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viernes, 23 de agosto de 1985
Crítica:El cine en la pequeña pantalla

El caso Banchero

Tres películas están programadas para esta tarde en televisión. La primera, dirigida por José Antonio de la Loma, es recuerdo de una época en la que el cine de espionaje no se sintió disminuido ni ante los presupuestos reducidos. Vivan los novios, de Luis G. Berlanga, es un retrato sarcástico de la España de los mismos años, fines de los sesenta. Muerte de un magnate, del peruano F. J. Lombardi, reconstruye el caso de un célebre crimen.

FIETTA JARQUE El 1 de enero de 1972 no perteneció en Perú al año nuevo ni al año ido. Las primeras páginas de los periódicos, preparadas para recibir solamente las acostumbradas fotos de la celebración de las fiestas y algún accidente causado por la embriaguez de cualquier automovilista, fueron desplazados por una noticia que conmocionó al país: Banchero, asesinado.

Luis Banchero Rossi era en aquel momento uno de los hombres más poderosos del país. Una especie de self made man, comenzó como vendedor ambulante de aceite para las embarcaciones pesqueras de la costa peruana. El potencial pesquero de Perú en esos años se consideraba entre los más importantes del mundo, y este empresario fue adquiriendo poco a poco una flota de embarcaciones, luego varias más, fábricas de derivados, hasta convertirse en un verdadero magnate de la pesca. En 1968, tras el golpe de Estado del general Velasco Alvarado, se nacionalizaron las empresas, pero Banchero permaneció en el país haciéndose cargo de sus distintos negocios. Su fortuna le permitía vivir en el hotel más caro de Lima por entonces, el hotel Crillón. Ahí tenía él dos pisos, en los que vivía alternativamente con una mansión en las afueras de la ciudad. Fue en esta enorme casa de Los Cóndores donde vivió las últimas y horrorosas horas de su vida.

La muerte de un magnate se emite esta noche a las 0

30 horas por TVE-1.

Banchero llegó a primeras horas de la mañana a su casa acompañado de su secretaria, Eugenia Sessarego, una mujer atractiva e inteligente con la que el magnate sostenía una estrecha relación. El tercer personaje aparece ante ellos poco después. Juan Vilca, jardinero de la casa, se ha decidido. Durante el largo juicio que siguió a este caso, el jardinero alegó dos motivos principales para asesinar a Banchero: su fealdad era algo que ya no podía resistir, quería dinero para hacerse la cirugía plástica y cambiar su rostro; la segunda razón era su pasión por Eugenia Sessarego, a quien contemplaba ansioso desde hacía mucho tiempo.

La muerte de un magnate es la reconstrucción cinematográfica de este caso, que ocupó las primeras páginas de los periódicos peruanos durante el largo proceso del juicio. No se descartaron las razones políticas que podían haber entrado en juego en este asesinato, y Eugenia Sessarego fue acusada de complicidad en el crimen. En la película se procuró el parecido físico de los actores con los protagonistas del caso, y los nombres recuerdan también vagamente a los de ellos. Lo que para el público internacional, pueda resultar casi una trama convencional en una película de este género, quiso ser en su momento la oportuna versión de uno de aquellos misteriosos infiernos ajenos cuyos capítulos por entregas son vividos por un país entero.

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