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jueves, 13 de julio de 2000

Una figura del escalafón teatral

Távora repite en su nuevo montaje 'Don Juan en los ruedos' los elementos que le dieron el éxito en 'Carmen'

Cante y baile flamenco, cornetas, tambores, caballos, caballistas, toros y toreros. Salvador Távora vuelve a utilizar para su nuevo montaje Don Juan en los ruedos los mismos elementos que le dieron tan buenos resultados artístico y de público en Carmen, una ópera de cornetas y tambores.Esta fórmula consigue que La Cuadra, como si de una figura del toreo se tratara, tenga la virtud de gustar a todos los públicos y llenar las plazas. Un taurino diría que son de los que mandan en el escalafón.

Esa virtud de llenar las plazas parece indiscutible después de lo visto la noche del pasado martes. En la de La Algaba no cabía un alfiler. Que la entrada fuese gratuita ayudó al lleno, seguro. Y la satisfacción de las 5.000 personas presentes, a tenor de los aplausos, también quedó de manifiesto.

Perdido entre la gente que abarrotaba el tendido, alguno que iba de aficionado a esto del espectáculo taurino-teatral no entendía el entusiasmo de sus paisanos y pedía a la prensa que resaltara "lo cortés que es el pueblo de La Algaba, porque la historia ésta, con tanta metáfora, no hay quien la entienda". Esta historia que propone el experto director de escena sevillano funde el clásico mito del Tenonio con el propósito de recuperar la "corrida andaluza a la usanza del siglo XIX".

Así, el galán, interpretado por el veterano rejoneador Ángel Peralta, hace aparición en el escenario que forma el ruedo, seduce a una bella dama vestida de negro y se enfrenta luego en duelo con el padre, protagonizado por un caballista que, por su diferencia de edad con Peralta, hace difícil que el público entienda la trama.

Muerto y enterrado el rival del protagonista, se inicia la primera escena taurina del espectáculo. El rejoneador Álvaro Montes y el matador de toros Javier Conde hacen el paseíllo de un festejo que, incluido en la trama del montaje, respeta la ortodoxia taurina y pretende recuperar las formas de una corrida del siglo XIX, en la que se combinan toreo y rejoneo.

La mecánica de ese estilo taurino recuperado consiste en la lidia por colleras, compartida, entre rejoneador y torero. En ambos toros, los matadores intervienen sucesivamente en los dos primeros tercios, el de varas y el de banderillas. Luego, el tercio de muerte corresponde, en cada toro, a uno sólo de ellos.

Javier Conde lidió el primero de los novillos afeitados, que serán toros cuando el espectáculo íntegro se estrene el 3 de agosto en Fuengirola (Málaga). Ayudado por Montes, que sustituyó al picador con un rejón de recibo, Conde hizo una faena rápida y poco lucida por las dificultades que presentó el animal. Mató con rapidez y efectividad y, quizás por tratarse de un pueblo, recibió una oreja como premio.

Entre los muchos que aplaudieron al diestro malagueño había también algunas caras conocidas, la mayoría ligadas al mundo del toro. En el callejón, no perdieron ripio el hermano menor del protagonista, Rafael Peralta, el torero José Antonio Campuzano y el empresario de la Maestranza, Eduardo Canorea. Y en un improvisado palco, asistieron al espectáculo, muy discretos, Francisco Rivera Ordóñez y Eugenia Martínez de Irujo.

Con el novillo en el desolladero, Conde asistió desde la raya de picadores a la escena denominada La alboreá y la novia, una coreografía a ritmo de cantes flamencos que precedió a la lidia del segundo novillo.

Ese segundo animal quedó enteramente a disposición de Álvaro Montes que, con una faena un poco atropellada pero muy valiente, le cortó las dos orejas y el rabo. Conde, en oposición a la teoría de las colleras de Távora, no participó en ningún momento en la faena a ese novillo.

Con una última escena en la que el caballero, Peralta, seduce a la monja, a la doña Inés de la novela, concluyó el ensayo general del que Távora dijo ayer sentirse satisfecho. "Creo que hemos conseguido lo que buscábamos, la fusión de lo taurino con lo teatral. Por fin hemos eliminado el escenario. Ahora la escena abarca todo el ruedo", comentó.

La respuesta del público le pareció al director "explosiva, emocionante" y dijo que el mensaje del espectáculo llega claro al espectador a través de un lenguaje plástico muy directo. Los distintos donjuanes -caballero, rejoneador y torero- seducen por sus acciones, según Távora. "Al público le quedó claro. Alguien del público me dijo al final del montaje que está clarísimo que don Juan es un señor muy ligón", sentenció Távora.

El estreno, cuando todo quede corregido tras estos últimos ensayos, será en el Festival de Peralada (Gerona), aunque allí sólo se representará la trama dramática. El espectáculo taurino, con la lidia y muerte de dos toros, irá tras Fuengirola a Ronda (Málaga) y Bayona (Francia). El 8 de septiembre llegará a Sevilla. Serán buenas ocasiones para comprobar el dominio que Távora tiene del escalafón teatral.

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