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La guerra de Troya no tuvo lugar donde dijo Homero

Un grupo de geólogos de nacionalidad norteamericana y turca descubrieron, en recientes excavaciones, evidencias que revelan el tipo de tierra que rodeaba a la antigua Troya, poniendo en entredicho la ubicación de la guerra de Troya tal y como fue descrita por Homero. El descubrimiento sugiere que los griegos no marcharon hacia el sur, sino que, de acuerdo con esta nueva interpretación, podían haber desembarcado en Besika, ensenada del océano Egeo. Sigue señalando que, una vez en tierra, tomaran rumbo al Este atacando a través de la planicie al sureste de Troya.

Troya, en aquel entonces, siglo XII a. C. estaba rodeada de aguas y pantanos. De esta forma, añaden los geólogos, la única manera de ataque consistía en llevarlo a cabo por tierra. Otras investigaciones han mostrado que la Troya de Héctor y Paris era un lugar demasiado pantanoso como para ser un punto de ataque apropiado. Besika, sin embargo, era una bahía más adecuada y profunda en aguas, refugio idóneo para la flota de Agamenón.

Una nueva ciencia

La reconstrucción de la topografía que rodeó a la antigua Troya es el ejemplo más ilustrativo de lo que la paleografía, ciencia relativamente joven que combina la geología y la geografía, ilustra con respecto al pasado, sobre todo en su aplicación a la arqueología.Los paleógrafos, a través de una comprensión de los procesos geológicos a lo largo del tiempo están capacitados para diseñar mapas de antiguas demarcaciones, tanto terrestres como litorales, actividad de gran importancia para la interpretación de los acontecimientos históricos y de las antiguas civilizaciones.

Incluso se han logrado reconstruir cartas geográficas, basadas en los cambios sufridos por el lecho marítimo a través del tiempo.

Con estos elementos se puede mostrar la configuración de océanos y continentes hace quinientos años.

El estudio paleográfico de la guerra de Troya comenzó en 1978 y se publicó posteriormente en la revista Science, de Estados Unidos. John Kraft, decano del departamento de Geología de la Universidad de Deleware, dirigió la investigación.

Hipótesis rebatible

«Siempre pensé que existía algún error en nuestra concepción de Troya», manifestó Kraft, que se califica como arqueólogo de vocación y geólogo de profesión.«Desde el momento en que observé el lugar donde se cree estaba ubicada Troya, y mirando sus costas, supe que ésta había estado circundada por agua. Existen despeñaderos y farallones que son viva prueba de la erosión sufrida por el agua. Era cuestión de investigar para poder confirmar mi hipótesis».

A finales del siglo XIX, el industrial alemán Heinrich Schliemann, arqueólogo de conocido prestigio, excavó lo que se considera el lugar en el que se hallaba la antigua Troya, al noroeste de Turquía, aproximadamente a cinco kilómetros de los Dardanelos. La costa egea se encuentra en Besika a ocho kilómetros de la ubicación.

Schliemann asumió que el terreno había sufrido poco cambio a lo largo de tres milenios y concluyó que los griegos desembarcaron por la bahía de Dardanelos. El y otros arqueólogos estaban influenciados directamente por las conclusiones del geógrafo romano Strabo (primer siglo a.C.), que en sus obras subrayó que el lugar por donde desembarcó la flota griega se extendía a dos millas de la línea costera.

Así, Kraft observó que, pese a que el arqueólogo alemán insistía en la bahía de Dardanelos como punto de desembarco, utilizó la bahía de Besika para señalar el lugar por donde llegaron los alimentos.

Por otra parte, en 1920, el explorador alemán Oskar Mey lanzó la hipótesis de que, probablemente, había sido Besika el enclave de desembarco de la armada griega.

De este modo, Kraft, sabiendo lo efímero del paisaje y configuración costera, llevó a cabo una serie de perforaciones y excavaciones en los alrededores de la ciudad descrita por Homero. Con las pruebas extraídas fueron reveladas las condiciones geológicas del terreno.

El geógrafo norteamericano descubrió que durante la Era Glacial el valle fue inundado y que, de igual forma, la bahía de Dardanelos, hace 7.000 años, se extendía nueve kilómetros más que en la actualidad. Siglos después, la bahía se redujo por la acción de progresivos depósitos de arena, formándose así un delta fluvial.

En definitiva, hacia 3500, fecha de la guerra de Troya, ya la configuración había cambiado, encontrándose la bahía reducia. Aguas pantanosas fueron la prueba de que éstas ya alcanzaban el arrecife de la ciudad.

El profesor Kraft decía en Science que cualquier consideración histórica de los acontecimientos acaecidos hace 5.000 años en las proximidades de Troya han de tener en cuenta los cambios geográficos. En la necesidad de afirmar la ubicación de Troya con fundamentos históricos, es inevitable precisar que el ele principal de la batalla tuvo lugar al sur de Troya y al este de Besika.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de agosto de 1980

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