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domingo, 24 de junio de 1984
Reportaje:GALICIA

El pecado de desnudarse

Los naturistas gallegos reciben más playas, pero también mas piedras

"Muchas gracias por valiente decisión sobre playa nudista para que Galicia deje de formar parte del club gran reserva de Turquía, Albania, Irán, y se incorpore, si no a la posmodemidad, al menos a la modernidad. Menos da una piedra. Que cunda". Así saludaba, en telegrama, la Coordinadora Nudista el acuerdo del Ayuntamiento de Oleiros, en La Coruña, legalizando la primera playa en Galicia donde no se obliga a vestimenta de baño. La decisión municipal trascendía a la opinión pública el pasado domingo. Ese día, como impulsados por la fuerza del solsticio, numerosos bañistas salieron en plenitud carnal a las playas del país siguiendo la consigna de "desnudaos del hombre viejo". Pero no todo fueron flores. Tras un grave altercado en Sanxenxo, tres nudistas acabaron la jornada a la sombra en el cuartel de la Guardia Civil. Y es que la eclosión del nudismo en Galicia encuentra serias resistencias, según los naturistas, "en sectores con un sentido patrimonial de la moralidad y de los arenales".

María del Carmen, de 18 años vecina de Vigo, estuvo en medio de la gresca el 'otro día en Bascuas, una bella cala situada enfrente de la isla de Ons y escenario de un violento enfrentamiento entre partidarios y opositores al nudismo,' que arrojó un saldo de más de una decena de heridos leves y tres nudistas detenidos, que más tarde fueron conducidos ante el juez acusados de exhibicionismo. María del Carmen estaba en bañador, como hoy mismo, pero en la disputa optó por el campo liberal. Conserva en el pecho la señal de un golpe, pero pudo devolverlo con un buen sopapo. "Yo uso bañador, pero a mí no me molesta que la gente esté en la playa como quiera".La bruma ha disuadido hoy en Bascuas a muchos asiduos. También la tensión que late, como la pleamar, después de lo sucedido el último domingo. Hay casi más mirones que bañistas. En las laderas toman posiciones matrimonios, ya entrados en años y arropados hasta el cuello, que otean el horizonte en busca de traseros al aire. Algunos paisanos se hacen los despistados tras las matas. Por la pista que serpentea a lo largo de la costa llegan un sargento y dos números de la Guardia Civil en motos todo terreno y se les oye dar entre sí el "sin novedad"-

En el cuello del polémico arenal únicamente hay dos chalés de reciente construcción y un quiosco de bebidas. En Bascuas "se pescan peces de todos los tamaños", un eufemismo utilizado para indicar que es lugar de desembarco de contrabando.

La fuerza pública sólo actúa s se produce alguna denuncia, como ocurrió el domingo. Según la versión de Camilo, 20 años, y Óscar de 22, ambos vecinos del cercano Sanxenxo y frecuentes usuarios de Bascuas desde hace años, no se trató exactamente de una pelea entre nudistas y escandalizados padres de familia. "Aquí nunca hubo follones de este tipo hasta que se construyó los chalés gente bien situada de Pontevedra; el otro día tenían invitados, y uno de ellos empezó a sacar fotos a los nudistas, chicos y chicas, que jugaban con un balón, y uno de ellos le llamó la atención; fue entonces desde los chalés, cuando empezaron a llamarles cerdos y cosas parecidas".

Este día los chalés están cerrados a cal y canto. El dueño del quiosco tiene un día ocioso que aprovecha para blanquear las paredes. Es de Ayos, aldea próxima a la playa, estuvo hace poco emigrado en Suiza y proclama sin titubeos su apoyo a los nudistas. "Hay algunos señores que quieren la playa para ellos solos, pero para arreglar la pista o traer el teléfono no ponen tanto empeño". Berta, la mujer, asiente. "A mí los nudistas no me molestan, hasta ahora se comportaron bien y aquí pagan lo que se llevan".

"Cruzada de 'ayatollahs'"

La pareja que regenta el establecimiento está preocupada por el futuro. "La gente no vendrá si se encuentra intranquila", dice el hombre señalando el anfiteatro playero con los muchos mirones y los escasos nudistas que procuran clamufiarse en los peñascos. Teme que sus convencinos de Ayos, hasta ahora ajenos a la polémica, se vean empujados a pronunciarse contra los nudístas, en un nuevo episodio de lo que la Coordinadora, especie de brazo teórico del nudismo autóctono, denomina "cruzada de los ayatollahs gallegos".

Aunque espectacular, el de Bascuas fue el único incidente en un pórtico veraniego radiante que favoreció la eclosión naturista, animada también por la noticia de que el Ayuntamiento de Oleiros legalizaba por vez primera una playa para nudistas en Galicia, la de Bastiagueiro Pequeno, en la bahía coruñesa. La iniciativa de la mayoría de izquierdas contó con el insólito apoyo de un edil de Alianza Popular, que ese mismo día rompía con su grupo. El concejal discrepante, Manuel Barreiro, un campechano pescador de Mera, justificó su voto diciendo que cuando voy al mar veo a los nudistas desperdigados por las rocas; mejor que estén juntos y en una playa".

