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Brown vence en Conneticut y resucitan las dudas sobre el futuro de Clinton

La sorprendente victoria de Jerry Brown el pasado martes en las primarias de Connecticut anima la campaña electoral norteamericana y resucita las dudas sobre la elegilibilidad del que hasta ahora se daba por seguro candidato demócrata a la presidencia, Bill Clinton. En el lado republicano no hay novedades: George Bush (66%) se consolida, pero Patrick Buchanan (22%) no desaparece.

La victoria de Brown es un voto de castigo contra Clinton por los escándalos en los que el gobernador de Arkansas se ve envuelto. Clinton, que obtuvo un 36% de los votos, quedó a un punto de diferencia del ex gobernador de California, un hombre cuya campaña está basada en la condena moral del sistema político norteamericano, y que representa las posiciones más radicales dentro del Partido Demócrata.Otra prueba del voto de castigo contra Clinton es el hecho de que Paul Tsongas, que está ya fuera de la carrera electoral, alcanzó en Connecticut el 20% de los votos, lo que demuestra que hubiera ganado fácilmente de haber continuado en liza.

Los analistas interpretan estos resultados como un claro mensaje de que el electorado demócrata no está del todo satisfecho con Clinton, y quiere mantener abierta la puerta a otras alternativas. Por el momento, todo queda reducido a una simple llamada de atención, pero Clinton se ve ahora obligado a ganar ampliamente el próximo 7 de abril en las importantes primarias de Nueva York para demostrar que tiene energía suficiente para ostentar la candidatura de su partido. Si Clinton fuese de nuevo derrotado en Nueva York, todo sería de nuevo posible, desde la entrada de un nuevo candidato hasta el regreso de Tsongas.

Muchas dudas

Una encuesta de la cadena de televisión ABC entre el electorado de Connecticut refleja que el 46% tiene dudas sobre la honestidad y la integridad de Clinton, que en los últimos días tuvo que pedir perdón por haber jugado una partida de golf en un club exclusivo para blancos.

Los dirigentes del Partido Demócrata intentan convencer a la opinión pública de que no ha ocurrido nada dramático. "Nunca he conocido a un candidato que gane en todos los Estados", dijo el presidente del partido, Ronald Brown. El jefe demócrata en Nueva York, John Marino, dijo que hay que tener cuidado para no trasladar mecánicamente el fenómeno de Connecticut al vecino Estado de la estatua de la Libertad, pero advirtió que "las elecciones del 7 de abril van a ser tan interesantes como lo han sido. en los dos últimos periodos".

Brown es un candidato sin la más mínima posibilidad de ser nominado por su partido, pero sí es un termómetro de la popularidad de Clinton. Hoy por hoy, la posibilidad de una victoria suya en Nueva York no es descartable. Brown ha alcanzado cierta notoriedad con una campaña un tanto original y muy barata -lejos de los grandes medios de comunicación y -sin publicidad masiva- que ha calado entre sectores marginados y, en general, entre todos los electores cansados de los discursos de los políticos tradicionales.

Tras su victoria en Connecticut, Brown dijo que no había sido sólo la derrota de Clinton sino también la del establishment y los grandes grupos económicos que le apoyan. Este mensaje puede tener resonancia en un Estado como Nueva York, donde uno de los factores interesantes será saber por quién se inclina el gobernador Mario Cuomo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de marzo de 1992

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