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martes, 30 de mayo de 2000

La Unión Europea presenta en Bruselas un coche eléctrico que funciona con hidrógeno La producción del combustible, la autonomía y la seguridad, principales problemas

Investigadores europeos están trabajando, junto con la industria del automóvil, en vehículos que utilizan hidrógeno para generar la energía eléctrica para desplazarse. El comisario europeo de Investigación, Philippe Busquin, presentó ayer en Bruselas uno de los avances conseguidos: un Mercedes Benz Clase A, con una velocidad punta de 145 kilómetros por hora. En cinco años los usuarios podrán conducir estos coches, limpios y silenciosos, siempre que se resuelvan algunos problemas, como lo mucho que cuesta producir hidrógeno, un combustible que es, además, difícil de manejar.

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Los grandes constructores de automóviles y las universidades europeas están diseñando prototipos de coches que funcionan sin gasolina gracias a acumuladores de energía. El concepto no es nuevo, pero en los últimos años se están realizando importantes progresos en este ámbito para diseñar vehículos que sean tan confortables y seguros como los coches actuales, con una diferencia, la contaminación que producen es muy pequeña.La Unión Europea está apoyando financieramente desde hace más de una década, a través del Programa Marco de Investigación y Desarrollo, proyectos que permitan encontrar sustitutos a la gasolina aplicando las nuevas tecnologías. El comisario Busquin presentó ayer uno de estos prototipos, desarrollado por el Centro de Investigación Ispra, con DaimlerChrysler: un Mercedes Benz Clase A que necesita para funcionar hidrógeno. Se llama NECAR 4 y su apariencia es la de un coche normal. Lo que le diferencia es la mecánica. En lugar de depósito de gasolina y motor de explosión tiene una especie de batería -una pila de combustible- que utiliza el hidrógeno como combustible para generar la electricidad que hace que el coche se desplace mediante un motor eléctrico.

Dos marchas

La autonomía de este vehículo es de hasta 450 kilómetros y el coche puede alcanzar una velocidad máxima de 145 kilómetros a la hora con dos marchas automáticas. Su potencia es de 75 caballos, lo suficiente para subir sin problemas una cuesta en cualquier carretera europea. El único inconveniente para el usuario es que no puede llevar aire acondicionado, pero esto, desde el punto de vista medioambiental, se compensa porque el tubo de escape, en lugar de liberar dióxido de carbono al medio ambiente -un gas de efecto invernadero- emite vapor de agua. El automóvil tampoco hace ruido, apenas se escucha un ligero zumbido y el rozamiento con el asfalto.

El premio Nobel de Física italiano Carlo Rubbia destacó la importancia de los progresos que se están haciendo en este ámbito y el valor añadido para el ciudadano que tienen estos coches: "Es la solución justa para el problema de las emisiones que provocan los medios de transporte. El motor de explosión, que ha dominado todo un siglo, a lo mejor, viendo este tipo de invenciones, tiene los días contados y en 20 años estará considerado como un objeto de museo", declaró. Rubbia aseguró que el hidrógeno como fuente de energía revolucionará el desarrollo de la sociedad, "como lo ha hecho el ordenador personal o Internet".

El prototipo está muy evolucionado, pero todavía hay cuestiones importantes que resolver antes de su comercialización, como explicaron los técnicos. El hidrógeno es un gas que explota en contacto con el aire y que tiene que ser almacenado a presiones muy altas (300 bares) y a 250 grados centígrados bajo cero en estado líquido. Los trabajos se centran ahora en buscar un modo de almacenamiento a bordo del vehículo más liviano que el depósito de 140 litros que lleva ahora y conseguir una mayor autonomía, ya que consume cerca de un litro por kilómetro.

Difícil producción

El otro gran problema es encontrar distribuidores, ya que la producción de hidrógeno, normalmente a partir de hidrocarburos como el gas natural y el metano, es todavía un proceso que no resulta rentable en absoluto para su utilización como combustible. El precio del vehículo todavía no se conoce, pero cuando se comercialice, dentro de cinco o diez años, costará un 10% más caro que un utilitario del mismo modelo impulsado por gasolina.

La Comisión Europea espera que la industria y los Estados miembros den los pasos necesarios a favor de esta tecnología para que en 2003 o 2004 las pilas de combustible se puedan utilizar en los coches y autobuses. El comisario Busquin no ocultó su asombro por la gran comodidad del coche después de haber realizado un recorrido de 30 kilómetros.

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