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Reportaje:

Cuarteles universitarios

Allí se desfilaba; se fabricaban mosquetes, cañones y sables; se daban órdenes, y se pensaba en estrategias. Ahora, esos viejos edificios militares albergan aulas, despachos, laboratorios y bibliotecas. En Getafe, Toledo, Zamora, Barcelona, Ciudad Real, Leganés..., sobre los viejos cuarteles se han construido las nuevas universidades. Miles de metros cuadrados que, en los últimos 10 años, han cambiado de manos y de uso; aunque en los patios siguen sonando voces juveniles, las cantinas son sustituidas por bares, y los cuartos de banderas, por salones de grado.

La Universidad Carlos III, en el sur de Madrid, es el paradigma de la universidad moderna, dinámica, con titulaciones novedosas y un campus que, además de ser a la inglesa, con un patio rodeado de los edificios, está dentro de la ciudad. Frente al modelo de los años setenta, cuando surgieron las universidades autónomas de Madrid y Barcelona, fuera de las ciudades, en los años noventa surgió un modelo de universidad urbana y destinada a convertirse en algo más que un centro de docencia y de investigación. Vertebran las ciudades, son partes integrantes de núcleos urbanos ya constituidos.

Sobre los viejos cuarteles se han construido las nuevas universidades. Miles de metros cuadrados que, en 10 años, han cambiado de manos y de uso

La cesión de sitios militares para convertirlos en universidades comenzó a finales de los ochenta, simultáneamente en varios lugares de España

Pero los campus universitarios dentro de las ciudades no son habituales. Según Pablo Campos Calvo-Sotelo, arquitecto y especialista en arquitectura del saber, "de 114 campus que hay en nuestro país, sólo el 20% está insertado en los cascos de las ciudades, y eso choca con la tradición; por ejemplo, con Salamanca, Santiago, Alcalá... En mi opinión, la razón por la que la universidad se relega a la periferia urbana es porque está relegada a la periferia social. La universidad no desempeña el papel que debería porque hay otros valores por encima". Campos ha investigado durante 15 años sobre "lo importante que es el espacio físico en la educación superior". Su tesis doctoral, La universidad en España. Historia, urbanismo y arquitectura, refleja cómo son y donde están situados los campus españoles.

La cesión de sitios militares para ser reconvertidos en universidades comenzó a finales de los años ochenta, y ocurrió simultáneamente en varios lugares de España. "A principios de los noventa empezamos a negociar con Defensa", dice Agustín García Rico, vicerrector del Campus Tecnológico de Toledo, de la Universidad de Castilla-La Mancha. "Fue una negociación complicada y larga, pero terminó con todas las partes satisfechas. En resumen, cedieron las 250.000 hectáreas de la Fábrica de Armas a cambio de la recalificación de unas parcelas en las que podrán construir casas y un centro comercial. Probablemente la mitad de nuestros alumnos no podría ir a la universidad si no existiera este campus de Toledo".

En la Fábrica hay 50.000 metros cuadrados de edificios construidos que poco a poco están siendo reconvertidos en aulas, laboratorios y despachos. "Aquí tenemos el campus tecnológico, mientras que en la ciudad se han quedado las humanidades", dice García Rico. Y allí están, junto al río, los edificios ya restaurados conviviendo con otros aún en restauración. "Es un proceso lento que hacemos según vamos consiguiendo dinero, sobre todo de programas europeos; pero si pensamos que el Ayuntamiento cedió los terrenos a la universidad en 1998 y que ya tenemos aquí 3.500 alumnos, podemos decir que hemos corrido mucho más de lo que pensábamos", agrega Rico.

El dinero para esta actuación ha venido sobre todo de fondos Feder y bajo el paraguas del Programa Thermie, de la Unión Europea, además de los aportados por la Junta de Comunidades. Según Diego Peris, el arquitecto de esta universidad, "se ha querido respetar lo más posible lo que había".

La Real Fábrica de Espadas de Toledo (1780) fue creada por Carlos III en la capital castellano-manchega porque allí había artesanos capaces de hacer espadas y una vieja fábrica sobre la que edificar la nueva. A lo largo de su historia pasó por momentos de mayor y menor actividad, y en una época fue la industria más importante de Toledo, dando trabajo a 15.000 de los 70.000 habitantes de la ciudad. En 1992, cuando era propiedad del INI, languidecía sin mucho futuro, hasta que se decidió convertirla en el campus toledano de la universidad castellano- manchega.

