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Adaptación genética a la altura de quechuas y sherpas

Un alpinista que intenta subir el Everest o cualquier persona que sube a una montaña de altura considerable padece dificultades para respirar y se le aconseja que pase un tiempo de adaptación a la escasez de oxígeno en el aire. Sin embargo, los sherpas no tienen problema. Resulta que estos habitantes del Himalaya, igual que los quechuas de los Andes, tienen adaptaciones genéticas del sistema fisiológico para vivir con limitaciones crónicas en la disponibilidad de oxígeno. Así lo indica un estudio fisiológico y bioquímico sobre los mecanismos de defensa contra la hipoxia en personas realizado por Peter W. Hochachka (Universidad de la Columbia Británica, Canadá).El organismo tiene mecanismos de respuestas ante el reto medioambiental de la escasez de oxígeno y se desencadenan de forma casi inmediata, si es preciso. "Si el reto de la hipoxia es crónico, es decir, si el organismo pasa una parte significativa de su vida con limitaciones del oxígeno disponible, actúan mecanismos de aclimatación más complejos, que normalmente implican una reorganización celular", explica Hochachka. Tanto la respuesta coyuntural como la crónica están determinadas por el diseño genético del sistema fisiológico. "Si la presión medioambiental continúa en varias generaciones, los procesos de selección natural pueden fijar unas adaptaciones genéticas para controlar la hipoxia", continúa.

Como en genética humana es imposible estudiar un número suficiente de generaciones para apreciar estas adaptaciones, Hochachka y sus colegas recurrieron a comparaciones fisiológicas entre los quechuas y los sherpas, por un lado, y poblaciones que habitan en zonas a nivel del mar, por otro. Se centraron en capacidades aeróbicas y anaeróbicas, en el metabolismo muscular en ejercicio y en reposo, y en la respuesta del corazón. "Hemos encontrado adaptaciones biológicas fundamentales en los tres niveles", dice el biólogo de Canadá. La mayoría de las adaptaciones fisiológicas y metabólicas identificadas son similares en los sherpas y en los quechuas, aunque se cree que los primeros han vivido desde hace mucho más tiempo en condiciones de hipoxia crónica. "Dado que muchas de las características de adaptación detectadas en ambos pueblos indígenas se mantuvieron estables durante la exposición de los individuos del estudio a condiciones de abundancia de oxígeno a nivel del mar, consideramos que estos mecanismos de defensa frente a la hipoxia son adaptaciones bioquímicas para mejorar la supervivencia en condiciones de escasez de oxígeno crónica", dice Hochachka.

Mientras que el corazón de los quechuas y los sherpas prefiere la glucosa como fuente energética, los habitantes de tierras bajas recurren a la grasa; la glucosa permite una utilización más eficiente del oxígeno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de marzo de 1996