migratorios y su infatigable compromiso con el progreso de la humanidad la han llevado de un extremo a otro del planeta, siempre aportando iniciativas favorables para los más necesitados.

Cuando el cáncer le había dado ya el zarpazo terrible, y hasta el último aliento, siguió ideando nuevas formas de integración social y laboral para las mujeres inmigrantes, que otras mujeres gestionarán en el futuro.

Ya advirtió Eduardo Galeano que la historia está escrita por los blancos y los ricos, los militares y los machos, pero mujeres como Nani Daolio merecen ocupar un lugar en la historia reciente de este mundo globalizado, que ella ha contribuido a hacer un poco más acogedor y hospitalario.-

Belén de Piniés, Mery Varona, Enriqueta Chicano, Raimundo Aragón, Bernarda Jiménez y Pedro Álvarez

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de agosto de 2005