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viernes, 24 de septiembre de 2004
Entrevista:M. NIGHT SHYAMALAN | Director de 'El bosque'

"Quería hacer un cuento de hadas, una película romántica"

A Majon Nelliyattu Shyamalan, conocido como M. Night Shyamalan, o como el director de El sexto sentido, sus amigos le llaman Night (Noche). Su última película, El bosque, se estrena hoy en España. Night Shyamalan y la actriz protagonista, Bryce Dallas Howard, presentaron la película el pasado fin de semana en el Festival de San Sebastián. La hija de Ron Howard dice que el director de El protegido es "un ángel" capaz de trasladar a su equipo a un mundo inquietante para los espectadores pero feliz para sus actores.

Night vive en Filadelfia, lejos de la industria del cine, junto a su mujer y a sus hijos. Lleva una gargantilla y pulseras de cuero y plata. Se ríe sin parar y, como nunca ha viajado a España, está fascinado con el sabor añejo de los edificios que ve desde la habitación de su hotel. "No me gustan las ciudades modernas, por eso adoro vivir en Filadelfia. Me encantan los barrios viejos". El bosque es para él un cuento de hadas. La historia de una preciosa aldea, que podría haber sido la de un cuento perfecto si no fuera porque es una comunidad aterrada y aislada por las criaturas que supuestamente viven en el bosque que les rodea. Un mal invisible para una película de la que no se debe contar mucho más.

"Miedo, terror, amor... En realidad, mi cine pretende establecer una conversación con el espectador"

"Una comunidad rara que hace extraños rituales. Esa idea flotaba en mi cabeza desde hace tiempo"

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Pregunta. Nos pone usted en un aprieto. No podemos hablar a fondo de su película sin desvelarla.

Respuesta. Ya, ya lo sé, es una lástima. Pero si quiere podemos hablar de otras cosas..., de su romanticismo, de la escenografía, podemos dar vueltas y vueltas....

P. ¿Romántica?

R. Sí. Yo quería hacer una historia amor y creo que ésa es una de las sorpresas de la película, que al final es un cuento de hadas, una historia de amor.

P. Pero la historia de la comunidad, de las familias, ¿cómo surgió?

R. Era una vieja idea que me rondaba: una comunidad rara que hace extraños rituales. Esa idea flotaba en mi cabeza desde hace tiempo. Quería hacer algo con ella. Luego leí Cumbres borrascosas y me enamoré de aquella época, de esa pasión amorosa, quería acercarme a ese momento, a ese aire del pasado...

P. ¿Conocía la versión de William Wyler de Cumbres borrascosas?

R. Sí, pero me interesa más el libro. La película sólo está basada en la mitad del libro. Aunque siempre he tenido debilidad por ella porque la actriz principal [Merle Oberon] también era medio india como yo. Por un lado, estaba hacer una nueva versión de la novela de Emily Brontë y, por otro, contar la historia de un pueblo que vive aislado. Empecé a trabajar con las dos ideas en la mano. Luego me puse a pensar en esa gente, quiénes eran esas personas, de dónde venían, qué les asustaba...

P. Su película, de alguna manera, coincide con la idea de la dictadura del miedo que plantea Michael Moore en Bowling for Columbine. El miedo como un arma de control.

R. Sí, hay algo de eso en la película. No lo tuve presente al escribir la historia, pero hay algo de esa idea. El miedo es algo necesario... pero por aquí no podemos seguir.

P. Ya, ya...

R. Me gusta pensar que es una película sobre la inocencia. Y creo que ésa es una búsqueda lícita y, a lo mejor, posible. Me parece que la búsqueda de un mundo perfecto es algo irreprochable. Todos tenemos una parte de nosotros que quiere dar carpetazo a esta sociedad. Creo que es algo con lo que todos coqueteamos de alguna manera. Me identifico mucho con la idea del aislamiento. De hecho, mi vida en Filadelfia es muy aislada. En el fondo, son personas que apuestan sus vidas por un último acto de esperanza.

P. Pero es un acto de esperanza muy peligroso.

R. Bueno, pero es como los que luchan por la tierra santa, aunque eso suponga arriesgar la vida de sus hijos. Es una elección muy dura, yo jamás arriesgaría la vida de mis hijos por nada, pero es una decisión que me parece respetable porque el fin no es malvado.

P. He visto a gente salir muy entusiasmada de su película, pero a otros salir perplejos e incluso cabreados.

R. Lo sé, lo sé... Hay películas que gustan a todo el mundo, aunque gusten por diferentes motivos. Es lo que ocurrió con El sexto sentido, que gustó a adultos y a adolescentes, aunque por razones distintas. No ha sido el caso de esta película. Creo que en ese sentido es una película más compleja y mucho más arriesgada. Y más madura también. Es una película que no te permite verla desde diferentes sitios. Sólo hay un camino. Eso entusiasma o cabrea.

P. También hay una mezcla de géneros que puede ser confusa, aunque es habitual en su cine.

R. Miedo, terror, amor... En realidad, mi cine pretende establecer una conversación con el espectador que no termina con la proyección. Quiero hacer películas que inquieten, que perturben. No quiero que la gente piense en la cena después de verla. Quiero hacer un cine que no esté limitado por los géneros. Conozco a mucha gente a la que no le ha gustado nada mi película pero que reconocen que han hablado mucho sobre ella. Creo que eso es bueno, es un éxito que una película vaya más allá del consumo inmediato al que por desgracia estamos tan acostumbrados. Yo vi Lolita, de Kubrick, hace cinco años. Durante todo el año fue la película que me marcó. No pensé en otra y no hubo ninguna otra película ese año que me impresionara tanto. Lolita tiene casi cuarenta años. A eso me gustaría llegar.

P. Usted siempre ha declarado esa pasión por Kubrick. ¿Alguna más?

R. Kurosawa. Fueron maestros de lo quieto.

M. Night Shyamalan, en San Sebastián. / JESÚS URIARTE

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