Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'Lucía y el sexo', de Julio Medem

Un gran melodrama inicia la nueva colección de EL PAÍS de cine español

Con Lucía y el sexo, la película de Julio Medem que en soporte DVD se regalará mañana, domingo, a quienes compren un ejemplar de EL PAÍS, se inicia una nueva colección dedicada al cine español. Constará de 45 títulos, seleccionados con un amplio criterio en el que se ha tratado de conjugar la calidad de los filmes con su aceptación popular. UN PAÍS DE CINE 2 incluye obras representativas de los diversos géneros que conforman una cinematografía.

Tras el éxito obtenido con su película Los amantes del Círculo

Polar, Julio Medem regresó a la isla de Formentera, que acababa de descubrir, sin más herramienta de trabajo que una cámara digital: "Allí me encontré", explica, "con una imagen curiosa: al final de una carretera se veía un faro, y yo lo veía como un falo, como una gran erección. Pero al lado había un agujero gigantesco, y me quedé mirando. Me reí de esa asociación de ideas, entre el faro y el agujero". Ése fue el remoto origen de Lucía y el

sexo, título que surgió al fusionar otros que el autor había considerado posibles mientras escribía el guión, Lucía y un rayo de sol y La novela del sexo. La película narra en estructura de melodrama la historia de una joven camarera (Paz Vega) que quiere huir del vacío que le ha producido la desaparición de su novio (Tristán Ulloa), un escritor con el que había mantenido una intensa relación de amor durante seis años ("me muero de tanto amor", llegó a decirle). Lucía se refugia en esa isla idílica en la que descubre los secretos mejor guardados de su propia relación. Según Julio Medem, Lucía y el sexo es "una historia de amor en la que el sexo es un fabricante de fábulas y de ficción".

MÁS INFORMACIÓN

Luis Alberto Corazón comentó que "ese agujero del que Medem habla es metafórico por cuanto sugiere la posibilidad de huida, pero de una huida que lleva hacia atrás, donde escapas, te caes, y llegas al sitio del que escapabas, pero con una opción nueva, la de poder rectificar". Medem lo aclaraba así: "Todos mis conflictos, como los que puede tener un escritor de historias, me sirvieron para sentirme más libre y menos culpable. Cuando el cuento llega al final no se acaba, sino que se cae por un agujero... y el cuento reaparece en la mitad del cuento. Otra ventaja, y la más grande es que desde ese nuevo lugar se le puede cambiar el rumbo a la historia". Esta metáfora poética fue recibida con entusiasmo (35 semanas en cartel, casi millón y medio de espectadores y 11 nominaciones a los premios Goya de los que obtuvo los de mejor actriz, Paz Vega, y mejor música, Alberto Iglesias), aunque también fue recibida con reticencia por parte de la crítica, que valoró más la creatividad de Medem como realizador que como guionista. Ésa fue, entre otras, la opinión de Ángel Fernández-Santos en este periódico: "Filme misterioso, alquímico, enrevesado, ambicioso y con brotes de una rara originalidad plástica, pero en el que un más complicado que complejo entramado de sucesos trenzado con elegantes y delicadas pinceladas, de pronto se ensucia con la intromisión de algunos toscos brochazos", opinión que corroboró Francisco Marinero en El Mundo: "Lucía y el sexo hace honor a su título: lo más interesante es Lucía, o sea Paz Vega, actriz a la que Medem da el papel de su vida y ella lo agradece y responde con una interpretación desinhibida en el mejor sentido, con apariencia de auténtica naturalidad entre unos personajes y unos actores que no hacen pie en aguas turbias".

De otra opinión fueron algunas críticas francesas. En la revista Studio se dijo que "admirablemente puesta en imágenes, Lucía y el sexo es la obra de una realizador capaz de filmar la pasión como ningún otro", y aún más: "Paz Vega es una de las mil y una razones que hay para sucumbir ante el encanto hipnótico de esta película". L'Humanité, por su parte, señaló que "Medem logra un filme a veces alambicado, pero libre de todo compromiso", lo que Première apoyaba: "Es su libertad narrativa, trasmitida por Paz Vega cuya inocencia casa perfectamente con la mística sexual, lo que nos seduce tanto".

"Medem dará que hablar", se escribió en El

Mundo: "De un plumazo, el director ha descubierto las fantasías inconfesables, irracionales y descontroladas, y ha despertado sin pudor al libre instinto. El director vasco ha dejado volar el erotismo de sus personajes y lejos de simplemente evocarlo, lo muestra tal y como surge. Hacía falta que el sexo fuera explícito, la historia lo necesitaba". Esta valentía provocó ciertos conflictos en su presentación en el festival de Seattle a pesar de lograr allí los premios de mejor película y mejor guión. Los periódicos Seattle Times y Seattle Post-Intelligencer se negaron a incluir publicidad de la película por considerarla obscena. De hecho, el libre tratamiento del sexo fue lo que más sorprendió a la crítica norteamericana. "No todas las películas catalogadas como eróticas se merecen esa distinción, pero Lucía y el sexo, del director Julio Medem, sí que lo es. Es el tipo de película inteligente y reflexiva sobre el sexo y el amor que Hollywood es incapaz de hacer", escribió Bryan Reesman en Request Magazine. "Puede que Medem haya desnudado a la mayoría del reparto dejando sus cuerpos al descubierto, pero el argumento permanece tan custodiado como una virgen con cinturón de castidad. Eso es lo que hace a Lucía y el sexo tan atrayente", opinaba Marta Barber en el Miami

Herald, y en clave de humor, Harvey S. Karten comentaba en Compuserve: "En esta película de ambiente erótico descubrirás por qué a los europeos les gustan tanto las duchas de teléfono".

Uno de los elementos más destacados de Lucía y el sexo fue el haber sido filmada en sistema digital, lo que se hacía en Europa por primera vez, tras la experiencia de George Lucas en la cuarta parte de La guerra de las galaxias. Kiko de la Rica aprovechó esta técnica para una brillante fotografía con luz extrema, que fue aplaudida, entre otros, en los festivales de Toronto, Río de Janeiro, Londres, Sundance, Rotterdam, Annecy, Pañs, Norrkoping, Santo Domingo, Cien Vegas, Pesaro, Karlovy Vary... También, entre otros, obtuvo los premios Emerging Masters, el Golden Space Needle de Seattle, el de mejor película en Dijon, el Ramón Llull al mejor comunicador, el Navaja de Buñuel de Versión

Española, el de Turia, y el Premio Fundación Autor como mejor película del año. Paz Vega, por su parte, además del Goya como mejor actriz, recibió el Ondas y el Premio Sant Jordi de 2001.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de enero de 2004