"Con este acuerdo, intentamos contribuir a la liberalización de las costumbres gallegas", dice el alcalde de Oleiros, el socialista José María del Monte. La cala escogida, de cantos rodados, apenas era utilizada por los bañistas y está muy apartada, demasiado, según los nudistas, que ya hablan de una legalización vergonzante". En la zona, como en Bascuas, hay dos chalés, uno de ellos con el cierre invadiendo irregularmente el arenal, y los propietarios están moviendo todos los resortes para que la iniciativa se paralice. Los portavoces del Grupo Popular le. preguntaron al alcalde por qué no se legalizaba también una playa para gays, otra para negros, etcétera". Aunque no llegaron a afirmar, como hizo alguno de sus correligionarios de Foz, en la costa de Lugo, que la legalización de una playa nudista "aumentaría las enfermedades venéreas y acudirían a la misma las prostitutas".

Esta última intervención motivó una fulgurante respuesta de la Coordinadora Nudista, en la que se aconseja a las "mentes subdesarrolladamente calenturientas" que acudan con más frecuencia "a la consulta de tan doctas profesionales para de esta forma evitar con El 'pecado' de desnudarse

fundir los culitos al aire en una playa con las témporas". Ante el peligro de legalizaciones en cadena, los sectores conservadores gallegos estrechan filas para impedir "un desmadre veraniego". "Para nosotros no es un asunto frívolo, sino la lucha para conquistar un derecho tan elemental como bañarse cada uno a su aire", dice Sanz de Siria, astrónomo y cámara de televisión, que consiguió en 1983, prácticamente en solitario, más de 5.000 firmas pidiendo la legalización de playas nudistas, contando entre ellas las de seis sacerdotes y ocho militares, aparte de ilustres personalidades, como el delegado general del Gobierno en Galicia, García Sabell, y el escritor Torrente Ballester.

Otro miembro de la Coordinadora Nudista, Miguel Cancio, sociólogo y profesor de la universidad compostelana, opina que la persecución del nudismo en el país "es coherente con una cierta realidad gallega, donde siguen vigentes las formas arcaicas de dominación, del palo y tentetieso y de una moral que tiene como pecado más atroz la carne, en la que incide la Iglesia integrista". "Aquí hay mucha gente", añade Cancio, "que entiende que a este valle de lágrimas se viene a sufrir y sobre todo a hacer sufrir".

El recuerdo de don Sabino

Miguel Cancio mantiene a distancia una incruenta disputa alrededor de los pecados de la carne con don Sabino, el cura párroco de Baroña, que abanderó la primera batalla contra el nudismo. Precisamente al pie de El Castro de Baroña, un lugar lleno de evocaciones mitológicas, se constituyó la Coordinadora Nudista Ecológico-Radical, formada para impedir la construcción de un chalé en forma de bunker que violentaba la virginidad del arenal y alteraba el entorno castrexo, rico en yacimientos arqueológicos. A la denuncia antiespeculativa se unieron las proclamas nudistas, con un lenguaje vitalista y libertario, constituyéndose Baroña en una referencia paradisíaca.

Pero, tras un titubeo inicial, el socialista Antonio González, alcalde de Porto do Son, municipio al que pertenece El Castro, acabó alineándose en el frente antinudista, junto con don Sabino, con quien no se habla por motivos políticos, y los paisanos del lugar, calificando a los nudistas de Baroña como "pequeño grupo de exhibicionistas, mezclado con algún gamberro y algún que otro drogadicto". Cancio tiene duras palabras para González Groveiro, "que actuó por puro electoralismo". "El cambio", dice, "tiene que incidir especialmente en la vida cotidiana".

La experiencia de Baroña terminó con el procesamiento de 14 nudistas, que fueron conducidos al cuartel de la Guardia Civil de Porto do Son y luego al de Santiago de Compostela, a 50 kilómetros, "donde nos tomaron fotografías y nos midieron los pies, aun no sabemos para qué". Otros seis nudistas detenidos en la playa de Barra, en Cangas de Morrazo, fueron juzgados por la Audiencia Provincial de Pontevedra, que los condenó a un mes y un día dearresto, multa de 20.000 pesetas y seis años y un día de inhabilitación profesional.

El Tribunal Supremo denegaría el recurso de una joven pontevedresa en una histórica sentencia en la que se califica el nudismo como "ese retorno a tiempos edénicos anteriores al pecado original". Conocido el fallo, los pioneros gallegos del nudismo reiteraban sus peticiones legislativas en un telegrama al Gobierno que comenzaba diciendo: "La Coordinadora Nudista está por el retorno a tiempos edénicos anteriores y posteriores al pecado original".

Pese a todas las dificultades, el nudismo parece ir ganando vertiginosamente adeptos en Galicia, sobre todo en las generaciones jóvenes. Don Sabino venció al pecado en su demarcación de Baroña, pero las costas gallegas son demasiado extensas e intrincadas. En algún punto. de esos 693 kilómetros de litoral, ese pequeño diablo llamado Miguel Cancio escribe el último bando convocando al despelote.

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