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FÚTBOL Crisis en el club del Bernabéu

El viejo Real Madrid se quedó antiguo

La nostalgia de los tiempos más gloriosos atenaza todavía al club blanco, que ha vivido esta semana una tremenda crisis con la directiva dividida y la afición perpleja

Santiago Segurola

El madridismo dice que sólo queda el sentimiento, que no hay otros valores tangibles a los que agarrarse en un club sometido a un deterioro implacable. Ni tan siquiera se sabe si el presidente es el presidente, extraño problema derivado de la reciente asonada de ocho directivos. Al margen de Lorenzo Sanz y otros cuatro dirigentes, la facción mayoritaria de la junta decidió el lunes pasado convocar elecciones como respuesta a la negativa del presidente a destituir a Juan Onieva, vicepresidente económico y figura capital en los acontecimientos que se han desarrollado en el Madrid en los últimos meses. Ahora mismo no está claro si el Madrid tiene un presidente al uso, si se encuentra inmerso en un proceso electoral, si todos los acontecimientos de los últimos días se han ido en salvas, si hay remedio para detener la dinámica de fagocitación que ha convertido al Madrid en algo puramente sentimental, una fabulosa cáscara que agrupa a millones de fieles perplejos. Se ha llegado a un punto donde todo resulta discutible menos el escudo. Y como dice Alberto Corazón, uno de los diseñadores gráficos más prestigiosos de este país y madridista incurable, hasta el escudo necesita un "aggiornamento" (actualización). Fascinado con su historia, algo muy importante del Madrid murió con Santiago Bernabéu. Desde entonces se ha desarrollado un culto al pasado que ha impedido mirar hacia el futuro, una especie de grandioso ensimismamiento que ha degenerado en parálisis. El Madrid se ha convertido en un club envejecido, afectado por una elefantiasis funcionarial, dominado por personajes refractarios a los nuevos tiempos, presos de la nostalgia y de un sentido patrimonial de la institución. Durante los últimos veinte años, ha resultado escandalosa la indiferencia frente a los desafios de una nueva época. En lugar de aprovechar la ventaja que obtuvo durante sus largos años de hegemonía en España y en Europa, el Madrid cayó enfermo de melancolía y picaresca. Las consecuencias comenzaron a advertirse hace largo tiempo. Los signos de la erosión se apreciaban en una deuda gigantesca, cifrada actualmente entre 20.000 y 35.000 millones de pesetas -porque también los números son discutibles en el Madrid-, y en las derivaciones que el deterioro institucional tenía sobre el capítulo deportivo. Ni tan siquiera el periodo de bonanza de la Quinta del Buitre sirvió para reconducir la situación del club. Ramón Mendoza encontró petróleo en una espectacular generación de futbolistas, pero no aprovechó las condiciones para liberarse del pasado y colocar el club en la modernidad. Todo lo contrario. Fueron tiempos de desidia en el aspecto organizativo y de degradación en el plano institucional. La jerarquía se concentró exclusivamente en Mendoza. A su alrededor se generó una sopa donde se entreveraban los papeles de los entrenadores, los famosísimos jugadores y el gerente, Manuel Fernández Trigo, personaje central de la obra que se ha desarrollado en las dos últimas décadas. Este cuadro animaba al caos porque eliminaba las distancias entre los diversos estamentos del club. No había diques para afrontar los problemas, que comenzaron a tener un carácter arrollador. Se compadreó con los jugadores, se ninguneó a los entrenadores, se multiplicó la deuda hasta extremos insoportables, se produjo el ascenso de los ultras al grado de pretorianos, se entró en el ruido que no ha cesado desde entonces. Naturalmente, las consecuencias fueron inmediatas: el equipo comenzó a perder protagonismo frente al Barcelona, y el club se convirtió en el escenario de oscuras reyertas que desembocaron en crisis continuas, con estruendosos procesos electorales de dos y tres meses de duración, ajenos los protagonistas al más mínimo sentido del pudor. "Todo lo que ha hecho el Madrid ha sido alejarse más y más de la realidad", dice Juan Antonio Corbalán, leyenda del baloncesto madridista, doctor en medicina, integrante de la candidatura de Santiago Gómez Pintado en las elecciones de 1995 y descreído espectador de los últimos acontecimientos. "No hay nada que remita a una cultura de club", añade. "Se han perdido los vínculos entre los jugadores y la institución, no hay estructura ni liderazgo. El Madrid es una inmesa bola de nieve que arrolla todo lo que encuentra por delante. Con un problema añadido: la soberbia. El Madrid ha ido abandonando todas sus viejas secciones porque pretendía vivir solo en la cumbre, sin competencia. Porque la competencia le resulta indeseable. Por eso abandonó el voleibol, el atletismo o el tenis. Nadie recuerda que Santana ganó Wimbledon con el escudo del Real Madrid. Nadie lo recuerda porque todo aquello desapareció por la soberbia. Es decir, por la incapacidad para admitir al otro, al adversario, a alguien que te puede ganar. Todo ello no es más que una huida hacia la irrealidad".

