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LA SENTENCIA DE LA COLZA

Lo que el fallo omite

La sentencia no recoge, contra lo que pedían una decena de las acusaciones particulares, una declaración del tribunal que establezca la responsabilidad civil subsidiaria del Estado por el envenenamiento masivo. Es decir, que la Administración, debido a la negligencia de alguno de sus funcionarios, tenga que hacerse cargo, en caso de insolvencia de los acusados, de las indemnizaciones a los afectados y a los herederos de los fallecidos.Para los afectados, esta cuestión es muy importante, ya que los bienes embargados a los procesados son muy escasos. Hay que tener en cuenta que a los siete acusados principales sólo se les consiguió embargar en total bienes valorados en 32 millones de pesetas y el juez Alfonso Barcala les fijó una fianza en el auto de procesamiento de 6.000 millones.

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Esta declaración pedida por algunas acusaciones no figura en la resolución sencillamente porque no puede figurar, ya que en este sumario, en el que se juzgó el papel de los aceiteros en la intoxicación, no ha sido condenado, y ni siquiera procesado por su intervención en los hechos, ningún funcionario público.

La declaración según la cual el Estado tendría que hacer frente a las indemnizaciones derivadas del caso, sólo podría producirse en el otro proceso que sigue abierto en la Audiencia Nacional para depurar las posibles responsabilidades por negligencia de los ex altos cargos de la Administración de UCD. Sin embargo, este caso permanece en un compás deespera.

Tres jueces, Alfonso Barcala, Ismael Moreno Chamarro y Carlos Bueren, han tenido a su cargo el asunto y todos ellos han denegado, alguno en varias ocasiones,los procesamientos de una docena de autoridades de distintos

ministerios que habían sido solicitados por varios abogados de la acusación particular.

Varios ministros de la época, directores generales, secretarios de Estado y funcionarios diversos entre los que se incluyen los de Aduanas han declarado en

esta causa.

Todos ellos se exculpan repartiendo las responsabilidades entre los demás y señalando que ellos hicieron lo mejor de lo que se podía hacer en aquel momen

to de caos y pánico. Sin embargo, el final de este asunto está muy lejana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de mayo de 1989