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La antorcha olímpica llega a España

Los dioses fueron clementes, y lo que parecía imposible sucedió. La llama olímpica llegó a las nueve en punto de la noche, con precisión germánica, a la catalana playa de Empúries (Baix Empordá), envuelta en la luz de un atardecer en el que no había una sola nube. Una impresionante procesión marítima de más de un millar de embarcaciones había acompañado al bou de pesca Gloriamar cuando éste recogió la llama de la fragata Cataluña después de una travesía de cinco días desde las costas griegas. Pese a los reajustes de programa de última hora y a las pesimistas previsiones meteorológicas, la ceremonia superó con creces la primera prueba de la organización de los JJ OO.

Las voces de la coral Cantiga que entonaron aubades, la música de tenoras, cantos populares griegos y el bronco sonar de los cuernos marinos indicaban ante las más de 20.000 personas congregadas en las ruinas de Empúries que el fuego estaba a punto de tocar tierra en el puerto grecorromano. Marian Aguilera, una adolescente de 15 años, fue la elegida para transportar la llama en su primer tránsito terrestre al tiempo que los Coros de Clavé entonaban La Santa Espina.La llama corrió luego hasta la ciudad romana: delante del mosaico de los delfines, una de las piezas sagradas del recinto arqueológico, Victoria de los Ángeles interpretó al mejor Mompou: Damunt de tu només les flors. En el ágora griega, mientras, la compañía de Cesc Gelabert escenificaba El sueño de Artemisa.

Irene Papas declamó su Grecia primera chispa de Europa, un texto duramente trabajado y memorizado en los últimos días que simboliza la tradición helénica -"de dónde venimos"- cívica y deportiva, que concluyó con una emotiva frase en catalán que arrancó los primeros aplausos del público: "Eso es lo que nos recuerda esta llama, eso es lo que nos enseñan los Juegos". A su lado, Núria Espert le dio la réplica. "A dónde llegáis". Empúries puerto, pacto, puerta y puente, las cuatro características morales que, a juicio del guionista Xavier Rubert de Ventós, definen el paisaje que cobijó ayer la llama.

La ceremonia

Con el fuego quieto en el ágora, empezó luego el oficio, el poema dramático dividido en cuatro partes. La ceremonia acabó con el emotivo mensaje de Aung San Suu Kyi, disidente birmana y premio Nobel de la Paz 1991, traído desde Rangún y leído en inglés por su hijo. Tanto este texto como los breves discursos de los políticos que intervinieron en el acto (el alcalde de la Escala; el presidente de la Diputación de Barcelona; el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall; el ministro Javier Solana y el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol) insistieron en el lema de la concordia entre los pueblos y la paz. Maragall y Solana alternaron el catalán con el castellano. El resto, lo hizo en catalán.El ministro de Eduación Javier Solana, que inició su parlamento con unas palabras de salutación en catalán, resaltó "la ilusión y el esfuerzo solidario que Barcelona ha sabido generar en toda España alrededor de los Juegos".

Un solo de saxo con El cant dels ocells cerró el acto. El viernes, Pujol y Maragall hicieron público el acuerdo sobre la presencia de la lengua y los símbolos catalanes en los Juegos. Esto desmovilizó a un sector que había anunciado actos reivindicativos. Un independentista burló la intensa vigilancia policial y, escondido debajo del escenario, consiguió desplegar una pancarta con Freedom for Catalonia en plena ceremonia. Horas antes, el despliegue de fuerzas del orden tampoco pudo impedir una enfrentamiento entre independentistas y jóvenes de la ultraderecha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de junio de 1992

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