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sábado, 3 de mayo de 2003
Reportaje:AIRE LIBRE

Una primavera de 26 orquídeas

Reserva dello Zingaro, jardín botánico en una península de Sicilia

En el extremo noroeste de la isla italiana, alrededor del pueblo de San Vito, se extiende un parque natural de 1.600 hectáreas que alberga 600 especies vegetales, entre las que domina la palma enana.

Cuenta Durrell, en su Carrusel

siciliano, que un compañero de viaje le propuso un trato: "Si me deja a mí Sicilia, le regalo todo el Mediterráneo". Debía saber que allí los ríos de lava han vuelto el mar más salado y el vino más áspero. En esta isla, casi siempre ocupada por forasteros, cada invasor dejó su rastro. Ahí están los templos griegos enteros; los mosaicos romanos intactos; las catedrales mestizas construidas por normandos, árabes y bizantinos. Ulises, Dédalo, Minos, Eneas y los Gigantes siguen por ahí danzando, pero la memoria de Sicilia está hecha de algarrobos, olivos y tomateras. Al fin y al cabo, las mejores historias hablan de los ciclos de la tierra.

En una esquina de este concentrado mediterráneo hay una península tapizada de palma verde y circundada de azul marino. Cada primavera brotan 26 clases de orquídeas entre milanos reales, halcones y puercoespines. Es la Reserva dello Zingaro, una garriga de palma enana declarada parque natural hace 20 años. Está en el extremo noroeste de la isla, en un promontorio abrupto cuyos vértices son Castellammare del Golfo al este, San Vito lo Capo al norte, y al oeste, Erice, agarrada al cogote del monte San Giuliano. Cualquiera de los tres pueblos es un excelente punto de partida para explorar el triángulo de montañas despeñadas sobre el mar.

Castellammare del Golfo fue puerto de Segesta y Erice en tiempos griegos, plaza fuerte para los árabes y feudo aragonés con la dominación española. El sol y la humedad hacen que todo huela con fuerza: la fruta en la calle, los hombres, el mar, el incienso en las iglesias. En el puerto, los pescadores llegan por la mañana y salen del barco con una caja en las manos repleta de peces vivos. Enseguida se forma un corro de hombres alrededor que comenta la faena en un dialecto empapado de africano. Regatean, compran... En cualquier esquina se improvisa un mercado con cestos de berenjenas y tomates entre flores de calabacín y cebollas rosas. Los carromatos hacen las veces de puestos ambulantes abarrotados de sandías.

Entrada a la reserva

Por la carretera SS-187 se llega a Scopello, entrada de la reserva, entre higueras fragantes y campos amarillos manchados de hibiscus y buganvillas. La antigua atunera, una de las muchas que salpican la costa, data de 1200. La Reserva dello Zingaro es la primera de la isla y fue literalmente arrancada por la voluntad popular a las autoridades: en 1981, una cadena humana de 6.000 personas logró detener una carretera que la iba a cruzar. El resultado es un pedazo de tierra fértil que cae a pico sobre el mar. De vez en cuando la montaña abre una hendidura que deja entrar el agua en las exiguas calas. La de la Tonnarella dell'Uzzo dista 10 minutos a pie de la salida de la reserva. Las 1.600 hectáreas de parque están atravesadas por senderos, lugares para descansar y refugios donde pernoctar. El único imperativo para dormir a la sombra de los fresnos es respetar tierra, mar y cielo.

Una vez explorada la reserva, San Vito lo Capo espera a las faldas del monte Monaco (532 metros), que se adentra en el mar por el norte. Desde el promontorio aparecen los dos golfos, el de Castellammare y el de Cofano. Abajo, una playa de arena blanca es el orgullo local. El puerto natural lo usaron romanos, árabes y españoles para huir de tempestades, y en él las barcas llegan rebosantes de mero, sargo, lubina y dorada. Los fondos submarinos están repletos de tesoros para los buceadores, y las calles, plagadas de restaurantes con platos marinos.

Por el flanco oeste, Erice abarca la Sicilia occidental de un vistazo. El promontorio rocoso sobresale como un pulgar de piedra con el castillo en alto, sobre las ruinas del templo de Venus Erycina. A la entrada, la Chiesa Matrice. Ciudad encantada, pero también terrorífica, cuando la niebla espesa la disimula en la oscuridad. Dulce como sus pasteles de almendra y temible como los dominios de Perséfone. Sicilia, como su diosa, siempre está entre la pródiga primavera y la oscura época de la siembra.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir

- Hotel Al Madarig (0039 09 24 33 53 3).

Piazza Petrolo, 7. Castellammare del Golfo. La doble con desayuno, 90.

- La Tavernetta (0039 09 24 54 11 29).

Via A. Diaz, 3. Scopello. La doble, 65.

Comer

- La Cambusa (0039 092 43 01 55). Marina di Castellammare del Golfo. Buen pescado y caponata. Unos 15.

- Monte S.

Giuliano (0039 09 23 86 95 95). Vicolo San Rocco, 7. Erice. 25.

- Gna'Sara (0039 0923 97 21 00). Via Duca degli Abruzzi, 8. San Vito lo Capo. Alrededor de 15 euros.

Tres caminos señalizados

- El primero, de seis kilómetros, de Scopello a la Tonnarella dell'Uzzo (dos horas y media), recorre la costa y es el más sencillo. El segundo, de 20 km (unas nueve horas), parte y termina en Scopello y zigzaguea entre costa y cumbres. El tercero, para los más deportistas, atraviesa toda la reserva.

Un rincón del mercado de frutas, verduras y flores de Castellammare del Golfo, uno de los pueblos sicilianos próximos a la Reserva dello Zingaro. / ELENA VILA

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