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CINE

'Startup.com' retrata el auge y explosión de la burbuja Internet

La empresa que protagoniza el documental tuvo 250 empleados antes de cerrar por falta de beneficios

Mayo de 1999. Chris y Jehane desean rodar un caso de éxito en los negocios. El compañero de piso de Jehane le allana el camino: compartirá su experiencia como empresario novel al frente de una empresa de Internet.

Enero de 2001. la compañía GovWorks ya no existe. Los realizadores tienen más de 400 horas de grabación digital y otro objetivo: contar el auge y caída de una puntocom.

Mañana se estrena en salas comerciales de Madrid y Barcelona la película Startup.com, que también se pasa en escuelas de negocios. Cuenta en una hora y media el fracaso de una compañía que pretendía facilitar los trámites entre los ayuntamientos y los ciudadanos a través de la Red.

Su caso es singular, pero representativo de toda una época: el auge y la explosión de la burbuja Internet. Entre los años 2000 y 2002 cerraron más de 500 puntocom en Estados Unidos.

Kaleil Isaza Tuzman y Tom Herman, dos amigos de la infancia, reúnen 200.000 dólares para crear su negocio. Ambos dejan empleos estables para lanzarse a la aventura.

En apenas un año y medio los socios consiguen 65 millones de dólares de los inversores. Llegan a tener 250 empleados y oficinas en cinco ciudades de Estados Unidos.

Sueño frustrado

Es el principio del clásico sueño americano... pero jamás alcanzan los beneficios. Un año después de lanzar GovWorks, los ingresos siguen por debajo de los 300.000 dólares. Los socios terminan enfrentándose por la dirección del negocio y, en plena crisis, uno despide al otro.

La semana pasada, la directora, Jehane, y uno de los empresarios que lo protagonizan, Kaleil, presentaron el filme en Madrid.

Una película sin guión ni actores con la que ella ha ganado el premio al mejor documental independiente en el último festival de cine de Sundance (Estados Unidos). "Me dedicaba a seguir a los miembros de GovWorks en su quehacer diario. Reuniones con inversores, selección de personal, viajes de punta a punta del país", cuenta Jehane.

Él la acompaña en la promoción. "Simplemente apoyo su proyecto. Si mi negocio fracasó, no tiene por qué ocurrir lo mismo con el suyo". Además, considera que si compartir su "dolorosa vivencia" puede servir a otros para no cometer los mismos errores, se siente satisfecho, dice este colombiano israelí de 32 años.

Algo que no implica volver a ver Startup.com. "Uno no es masoquista". Sólo la ha visto una vez y asegura que fue muy duro. "Ni yo ni nadie actuaba durante el rodaje. Era nuestra vida real". Ni a ponerse delante de la cámara: "yo soy un emprendedor", a pesar de que soportó con mucha naturalidad la presencia de la cámara. Tampoco verá un duro de las ganancias que genere el filme. Ni su socio Tom. "En eso también nos equivocamos", dice sonriendo. Isaza Tuzman asegura que aprendió muchas cosas de su fracaso: "cuestiones de enfoque, de manejo de recursos humanos, financieros... y a ver los errores con anticipación. Mi meta, aunque no lo parezca, no era ser millonario. Mi objetivo era que la burocracia funcionara mejor"

"No fui fiel a mi plan de negocio, a mi intuición"

Kaleil y Tom consiguieron superar sus diferencias personales. Tambien las profesionales: siguen juntos en un negocio, Recognition Group, que lanzaron sólo tres meses después de cerrar GovWorks. La compañía compra a bajo precio empresas en crisis. Algunas son, incluso, puntocoms fallidas. "Sigo creyendo que muchas compañías de Internet que fracasaron con la explosión de la burbuja, terminarán triunfando porque su tecnología es necesaria. Lo que no sé es cuándo ocurrirá. Pero cuando sea, estaré preparado".Kaleil disfruta ahora mucho más de su trabajo: "Ya no tengo la presión de los inversores, ni estoy obligado a hacer dinero rápidamente, ni tengo a 120 empleados a mi cargo...". Isaza Tuzman cuenta que, cuando vio la película, le fustró que su compañera de habitación no recogiera las largas y tensas reuniones de la junta directiva. "No sabes la presión a la que te someten. Mis clientes eran los ayuntamientos. Y la Administración no toma decisiones de la noche a la mañana. Pero eso al inversor no le importa: quiere rentabilidad y, si es rápida, mucho mejor. En eso nos equivocamos: no fui fiel a mi plan de negocio, a mi propia intuición".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de febrero de 2003

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