La Universidad Carlos III, de Madrid, es otro ejemplo de cuartel reconvertido. Tanto en su campus de Leganés como en el de Getafe, los antiguos acuartelamientos acogen hoy a buena parte de los 18.000 estudiantes de la universidad. En Getafe estaba el Regimiento de Artillería de Campaña número 13, y sobre esas 10 hectáreas se ha producido una transformación colosal.

Los antiguos cuarteles militares de la calle Wellington, en Barcelona, forman ahora parte de la Universidad Pompeu i Fabra, a la que la Generalitat de Cataluña cedió en 1992, después de haberlos adquirido al Ministerio de Defensa. Además son instalaciones militares reconvertidas el Campus de San Vicente, de la Universidad de Alicante; el rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha, situado en un antiguo convento que después usó el ejército de Napoleón; el antiguo aeródromo militar donde está hoy parte de la Universidad de Alcalá de Henares; la Universidad de Cartagena, y el Campus Viriato, de la de Zamora, entre otros.

Pablo Campos, profesor de la Universidad Camilo José Cela en Madrid, considera que "hay una tendencia en la última década de hacer una política generosa en el sentido de ceder espacios militares para usos de otra naturaleza como las universidades, con la ventaja de que están en los cascos urbanos".

El problema, por supuesto, es encontrar las soluciones arquitectónicas adecuadas. Con este problema se encontraron en la Universidad Carlos III. "Debido a la estructura", dice el gerente de la Universidad Carlos III, Rafael Zorrilla, "hemos tenido que colocar la aulas en el primer piso, y los despachos, en el bajo".

Es un cambio sustancial, tanto por la posibilidad de acercar las universidades a más estudiantes como por lo que representan los lugares en los que se asientan. La antigua Fábrica de Armas de Toledo será, cuando esté terminada, un paseo a la orilla del río; pero, como señala Pablo Campos, "lo trascendente de una universidad es su capacidad de crear tejido social y urbanístico".

Los campus de Sabatini

TANTO EN LEGANÉS como en Toledo, las joyas arquitectónicas de los campus son dos edificios que llevan el sello del mismo arquitecto. Ambos fueron construidos por Francisco Sabatini, arquitecto e ingeniero militar nacido en Palermo (Italia) y que sirvió a la Corona española. Sabatini, a quien Carlos III conoció en Nápoles, fue el principal arquitecto de la Corona, y desde su llegada a nuestro país, en 1760, se dedicó, hasta su muerte, en 1797, a construir edificios tanto de ingeniería militar como civil. Entre sus obras se encuentra la remodelación del Hospital General de Madrid, el actual Gregorio Marañón (1781); la remodelación del Palacio Real de Aranjuez y el de La Granja de San Ildefonso; la Casa de la Aduana, hoy Ministerio de Hacienda, y, quizá su obra más conocida, la Puerta de Alcalá, en Madrid.

El sabatini de Leganés es un edificio construido en 1789 como cuartel de las Reales Guardias Valonas, aunque sus últimos inquilinos, antes de los estudiantes, fueron los soldados del Regimiento de Infantería Mecanizada Saboya número 6. El edificio, cuyas llaves recibió Rafael Zorrilla "en un despacho semiabandonado, de manos del coronel del regimiento", comenzó a ser rehabilitado en 1993 y se terminó en 1998. En los 25.000 metros cuadrados que ocupa se ha instalado la dirección de la Escuela Politécnica Superior de la Carlos III. Pero además, "como el cuartel estaba abandonado", dice Zorrilla, "la zona entera padecía cierta degradación, por lo que el cambio ha sido grande.En Toledo hay también un sabatini, que incluye capilla y que fue utilizado como residencia del coronel, oficinas y la fábrica de armas blancas. Se inauguró en 1783,

y contaba con un canal de agua proveniente del río Tajo que servía para obtener energía. Se trata de un gran edificio de forma rectangular con dos patios interiores. Ahora, además de los despachos, hay allí aulas y laboratorios, entre ellos uno en el que está el láser más rápido de España, capaz de hacer fotos a una velocidad de 0,000.000.000.000.001 segundos. Una máquina de semejante precisión hubiera hecho, sin duda, las delicias del ingeniero Sabatini.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de julio de 2004

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