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sábado, 29 de enero de 2000
Reportaje:

La mujer que venció a la muerte

Los médicos que resucitaron a una esquiadora que pasó 40 minutos bajo el hielo explican el milagro

Ocurrió en mayo pasado. Una experta esquiadora sueca de 29 años, que quedó clínicamente muerta tras permanecer 40 minutos bajo el agua helada, logró volver a la vida en lo que supone un récord en historia de la medicina. Nunca antes se había recuperado a alguien desde los confines de una hipotermia de 13,7 grados centígrados. Ahora, los médicos que atendieron tan complicado caso relatan en la revista científica The Lancet cómo fue el proceso de rehabilitación y cuáles las claves del éxito. La paciente, mientras tanto, regresada de los hielos, ya ha podido aprovechar esta temporada para seguir practicando su deporte favorito.

Varias circunstancias favorables hicieron posible el milagro. Para empezar, tanto la víctima del accidente, Anna Bagenholm, como sus dos compañeros de esquí son médicos entrenados en las técnicas de resucitación cardiopulmonar (CPR) en el hospital local de Narvik, cerca de donde ocurrió el accidente.

Los tres esquiaban fuera de pista cerca de la localidad noruega de Fagernesfjellet el 20 de mayo de 1999, cuando Anna Bagenholm cayó sobre un arroyo de agua helada. Su cuerpo rompió la capa de hielo, de unos 20 centímetros de espesor, y los esquís, a modo de horquilla, lo dejaron apresado entre dicha capa de hielo y la roca sobre la que fluía el agua, al tiempo que evitaron que el cuerpo de la esquiadora se deslizara con la corriente. Los dos amigos que la acompañaban llamaron enseguida con su móvil al servicio de urgencias del hospital de Narvik.

El primer equipo de rescate tardó en llegar una hora y 10 minutos, tiempo durante el cual los amigos de Anna Bagenholm ya habían logrado sacarla del agua (no rescatarla del todo, sin embargo) y comprobar también cómo su organismo había dejado de moverse. Como explican los médicos en la última entrega de The Lancet, para cuando este equipo empezó a horadar el hielo y a recuperar por completo el cuerpo de la mujer, ésta ya estaba clínicamente muerta.

Sin embargo, este primer equipo se dedicó inmediatamente a aplicarle las técnicas de resucitación. Una hora y 40 minutos después del accidente, un helicóptero de rescate llegó al lugar. Se intubó a Anna Bagenholm, se le inyectó oxígeno y se la transportó al hospital universitario de Tromso (Noruega), en un recorrido que duró una hora, durante la cual no se dejó un momento la atención médica.

Ya en el hospital, la paciente ni respiraba espontáneamente ni tenía circulación sanguínea. Sus pupilas estaban dilatadas y no respondían a la luz. Nunca antes se había conseguido recuperar a alguien cuyo organismo hubiera alcanzado una temperatura tan baja. Sólo se tenía documentado el caso de un niño salvado a pesar de haber quedado a 14,4 grados. Para el médico Mads Gilbert, que, junto a su equipo del hospital, relata ahora lo sucedido, fue fundamental la rapidez y el vigor con que se emprendieron las técnicas de resucitación cardiopulmonar y de recalentamiento del organismo de la accidentada, además de la diligencia de los equipos de rescate, su excelente coordinación, tanto dentro como fuera del hospital, y el adecuado equipamiento de todos los instrumentos utilizados.

En el hospital, a la esquiadora se le subió la temperatura con un by-pass cardiopulmonar y durante 35 días recibió tratamiento de ventilación. La rehabilitación duró en total 60 días de cuidados intensivos.

Y, finalmente, contra todo pronóstico, Anna Bagenholm se recuperó de forma espectacular. Ya en octubre pasado pudo ofrecer una rueda de prensa para dar a conocer al mundo el éxito de su rehabilitación. Sufría todavía ligera parálisis en las extremidades, pero ya había vuelto a trabajar y también a hacer excursiones y a esquiar. Dijo que al despertar en el hospital y verse inmovilizada, como muerta, odió a sus salvadores. Porque antes del accidente era una mujer activa y deportista. Luego añadió que había valido la pena y su experiencia como paciente le valdría para seguir ejerciendo su profesión médica.

Ahora forma parte de los anales de la medicina. Estadísticamente está demostrado que sólo entre el 10% y el 33% de la gente sobrevive tras una hipotermia inferior a los 28 grados (la temperatura habitual del cuerpo humano ronda los 37 grados).

El equipamiento y la profesionalidad fueron fundamentales para salvar a Anna, pero Mads Gilbert añade cuál fue la otra gran clave que obró el milagro: "El espíritu de no rendirse".

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