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La situación actual es producto de la volatilidad que ha presidido el Madrid durante los últimos años. Por eso no fueron pocos quienes saludaron la última crisis como una catarsis. Alrededor de las figuras del vicepresidente Onieva y del gerente Trigo se escenificó una obra que tuvo un carácter delirante. Onieva, un empresario vinculado a fábricas conserveras y con una flota de atuneros, se encontró con la enemiga del sector históricamente afín al presidente Lorenzo Sanz. Le tienen por ambicioso y le temen por el ascendiente que ha conseguido frente a Sanz. Durante algún tiempo, Juan Onieva figuró en la oposición a Mendoza y, por tanto, a Lorenzo Sanz. Figuraba como hombre de números en la candidatura de Santiago Gómez Pintado. Cuatro años después de aquellas elecciones, es el bastón principal del actual presidente. Está al tanto de las acusaciones de arribismo que recibe y no se extiende en desmentir su fama de ambicioso. "Prefiero que hablen los hechos. A Lorenzo [Sanz] le han traicionado quienes decían ser sus amigos. Yo estoy aquí para hacer mi trabajo", explica. En lo sustancial se trata de un hombre cuyo discurso no difiere un milímetro del que se oye en la oposición. Habla de generar un cambio estructural, de reordenar el club, de darle un contenido profesional, "de acabar con el forofeo", como Onieva dice para señalar a los directivos que pedían su destitución. "Resulta sintomático que Juan Manuel Herrero [el vicepresidente primero y su principal adversario en la crisis actual] me acuse de trabajar demasiado. Llegó a decir en la radio que un directivo no debe trabajar tanto. Lo que pretendo es ayudar a un cambio radical de la institución".

Llegó como tesorero, ascendió hasta la vicepresidencia económica y ahora es el ejecutor de un plan que ha puesto en guardia a la nutrida nómina de empleados del Real Madrid, integrada por 160 personas con una media de 50 años y una antigüedad media de 20 años en el club. No se sabe si el plan de Onieva tiene calado o no. No son pocos los que consideran que se trata de una operación de limpieza de fachada, un poco de maquillaje para ir tirando hasta la próxima crisis, como ha ocurrido tantas veces en el Madrid. Pero de forma deliberada o no, la estrategia de Onieva ha puesto al club en el punto más próximo a la revolución, a la catarsis que tanta gente esperaba. Cómo si no, se puede interpretar el hecho del descubrimiento de unos papeles (el domingo pasado) que supuestamente implicaban a la gerencia del club en asuntos irregulares. Durante muchos años se ha hablado en voz baja de la existencia de una caja B con dinero negro en el club y de prácticas poco convencionales, por decirlo en la forma eufemística de los contables. El conflicto ha tenido la virtud de enfrentar a un personaje emergente, Onieva, con el hombre mejor instalado en el club: Manuel Fernández Trigo, gerente desde hace dos décadas y últimamente convertido en director general; "un Maquiavelo de tercera", en palabras de Corbalán.

