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jueves, 10 de mayo de 2001
Reportaje:

Duelo fratricida

Manresa y Lleida pugnan por el protagonismo social que da un equipo de baloncesto en la división de élite

MANRESA. La capital del Bages sabe qué es tener baloncesto de élite. Excepto dos temporadas, desde 1967, el club de la ciudad se ha codeado con los mejores equipos de España, y Manresa reconoce que, a menudo, se la sitúa como ciudad por la proyección que tiene su club de baloncesto. Cuando los resultados acompañaron -en la temporada 1997-1998 el club se proclamó campeón de la Liga ACB y en la 1995-1996, campeón de Copa-, además de proyección exterior, el baloncesto aportó un alto grado de autoestima a los manresanos.

'El baloncesto de élite se mueve en el mundo de los símbolos, pero no es una realidad importante, es una realidad simbólica importante', señala el editor Eudald Tomasa, que admite que tener un equipo en el máximo nivel en los deportes que tienen más arraigo -fútbol y baloncesto- es una ayuda para cualquier ciudad. Aunque, asegura, los elementos que confieren la imagen real de la urbe son 'la universidad, la dinámica cultural, el impulso comercial y su capacidad industrial'. El deporte, si hay resultados de relieve, tiene el valor de 'proyectar una imagen positiva de la ciudad'.

Manresa ha padecido esta temporada el amargo sabor de ser de segunda: no aparece, como antes, en la prensa ni, sobre todo, en la televisión.

El sector comercial y empresarial de la ciudad habla de la importancia de tener un referente deportivo de primer nivel. Es importante para Manresa como ciudad, pero también, en palabras del secretario de la Cámara de Comercio, Josep Ribera, para Manresa como líder de un proyecto territorial: 'Si quiere ser un referente, si aspira a ser capital de la Cataluña central o si quiere ser un núcleo importante de esta futura región debe apostar por tener un equipo deportivo en la élite'. El alcalde, Jordi Valls, insiste: 'Manresa es una ciudad mediana, pero asume con ambición la responsabilidad de ser punto de referencia en el territorio central, y el baloncesto y la máxima categoría son un ejemplo de esta voluntad de liderazgo en todos los ámbitos'.

No hay un análisis económico y social de la importancia que supone para la ciudad tener un equipo en una primera división, pero en el resto de categorías 'se pierde una importante difusión', en opinión de Ribera. El deporte 'no te da nada, pero el nombre de la ciudad suena, se promociona y se filtra entre el ciudadano', en palabras de Ribera que corrobora Valentí Roqueta, presidente de Caixa Manresa.-

La capital del Segrià, donde el baloncesto siempre se había movido en ámbitos regionales y nunca en primera línea, vive una auténtica pasión alrededor de un equipo modesto que, sin estridencias, se ha hecho fuerte a base de triunfos y en sólo dos temporadas ha reunido méritos suficientes para disputar a Manresa una plaza en la divivión de élite del baloncesto español. El Caprabo Lleida no quiere desaprovechar la oportunidad de inscribir su nombre en la historia del segundo deporte más popular en España tras el fútbol. De momento ya ha conseguido arrebatarle protagonismo al fútbol en una ciudad en la que la UE Lleida ha sido la entidad insignia durante sus más de 60 años de existencia. Incluso puede darse la paradoja de celebrar el ansiado ascenso a la ACB el mismo día en que el equipo de fútbol da con sus huesos en el pozo de la Segunda División B.

Directivos y aficionados admiten que la presencia del Caprabo Lleida en la élite del baloncesto español sería una sorpresa agradable, la consumación de un sueño colectivo surgido casi de la nada, ya que cuando debutó en la liga LEB, hace dos temporadas, nadie daba un duro por un equipo armado con remiendos baratos y diseñado para no quedar el último.

El sistema de competición ha supuesto una mala jugada para los dos equipos catalanes, obligados a enfrentarse entre sí en semifinales, con lo que uno de ellos quedará eliminado, algo que será muy doloroso porque entre manresanos y leridanos existen magníficas relaciones. El Caprabo Lleida accedió hace dos años a la liga LEB gracias a una plaza donada por el entonces TDK Manresa, pero en la pista no hay concesiones.

'¡Muerto el fútbol, viva el baloncesto!', exclaman los seguidores leridanos, necesitados de un sustitutivo para hacer olvidar los sinsabores de fútbol y sabedores de lo importante que es tener un equipo en la élite que agrupe los sentimientos y los anhelos colectivos y que, además, proyecte la imagen de la ciudad más allá de sus confines. Se dice que una ciudad -sobre todo si es de medianas dimensiones- aparece en el mapa si su equipo de fútbol o de baloncesto juegan en la máxima categoría. Lleida tiene actualmente 114.000 habitantes, y es evidente que si tuviera un equipo en la ACB lograría aparecer de nuevo en los mapas, como cuando el club de fútbol jugó en Primera División, además de obtener ventajas sociales y económicas.

En el supuesto de conseguir el ascenso, el Caprabo Lleida entraría en una nueva dimensión y debería afrontar el futuro con otras miras. Lo primero que tendría que hacer es resolver el problema de la pista. La ACB exige un pabellón con un aforo mínimo para 5.000 personas y otros equipamientos complementarios. Donde juega ahora, el Onze de Setembre, sólo tiene capacidad para 1.600 aficionados. El club y el Ayuntamiento ya tienen proyectada la construcción de un pabellón prefabricado.- LLUÍS VISA

Imagen reciente de la gradería del Minorisa.net Manresa. / JORDI SERAROLS / REGIÓ 7

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