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domingo, 4 de septiembre de 1988
Editorial:

Una ley proteccionista

LA NUEVA ley comercial norteamericana, firmada hace unos días por el presidente Reagan, contiene una serie de disposiciones que, de aplicarse estrictamente, podrían obstaculizar la entrada de mercancías en Estados Unidos y poner en entredicho el principio básico de la libertad comercial. Por ello, no debe extrañar que la ley haya sido atacada por los principales países que comercian con Estados Unidos. El propio Reagan ha pasado como de puntillas sobre un texto que contradice el espíritu liberal de su presidencia y ha declarado que, en líneas generales, la nueva ley pone en manos de la Administración norteamericana una serie de instrumentos que permitirán defender mejor los intereses de la nación. Conviene recordar que hace unos meses el propio presidente rechazó la ley que ahora ha firmado porque, entre sus numerosas disposiciones, contenía una que obligaba a las empresas a dar un preaviso de 60 días en casos de despidos masivos. Ha sido la retirada de esta disposición y algunos otros cambios menores lo que han motivado el levantamiento del veto presidencial.La nueva ley autoriza a la Administración norteamericana a investigar a los países sospechosos de prácticas comerciales discriminatorias o incorrectas, con objeto de aplicar medidas de retorsión. No está claro lo que pueda ser una práctica incorrecta: registrar un fuerte excedente en los intercambios comerciales con Estados Unidos puede constituir una presunción de culpabilidad y motivar una investigación. También una depreciación excesiva de la moneda local: para prevenir mayores males, las autoridades de Hong Kong han declarado que la vinculación de su moneda al dólar no se debe al deseo de obtener ventajas comerciales exorbitantes, sino más bien a la conveniencia de evitar fluctuaciones excesivas de esa moneda.

Quienes más han protestado hasta ahora han sido las autoridades japonesas, que han amenazado con llevar el asunto a instancias internacionales, aunque es dudoso que lleven a cabo su amenaza: tradicionalmente Japón ha sido un país que ha cerrado sus fronteras a la importación de productos extranjeros y sólo ha comenzado a entreabrirlas como consecuencia del clamor internacional contra el excedente de su balanza comercial.

En cuanto a Europa, la nueva ley no hace sino envenenar un poco más una discusión que tiende a hacerse más agria con el paso del tiempo. Estados Unidos ha criticado duramente la política agrícola de la Comunidad Europea, especialmente las subvenciones a la exportación de sus productos excedentarios. En este punto los norteamericanos tienen razón, pero la pierden al amenazar con subvencionar ellos también las exportaciones de algunos productos excedentarios. Otro tema de discusión, que afecta directamente a España, es el del Airbus: Estados Unidos acusa al consorcio europeo que fabrica este avión de recibir unas ayudas estatales para su producción que rebajan artificialmente su precio de venta. A ello responden los europeos que los fabricantes norteamericanos de aviones civiles se benefician de ayudas indirectas del Pentágono. En cualquier caso, la nueva ley prevé la posibilidad de imponer tasas compensatorias a los productos de los países que fabrican el Airbus y, por consiguiente, a España.

De momento tan sólo se trata de unas posibilidades que la actual Administración no tiene materialmente tiempo de utilizar, aunque deja un arsenal represivo considerable a la siguiente, republicana o demócrata. Los más optimistas estiman que la ley habría podido ser peor y que en realidad sus efectos serán beneficiosos para el comercio internacional, al conjurar las presiones proteccionistas en el interior de Estados Unidos. Por su parte, los pesimistas estiman que se ha dado un nuevo y decisivo paso por el peligroso camino del proteccionismo. Es pronto aún para dar la razón a unos o a otros. Lo más probable es que a corto plazo la Administración norteamericana utilice el cheque en blanco que acaba de recibir para negociar más duramente en la próxima ronda de negociaciones comerciales, que no tardará en abrirse. Más allá de este horizonte, el peligro reside en que los problemas del comercio mundial tiendan a negociarse bilateralmente, bajo la constante amenaza de medidas de retorsión, en vez de solucionarse mediante negociaciones multilaterales, como ha venido haciéndose hasta ahora; ello equivaldría a desandar el camino recorrido a lo largo de los últimos decenios.

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