Trigo es una figura central en la esclerosis que se ha apoderado del Real Madrid. La mayoría de las personas consultadas por este periódico consideran que Trigo ha obstaculizado cualquier signo de modernidad en el club. Estas voces, recogidas en todo el espectro madridista, sostienen que el ex gerente y actual director general estaba más orientado a subsistir a toda costa que ha desempeñar el poder. Pero en el abandonismo en el que se ha movido el Madrid, Trigo ha terminado por hacerse extraordinariamente poderoso a través de sus prácticas obstruccionistas. Un obstruccionismo nada frontal. "Nunca se enfrenta a nadie. Toda su estrategia consiste un utilizar caminos laterales para conseguir sus propósitos". Su lateralidad alcanza todos los órdenes de su trabajo. Varios entrenadores, por ejemplos, se han sentido víctimas del "síndrome de la centralita". Cuando no se sentía capaz de rebatir a un entrenador por alguna decisión técnica, Trigo se dirigía al presidente de turno para comunicarle que la centralita estaba bloqueada por las llamadas de aficionados contra tal o cual decisión. El presidente recogía el mensaje y comenzaba a poner al entrenador bajo sospecha hasta que el ambiente se hacía irrespirable. Curiosamente, Onieva concede a Fernández Trigo un rango menor. El vicepresidente considera que los problemas del Madrid han nacido en las sucesivas juntas que lo han dirigido desde la muerte de Bernabéu (1978). "No se hablaría del poder omnímodo de un empleado del club si no fuera por el consentimiento de las juntas directivas", apunta Onieva. Pero no niega que estaban condenados a enfrentarse. Ejecutando una orden del vicepresidente económico, los dos gerentes actuales del club, Julio Senn y Javier Porquera (procedentes de la auditora Arthur Andersen), conminaron el pasado domingo a un empleado a abrir la caja fuerte del jefe de taquillas. En el ámbito de Onieva se tenían noticias de lo que ellos consideran "ciertas infracciones". El asunto derivó en un incidente de primera magnitud. Fernández Trigo sintió que, por primera vez, su territorio estaba amenazado. Y tenía razón para pensarlo. Su supervivencia se relacionaba de alguna manera con los documentos que buscaba Onieva. El contraataque fue instantáneo: los empleados del club cerraron filas contra Onieva, a quien observan como el ejecutor de un drástico plan de reestructuración del personal, y lo mismo hicieron ocho directivos situados en la facción "antionievista".

De los documentos obtenidos en la caja fuerte se deduce una supuesta trama irregular en los apuntes y usos de los ingresos derivados de la reventa oficial de entradas (una empresa concesionaria saca a su taquilla entradas más caras, un 20%, y con menos colas). Al parecer, según la documentación intervenida, este tipo de prácticas son habituales desde la llegada de Trigo, y existían incluso antes, según ha reconocido el propio director general. Onieva ha utilizado el término infracción para calificar los procedimientos que se establecían con ese dinero. Y en el entorno del gerente y los ocho directivos levantiscos nadie ha negado unas acusaciones que arrojan más sombras sobre otras prácticas presuntamente irregulares. El incidente de la caja fuerte y el descubrimiento de los documentos abrieron una crisis monumental: la sublevación de ocho directivos, su solicitud de dimisión de Onieva, la convocatoria de elecciones dictada por la facción insurgente, la alineación del presidente Sanz con Onieva, la designación de cuatro nuevos directivos para detener el golpe, las dudas estatutarias sobre las decisiones de unos y otros. Pero por la misma gravedad de la crisis y por la aparición de papeles supuestamente comprometedores, parecía que por fin se abría el melón. Si el gerente representaba un problema, esta vez daba la impresión de estar en jaque. Y desde ahí, en cascada, todo se dirigía hacia un nuevo escenario en el club. La madeja, sin embargo, ha vuelto a enredarse. ¿Hasta dónde alcanzan los dardos de los papeles aparecidos en la caja fuerte?, ¿sólo afectan a la figura de Trigo o también salpican a la estructura directiva? Onieva niega cualquier salida pactista con el entorno de Trigo, pero hay signos contradictorios en el horizonte, como la anunciada designación de Fernández Trigo para la futura Fundación del Real Madrid. Una semana después, lo que seprometía como la madre de todos los cambios se ha transformado en un farrogoso debate legalista y mediático que ha situado al Madrid donde estaba anteriormente, en el confuso y mezquino mundo de un club estrangulado por una incompetencia que viene de lejos, por la nostalgia paralizante que se instaló en el Madrid a la muerte de Bernabeú.

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